HISTORIAS DE ENFERMERAS
Las labores de Paola y Daisy en SOLCA van más allá de lo clínico. También intentan mantener con ánimos a sus pequeños pacientes.AMELIA ANDRADE/EXPRESO

La dura tarea de iluminar la Navidad de los niños con cáncer

Las perspectivas de dos enfermeras bosquejan cómo se vive la época decembrina en un hospital oncológico, donde el dolor y la esperanza convergen

La luz que ingresa desde los ventanales a los pasillos contrasta con la opacidad de los rostros de los cerca de 5.000 pacientes que asisten a diario por atención. Esa es una parte del panorama que enmarca la sede de Guayaquil de la Sociedad de Lucha Contra el Cáncer del Ecuador (SOLCA).

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Este centro de atención oncológica alberga el peso invisible del dolor de quienes han tenido que hacer frente a una batalla donde su cuerpo es la trinchera y al mismo tiempo el campo de batalla. Esa lucha se opone a la realidad que se vive en las calles en meses como diciembre donde el principal foco son las festividades de Navidad y Fin de Año.

Y es un poco de esa alegría que se vive fuera de los muros de este hospital lo que las enfermeras de SOLCA intentan transmitir entre sus pacientes. Su labor va más allá de los cuidados médicos; a diario, se convierten en cómplices de sonrisas y portadoras de luz en las habitaciones más 'oscuras'. Combinan sus habilidades clínicas con un corazón rebosante de empatía para alentar a sus pequeños pacientes.

Estas palabras pueden describir a breves rasgos el trabajo de Paola Haro, quien relata con nerviosismo ante las cámaras de EXPRESO su llegada, hace nueve años labora a esa institución. Ese desasosiego se va perdiendo en cuestión de segundos cuando recuerda sus primeros pasos en SOLCA sobre todo en el área de pediatría.

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Paola Haro recuerda entre la felicidad y la melancolía su trabajo en el área pediátrica.AMELIA ANDRADE/EXPRESO

"La experiencia ahí es difícil, pero muy linda. Los niños y las mamás son unos guerreros porque a pesar de estar viviendo esta dura enfermedad siempre tenían espacio para una sonrisa", relata mientras en su rostro alberga un cóctel de emociones como si una avalancha de recuerdos recorriera su mente.

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Al consultarle sobre cómo se viven las navidades a la interna de las puertas de este hospital, una sonrisa ve la luz pues habla de los festivales que año tras años preparan para los niños que reciben atención en este centro médico. Confiesa con algo de jocosidad que nunca ha sido de portar disfraces, pero que esto cambia completamente cuando tiene que hacerlo por los pequeños guerreros que están luchando ahí contra el cáncer.

"Son días de festejos, son días de muchas sonrisas para ellos, para las mamitas, y es algo que me llena mucho el corazón y el alma", comenta.

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Sin embargo, reconoce que no todo es felicidad y no lo es por el claro contexto que la rodea. La alegría en estas fechas se mezcla con la melancolía, con el deseo de que las cosas sean distintas y con los momentos difíciles propicios de una enfermedad que no da tregua en ninguna época del año. 

Paola recuerda su primera Navidad en SOLCA y lo difícil que fue. "Lloré mucho", cuenta y explica que esto fue una mezcla de varios factores no solo por el escenario al que se enfrentaba por primera vez si no también por el hecho de estar lejos de su familia.

Desearía que ningún niño pasara por esta situación y me llega mucho porque tengo hijos... es diferente vivirlo desde afuera, pero ya palparla es muy duro.

Paola Haro, enfermera de SOLCA

Reconoce que eso no ha cambiado del todo, pero el tiempo le ha permitido sobrellevar mejor la situación y entender que hay un propósito detrás de su trabajo, al que dice amar profundamente.

Esa misma devoción por su profesión la tiene Daisy Duarte, tanto que recuerda con exactitud la fecha en la que llegó: un 23 de marzo hace nueve años (igual que su colega).

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Daisy Duarte trabaja desde hace nueve años en SOLCA.AMELIA ANDRADE/EXPRESO
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"Las navidades tratamos de hacerlas divertidas, de amenizarlas, porque nuestros pacientes están pasando esta dura enfermedad y nosotros tratamos de alegrarlos con pequeños momentos", cuenta al recordar las actividades que ejecutan para sus pacientes propias de la época: cantar villancicos, compartir pan de pascua y más.

Confiesa que las navidades que ha estado de guardia en SOLCA han sido "noches de sentimientos encontrados, de tristeza, pero a la vez de esperanza, porque nosotros estamos trabajando y dando todo lo humanamente posible para en parte mitigar un poco la dolencia producto de la enfermedad".

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Para ella también ha sido difícil encontrar el balance entre su trabajo y su vida personal, como todos quiere compartir con sus seres queridos para estas fechas, pero no siempre ha podido ser así. Cuenta que en 2016 se convirtió en madre por primera vez y era la primera Navidad de su pequeño, pero no pudo estar junto a él.

Sin embargo, tanto Paola como Daisy coinciden en que situaciones como estas se compensan con la satisfacción del deber cumplido al ayudar en poca o mayor medida a sus pacientes. Ver la fuerza con la que enfrentan la enfermedad es inspirador, pero a la vez conlleva el peso emocional de comprender la fragilidad de la vida y la incertidumbre del futuro. Es un equilibrio delicado entre ser un apoyo constante y mantener la propia fortaleza emocional para continuar brindando el mejor cuidado posible.

Tratamos siempre de tener una coraza de profesional, de respirar, ir al baño corriendo, botar una lágrima y regresar y decir todo va a estar bien.

Daisy Duarte, enfermera de SOLCA
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Así mismo, ambas guardan similitudes en sus deseos de Navidad: que todo mejore y que ningún niño tenga que pasar otra vez por una enfermedad tan difícil y agotante como el cáncer.

En estas circunstancias, la Navidad se convierte en un recordatorio poderoso de la fortaleza y la esperanza que podemos encontrar en medio de la adversidad.

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