
Oxígeno financiero con condiciones: lo que implica volver a emitir bonos
Ecuador reaparece en los mercados de capitales, en un contexto de menor riesgo y alta necesidad de financiamiento
Tras el anuncio de que Ecuador volverá a los mercados internacionales de capitales, el debate económico se reactiva. El país registra un riesgo país de 462 puntos básicos, al 16 de enero de 2026, uno de los niveles más bajos de los últimos años, y muestra señales de recuperación en ventas y recaudación. En este contexto, dos analistas de economía examinan si esta decisión es una oportunidad estratégica o una necesidad urgente para las finanzas públicas.
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El exministro de Finanzas, Mauricio Pozo, explicó en una entrevista con Ecuavisa que el retorno a los mercados es ambas cosas: una opción y una necesidad. Señaló que la reducción del riesgo país y unas reservas internacionales cercanas a los 10.000 millones de dólares han abierto una ventana que antes no existía. Sin embargo, advirtió que la presión fiscal, especialmente en 2026, obliga al Estado a actuar con rapidez para evitar mayores tensiones en el pago de la deuda.
Pozo detalló que la recompra de bonos 2030 y 2035 responde a la estructura heredada de la renegociación de 2020. Aunque esa operación redujo tasas y alivió momentáneamente el servicio de la deuda, ese “oxígeno” comienza a agotarse. Por eso, el Gobierno opta por un manejo de pasivos o reperfilamiento, que no implica una reestructuración forzada, sino el reemplazo de deuda por nuevos instrumentos con mejores condiciones de plazo.
Sobre el interés de los inversionistas, Pozo destacó tres factores clave: la caída del riesgo país, el atractivo de una tasa que rondaría el 9 % —alta para los estándares internacionales— y la posibilidad de obtener ganancias si mejora el panorama económico. Aunque la nueva tasa sería mayor a la de los bonos actuales, el beneficio para Ecuador estaría en plazos más largos y menor presión inmediata sobre la caja fiscal.
El economista también explicó que adelantar la operación responde a la urgencia de pagos próximos y a la incertidumbre de los mercados. Esperar podría significar mejores tasas, pero también el riesgo de que las condiciones empeoren. Aun así, fue claro en advertir que sin reformas estructurales —en gasto público, seguridad social y empresas estatales— el alivio será temporal. “Estamos pagando deuda con deuda”, enfatizó.
Hay un problema estructural por atender
Un análisis similar, pero con un enfoque más amplio, ofreció Walter Spurrier, analista económico, quien resaltó que el retorno a los mercados también obedece a señales de disciplina fiscal, como el aumento del IVA y la eliminación de subsidios, y a un contexto internacional de mayor liquidez buscando rendimientos más altos. Según Spurrier, esta recompra permitiría liberar recursos para atender atrasos internos y mejorar el desempeño económico en 2026.
Pero, Spurrier advierte que el beneficio es limitado. La reducción de la deuda, estimada entre 700 y 1.000 millones de dólares, no resuelve el problema estructural. Todo dependerá de las condiciones finales de la negociación y del apetito real del mercado. Si los descuentos exigidos son muy altos, el Estado podría incluso desistir de la operación.
No obstante, Spurrier advirtió en una entrevista con Teleamazonas que persisten riesgos importantes. La crisis energética, la falta de inversión privada en sectores clave como electricidad, minería y petróleo, y un déficit fiscal estructural siguen siendo tareas pendientes. Si bien la recaudación tributaria creció en 2025, ese repunte responde en parte a un efecto rebote y no garantiza una solución permanente.
Ambos coinciden en que el retorno a los mercados es un paso positivo y necesario, pero insuficiente por sí solo. Sin control del gasto, reformas de fondo y mayor inversión productiva, el país seguirá atrapado en un ciclo de endeudamiento. El desafío, señalan, es convertir este alivio financiero en una oportunidad real para estabilizar la economía y sentar bases de crecimiento sostenible.
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