
Del toque de queda al feriado, estiman ventas de 80 millones de dólares
Bares dicen que no van a recuperar lo perdido durante el toque de queda
El país respira distinto. Después de semanas marcadas por restricciones y cierres anticipados, Ecuador sale del toque de queda justo cuando se aproxima la Semana Santa, uno de los feriados de tres días más esperados del año. Pero la pregunta que recorre calles, locales y destinos turísticos es inevitable: ¿alcanzará este respiro para recuperar lo perdido?
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En ciudades como Guayaquil, la noche se había vuelto más corta. Bares y discotecas tuvieron que bajar sus persianas antes de las 22:00 y, con ello, sus ingresos se desplomaron entre un 70 % y un 100 %, ya que son negocios que se activan después de esa hora. Para muchos, ese golpe no tiene vuelta atrás. Los gastos de arriendo, servicios y sueldos siguieron corriendo incluso cuando las luces estaban apagadas en las cuatro provincias donde hubo toque de queda: Guayas, Los Ríos, El Oro y Santo Domingo.
“Lo perdido no se recupera”, repiten desde el sector nocturno los líderes de los gremios de bares y discotecas. La idea de compensar en un feriado lo que no se vendió durante días enteros se siente más como un deseo que como una posibilidad real.
Sin embargo, el panorama no es uniforme. Desde el turismo, el tono cambia. Hay expectativa, incluso optimismo. En 2025, el feriado de Semana Santa dejó ingresos por 60 millones de dólares, superando los 39 millones de 2024, según datos del Ministerio de Producción. “Este año, la apuesta es mayor: se proyecta alcanzar entre 70 y 80 millones, impulsados por una posible mayor movilidad”, indicó a Diario EXPRESO Holbach Muñetón, presidente de la Federación Nacional de Cámaras Provinciales de Turismo.
El sector hotelero se prepara con promociones, paquetes y descuentos, como la reducción del IVA al 8 % que hace el Gobierno que ayuda a incentivar el consumo. La lógica es clara: si hay más dinero circulando y más libertad para movilizarse, la gente saldrá.
“Las expectativas son grandes”, resumió Mauricio Letort, de la Federación Hotelera del Ecuador, desde un sector que ha aprendido a medir cada feriado como una posibilidad de recuperación. La fecha no llega sola: coincide con el levantamiento de las restricciones a finales de mes, un factor que, según el sector hotelero, podría empujar a los ecuatorianos a salir, viajar y volver a consumir.
La clave, sin embargo, no está solo en el deseo de movilizarse. También pasa por la confianza. Por eso, desde el sector se han mantenido conversaciones con el Gobierno para reforzar la seguridad, tanto en carreteras como en los principales destinos turísticos. La apuesta es clara: sin garantías, no hay viaje.
Pero no todos están convencidos. Hay quienes recuerdan que este feriado no se comporta como otros. A diferencia del carnaval, marcado por viajes masivos, la Semana Santa tiene un carácter más introspectivo. Procesiones, actividades religiosas y momentos de recogimiento marcan la agenda, especialmente en ciudades como Quito, donde la tradición pesa más que el turismo.
Esa diferencia cambia las reglas del juego. Mientras en destinos de playa o en la Sierra se espera movimiento, en grandes urbes muchos negocios anticipan jornadas más lentas. El Viernes Santo, por ejemplo, suele ser un día de baja actividad comercial.
Hay locales que perdieron 10 % y 100 % de ingresos
Aun así, hay matices. Algunos sectores reportan caídas moderadas, de hasta un 10 %, durante el toque de queda, e incluso hay quienes hablan de estabilidad o ligeros repuntes en ciertas actividades como la comida rápida. Otros, como bares y discotecas, enfrentaron pérdidas casi totales.
“Hubo negocios que optaron por lo más drástico: no abrir. La lógica era simple y dolorosa a la vez. Con menos horas de operación y los mismos costos fijos como arriendo, servicios, personal, trabajar significaba perder”, señaló Enrique Barreiro, presidente de la Asociación de Propietarios de Establecimientos Nocturnos.
Ahora, con el levantamiento de las restricciones, el escenario cambia, pero no del todo. El feriado ofrece una oportunidad, aunque limitada. No todos los días pesan igual. El Viernes Santo, por ejemplo, suele ser una jornada de bajo movimiento, marcada por el carácter religioso de la fecha.
Por eso, la apuesta se concentra en otros momentos: jueves, sábado y domingo. Son esos días los que podrían sostener una leve reactivación, especialmente en sectores donde el consumo se mueve más allá de lo espiritual.
Playas y zonas de Sierra captan más ventas
Sin embargo, la dinámica también depende del lugar. En grandes ciudades como Guayaquil, muchos negocios anticipan una baja en la actividad, no por falta de interés, sino porque la gente suele salir hacia otros destinos. Playas y zonas de la Sierra captan ese flujo, redistribuyendo el consumo más que incrementándolo.
En medio de estas visiones cruzadas, hay un punto en común: la recuperación no será inmediata. Ni este feriado, por sí solo, podrá compensar las semanas de restricciones.
Lo que sí podría marcar la diferencia es el contexto. Más seguridad en carreteras, promociones activas y una ciudadanía con algo más de liquidez tras los gastos de fin de año podrían inclinar la balanza hacia un mejor desempeño que en feriados anteriores.
Pero la sensación que queda es más compleja que una cifra. Ecuador no solo sale de un toque de queda; sale también con una economía fragmentada, donde algunos sectores logran adaptarse y otros apenas resisten. No obstante, el sector de restaurantes espera tener buenas ventas, ya que muchos fieles suelen salir en familia a misa y luego optan por comer fuera.
En ese escenario, la Semana Santa aparece como una pausa necesaria, pero no como una solución definitiva. Un respiro, sí. Una recuperación total, todavía no.
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