
Producción petrolera cae por fallas eléctricas, el sistema energético está al límite
Ecuador produce menos petróleo en medio de un sistema de energía eléctrica que opera al límite
La producción petrolera de Ecuador vuelve a resentirse, pero esta vez no por factores geopolíticos ni por conflictos sociales, sino por una limitación más estructural: la falta de energía eléctrica. La caída en la generación eléctrica, en medio de un sistema que opera “al límite”, ya comienza a tener efectos directos sobre uno de los principales motores de la economía nacional. Así indicó Roberto Aspiazu, presidente de la Cámara de Energía del Ecuador, en una entrevista con Teleamazonas.
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Según cifras recientes, la producción de crudo ha descendido a alrededor de 445.000 barriles diarios, cuando hasta hace poco se ubicaba en cerca de 470.000. La diferencia no es menor. Detrás de esta reducción está un problema puntual pero crítico: fallas en el suministro eléctrico en varios pozos petroleros, especialmente operados por Petroecuador, que han impedido mantener niveles normales de extracción.
Este escenario se enmarca en una situación energética compleja. Ecuador enfrenta un estrecho margen entre oferta y demanda eléctrica. Actualmente, el consumo, impulsado en gran medida por el aumento de temperaturas en la Costa, alcanza aproximadamente los 5.200 megavatios (MW), mientras que la capacidad de generación bordea los 4.380 MW, a los que se suman cerca de 170 MW provenientes de autogeneración privada habilitada de forma emergente.
La activación de estos sistemas privados no es casual. Responde a una declaratoria previa de potencial déficit energético por parte del operador nacional, lo que obligó a flexibilizar la regulación para incorporar generación adicional. Sin embargo, estos equipos no están diseñados para operar de forma continua, y actualmente se les exige hasta 14 horas diarias en días laborables, una señal clara de la presión que enfrenta el sistema.
A esto se suma el bajo rendimiento de la principal hidroeléctrica del país, Coca Codo Sinclair, que está generando entre 700 y 750 MW, muy por debajo de su capacidad instalada de 1.500 MW. Este déficit de aproximadamente 600 MW agrava el desbalance estructural del sistema eléctrico.
Aunque el Gobierno sostiene que no hay apagones generalizados, sí se han registrado cortes focalizados en distintas zonas del país. La explicación oficial apunta a que son eventos aislados, pero los datos evidencian una fragilidad mayor: el sistema no cuenta con reservas suficientes. De hecho, el estándar internacional recomienda una reserva del 20 % de la capacidad instalada, lo que para Ecuador implicaría disponer de unos 1.000 MW adicionales que actualmente no existen.
El efecto del fracaso en la contratación para la generación de electricidad
El origen del problema no es reciente. Durante 2025 no se incorporaron nuevas centrales de generación firme, especialmente termoeléctricas, debido al fracaso de varios procesos de contratación. Proyectos que en conjunto sumaban más de 700 MW no se concretaron por incumplimientos contractuales, lo que profundizó un déficit que ya había sido advertido por las autoridades energéticas, destaca Aspiazo.
A esto se añade el deterioro del parque termoeléctrico existente, que en gran parte ha superado su vida útil. Aunque se realizan reparaciones, las fallas son recurrentes, lo que reduce aún más la confiabilidad del sistema.
En este contexto, el país busca alternativas urgentes. Una de ellas es retomar la importación de energía desde Colombia, que en el pasado ha permitido sostener los niveles de los embalses y cubrir picos de demanda. Sin embargo, este tema no solo depende de decisiones técnicas, sino también de negociaciones políticas y comerciales aún en curso.
El Gobierno impulsa nuevos procesos de contratación
Mientras tanto, el Gobierno impulsa nuevos procesos de contratación de generación, incluyendo barcazas termoeléctricas y proyectos privados. No obstante, incluso en el mejor de los escenarios, estas soluciones tomarán tiempo. La incorporación de nueva capacidad firme puede tardar hasta dos años, lo que obliga a combinar medidas de corto plazo, como el alquiler de generación, con soluciones estructurales.
En paralelo, se han destrabado mecanismos financieros para viabilizar proyectos de energías renovables, con el respaldo de organismos multilaterales. Sin embargo, su impacto será progresivo y no inmediato.
Así, el país transita una delgada línea. El sistema eléctrico “traquetea”, como lo describen expertos del sector, y cualquier alteración adicional podría profundizar las restricciones. Por ahora, no hay apagones generalizados, pero el margen de maniobra es mínimo, señala Aspiazu.
Y en ese delicado equilibrio, sectores estratégicos como el petrolero ya empiezan a pagar el costo.
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