Comida y aliento para quienes viven en la calle

  Buenavida

Comida y aliento para quienes viven en la calle

La fundación Saquemos Sonrisas se organiza para seguir ayudando en tiempos de pandemia. Ven que hay más gente con necesidades

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Los voluntarios acuden a sectores apartados a llevar alimentos y palabras de fortaleza.Cortesía

Los voluntarios de la fundación Saquemos Sonrisas siguen volviendo como cada lunes, miércoles y viernes a la Plaza San Francisco. Llevan comida y palabras de aliento a las personas que viven en la calle.

Allí están ellos, esperándolos y cada vez son más. Antes de la pandemia de COVID-19, bastaba con 50 platos para atender a quienes iban llegando. Hoy deben preparar al menos otros veinte.

Los voluntarios confiesan que los sorprendió ver el aumento de personas en la calle. Hay quienes se han escapado de sus casas para consumir drogas, otros están allí porque se dedican a la prostitución y también ven a familias de venezolanos que van de paso.

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Los miembros de la fundación cristiana guayaquileña se quedan con ellos por unos minutos, los motivan y tratan de que cambien sus vidas, aunque no siempre es posible. Los voluntarios les enseñan alabanzas y los hacen hablar de lo que más les preocupa.

Luego llega el momento de compartir alimentos. A veces hay arroz con menestra y pollo, un seco, un tallarín, un aguado de menudencia, un hot dog o una hamburguesa.

Los voluntarios se turnan para la jornada, para evitar aglomeraciones que puedan poner en riesgo a las personas que se congregan allí. Hay quienes se encargan de preparar los alimentos, otros de coordinar el reparto y quienes llegan con sus oraciones.

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Con oraciones y alabanzas, llegan a las personas que se reúnen en la plaza San Francisco.Cortesía

Desde que comenzó la pandemia, su método de llevar ayuda ha cambiado. Hacen que los beneficiarios se pongan en filas con distanciamiento y a sentarse de igual forma. Saben que todos recibirán comida, pero para ello es importante que lleguen hasta el lugar usando su mascarilla.

“Más que llenar el estómago, queremos llenar el espíritu de fe, de fortaleza...”, dice Carlos Molina, quien dirige al grupo de voluntarios.

Con ellos dialoga y aprende. Cuenta que hay quienes le hablan de libros, de anécdotas de expresidentes y que les enseñan también boleros y pasillos.

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Ha visto a muchos llegar hasta este sitios, deprimidos, pero allí es cuando empieza su tarea. No niegan que han tenido días tristes, como cuando regresaron a la Plaza San Francisco y uno de ellos ya no estaba. Falleció. También reconocen que aunque les hablan de refugios temporales, muchos no quieren ir a estos lugares y prefieren las calles.

Aún así siguen regresando. Van también al parque La Victoria y se alegran cuando los ven predicar. Las personas que viven en la calle los esperan. Saben que tres veces a la semana, a las 20:00, los voluntarios llegarán a compartir con ellos.