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Ucrania
Retiro. Los médicos militares almuerzan en el programa RePower.EFE

Superar el trauma en un retiro de montaña

Ucranianos acuden a un retiro de 10 días en la montaña para recuperarse de lo vivido

Roma Zukh, miembro del personal médico del ejército ucraniano, aprendió una amarga lección tras casi cuatro años de invasión rusa: no encariñarse demasiado con sus compañeros de armas, porque pueden morir en cualquier momento.

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Este antiguo camionero de 37 años, de ojos azules y barba rojiza, ha perdido a muchos amigos.

“Uno se acuerda de cada uno de ellos (…) de aquellos con quienes resultó herido, de los que se alistaron al mismo tiempo (…) y de los que jamás olvidará”, cuenta a la AFP.

Para evitar nuevos traumas, Roma procura ahora guardar las distancias tras haberse incorporado recientemente a un nuevo batallón. “Por ejemplo, no me siento en la misma mesa para almorzar”, dice.

El elevado costo de la guerra es una dura realidad cotidiana para los cientos de miembros del personal médico ucraniano, cuya salud mental se ve profundamente afectada por las imágenes, los sonidos y los olores del frente.

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A más de 1.000 kilómetros del campo de batalla, durante un retiro de 10 días en la montaña para ayudarle a recuperarse de lo vivido, Roma puso a prueba su regla de oro.

Organizado en una cabaña de madera en los Cárpatos, en el oeste de Ucrania, el programa RePower se parece mucho a un campamento de verano para niños, con cursos de cerámica, paseos de senderismo e incluso talleres de preparación de sushi.

Cuando el vehículo que llevaba a Dmitro Kunytskiy comenzó a subir la montaña, a este joven de 20 años le invadió un sentimiento que había olvidado desde hacía mucho tiempo. “Abrimos las ventanas y el aire se lleno del aroma de pinos. Estábamos simplemente muy felices, como niños”, relata a la AFP.

Delegar tareas 

Aun así, dejar completamente atrás el frente no es fácil. Dmitro está a menudo en su celular para delegar tareas a su equipo que se quedó allí.

Desde hace dos años ocupa un puesto que le obliga a recuperar y examinar los cuerpos de sus compañeros muertos en combate. “Tengo ‘flashbacks’. El olor de la sangre (...) no tienes posibilidad de lavarte de inmediato, y con cada respiración hueles la sangre”, cuenta.

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“Pero las muertes, los olores. No es nada comparado con la pérdida de tantos amigos”, agrega con los ojos enrojecidos.

Los psicólogos que trabajan en el campamento reconocen que se enfrentan a casos difíciles. Y todos pronto volverán al frente, lo que complica cualquier terapia en profundidad.

“Necesitamos tiempo para estabilizar a la gente. Es algo nuevo: trabajar un trauma mientras las condiciones traumáticas siguen presentes”, explica el doctor Andrii Anpleiev.

En una experiencia de “sanaciones con sonido”, una decena de personas yacen sobre esterillas de yoga, relajándose al sonido de olas que rompen en una playa y de bosques llenos de pájaros que cantan.

De pronto, un ronquido retumbante casi quiebra la tranquilidad: Roma se quedó dormido. Tendido bajo sus mantas, los otros contienen la risa, intentando permanecer en el momento presente. 

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