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Coronavirus | Diario de una madre en cuarentena, día 26: Nacer en la pandemia

'Diario de una madre en cuarentena' está escrito por una mamá argentina de dos niños que vive hace poco en Guayaquil, Ecuador. 

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Diario de una madre en cuarentena. Las vivencias de una mamá en Guayaquil, Ecuador, en tiempos de coronavirus.Anja/Pixabay

Tengo una compañera de la universidad a punto de dar a luz y una amiga embarazada (una de las tres de las que he hablado aquí) que estuvo un día hospitalizada por un asunto menor. No sé cómo sería nacer en estos tiempos, los del coronavirus.

Si me tocara dar a luz pronto estaría muy angustiada, sobre todo viviendo en Guayaquil, donde parece que son muchos los ginecólogos y ginecólogas obstetras que han decidido dejar de atender a las pacientes. Ayer, en el grupo de WhatsApp de madres en el que estoy, alguien buscaba un contacto urgente. Su amiga, que tiene 20 semanas de embarazo, estaba con una pequeña pérdida y sentía poco movimiento en la barriga.

Cualquiera que haya estado embarazada sabe que esos son dos de las señales de alarma que te hacen ir, sin dudar, a la emergencia. Pero estamos en cuarentena y ningún lugar más allá de las fronteras de nuestras propias casas pareciera ser seguro. Inmediatamente llovieron mensajes de mamás indicando números de teléfono y otros datos que permitirían a la embarazada en cuestión poder chequear que todo esté bien.

Las redes de contención son más importantes que nunca.

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Otras cuestiones que han comenzado a activarse son las cuentas en páginas de donación. Las medicinas para tratar el COVID-19 son prácticamente imposibles de conseguir y, quienes lo logran, tienen que pagar sumas siderales de dinero que no muchos tienen. Se junta entre los familiares o se hacen llamados a la solidaridad por redes sociales. Y uno colabora con los conocidos y con la familia, pero ¿qué haremos cuando estos gritos de auxilio sean tantos que no sepamos para dónde correr?

En otro orden de cosas, mi hija de 9 meses parece haber descubierto su voz. Está todo el día gritando fuerte, muy fuerte, y balbuceando palabras en su idioma silábico: “ta, ta, ta” o “ba, ma, pa”. En cualquier momento va a decir “papá” o “mamá” y quien tenga ese trofeo podrá relucirlo a lo largo de nuestro matrimonio. Mi primer hijo dijo papá antes que mamá, así que por justicia, ella debería llamarme primero.

Mi hijo, por otra parte, descubrió el universo de posibilidades que le da el patio de casa. Hasta esta semana sólo salía en compañía y a jugar con la pelota o la manguera. Ahora ya anda en la bicicleta, se inventó una enorme pista para los carritos y está aprendiendo que el tiro al blanco no se juega con pelotas pequeñas y plantas.

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Mi esposo trabaja desde que abre el ojo hasta que lo obligo a acostarse a dormir, pero hemos logrado que en algún momento del día pueda dedicar, aunque sea, 10 minutos a jugar afuera con el niño. Lo levanta lo más alto que puede y nuestro hijo juega a encestar en una canasta imaginaria. La semana que viene cumple 3 años y ya mide 1.12 m. Creo que hasta la NBA no para.

Yo sigo cocinando, por estos días estamos a full con el pescado. Necesito que alguien me explique hasta convencerme por qué la verdura está tan cara, en serio, no es normal que abusen tanto con las subidas de precios.

Además, empecé a releer un libro y de a una página o dos por día lo voy logrando. No así con el ejercicio. Lo siento, no puedo ser perfecta, lo único que estoy ejercitando muchísimo en esta cuarentena es la mandíbula…

Pero bueno, ya vendrán tiempos de volver a caminar entre los árboles o hacer paseos entre los árboles. De volver a disfrutar las piscinas y las canchas de fútbol, tenis o vóley. Ahora nos toca disfrutar el Scrabble y las series.