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Pobreza
Una de las cooperativas que hay en el norte de Guayaquil, donde la pobreza afecta tanto que cuando se enferman no hay dinero para la medicina y requieren pedir ayuda.EXPRESO

Pobreza en Ecuador: entre el dato estadístico y la realidad

Las cifras muestran una reducción de la pobreza por ingresos al 21,4 %. Expertos cuestionan la estadística

“Nosotros estamos retirando a las personas de la pobreza, de las manos de estos grupos narcoterroristas”, declaró el presidente Daniel Noboa durante su intervención en el Foro Económico Mundial de Davos, el 21 de enero de 2026. El mandatario destacó que el índice de pobreza se ubica actualmente en el 21 %, cifra que calificó como “la más baja registrada en la historia del país”.

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Esta declaración refuerza el tono triunfalista que había adoptado semanas antes con una provocativa frase: “La razón por la que los mismos de siempre molestan tanto: lo estamos haciendo mejor que ellos”. El optimismo presidencial se basa en datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), que reportó una caída de 6,6 puntos porcentuales en la pobreza por ingresos, del 28 % al 21,4 % en diciembre de 2025.

La ministra de Economía, Sariha Moya, respaldó las declaraciones de Noboa: “El crecimiento económico está generando las condiciones para reducir la pobreza”. Pero el propio INEC advierte en su informe de la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (ENEMDU), de diciembre de 2025, que la variación “no es estadísticamente significativa”, un detalle técnico que cambia radicalmente la interpretación de los números.

Esta advertencia del instituto oficial no es un tecnicismo menor, según David Vera, exdirector del INEC. Para él, este detalle revela problemas más profundos en el manejo y presentación de las estadísticas. Vera cuestionó el anuncio desde varios ángulos, comenzando por el timing: “Los datos anuales normalmente se reportan a fin de mes según el calendario estadístico. Estos se lanzaron en la primera semana laboral, lo cual llama la atención porque el calendario es una garantía de que no se usen las cifras con intenciones políticas”.

El segundo cuestionamiento de Vera apunta a la selectividad en la comunicación: “El año pasado, cuando el dato no era conveniente por los apagones, se publicó en secreto en la página web. Ahora tienes al presidente haciendo fanfarria. Es cherry picking: elegir los puntos convenientes”, recalca Vera. Esta práctica, según el exfuncionario, distorsiona la percepción pública sobre la real situación del país.

Sin embargo, los analistas económicos consultados por Expreso para este reportaje ofrecen lecturas divergentes sobre los fundamentos detrás de las cifras. Alberto Acosta, analista económico, ve razones concretas para el optimismo: “Estamos viendo una economía que se está recuperando. El crecimiento de exportaciones no petroleras sumado al ingreso récord de remesas permitió que suba la liquidez”. Esta mayor disponibilidad de dinero en la economía se traduce en efectos concretos que impactan directamente en la pobreza: “Los depósitos han subido, las tasas de interés están cayendo, el crédito está aumentando”, explicó Acosta.

El analista destacó que este crecimiento genera más empleos y mejores ingresos. “Cuando la economía crece, el empleo mejora y la pobreza se reduce”.. Sumado a políticas de subsidios focalizados, esto explicaría la reducción reportada en pobreza por ingresos.

No se debe comparar con un año de crisis

En contraste, Francisco Borja, docente de la Universidad San Francisco de Quito, adopta una postura más cautelosa: “Es equivocado comparar estadísticamente con un año de crisis. Lo mínimo que se esperaría en un año de recuperación es que mejore”. El problema técnico que identifica Borja es claro: “El INEC nos dice ‘creemos que bajó, pero no les podemos asegurar porque está dentro del margen de error’”.

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Esta incertidumbre estadística se agrava, según Vera, por un problema metodológico más profundo: los márgenes de error se han vuelto excesivamente grandes desde 2022. La causa radica en que “el marco de muestreo sigue siendo del censo 2010. Estamos en 2026 calculando indicadores con una muestra de cómo estaba el país hace 16 años”. Para explicar este “agotamiento de la muestra”. Vera usa una analogía simple: “Si en mi barrio había dos edificios en 2010 y ahora hay 10, sigo preguntando a los mismos hogares de los dos edificios originales, sin considerar los otros ocho”.

Mientras la pobreza por ingresos genera debate, la pobreza multidimensional presenta un panorama que contradice abiertamente el optimismo oficial. Este indicador, que mide acceso real a educación, salud y servicios básicos, se ubicó en 20,5 puntos en 2025, frente a los 19,0 puntos de 2024 y 18,8 puntos de 2023, mostrando un incremento sostenido. “Si bajó tanto la pobreza por ingresos, uno esperaría una mejora en la multidimensional, pero es lo contrario”, señala Vera.

“Ahí es cuando uno empieza a dudar sobre los datos: ¿por qué estas inconsistencias?”.

El Índice de Gini, que mide desigualdad, aumentó a 0,470, confirmando que la brecha entre ricos y pobres se mantiene alta.

Entre el triunfalismo presidencial y las alertas técnicas, Ecuador enfrenta el desafío de determinar si celebra una recuperación genuina o un espejismo estadístico construido sobre bases metodológicas cuestionables. 

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