Turismo
Un grupo de turistas recorre los paisajes de la provincia de Azuay.CARLOS KLINGER

Un vuelo, dos mundos: así conecta Cuenca con Galápagos

Dos destinos Patrimonio de la Humanidad quedan unidos sin escalas con vuelos de Latam

Se puede tomar un avión desde Cuenca a Galápagos. La noticia no llegó como un anuncio frío ni como una cifra más en la agenda pública. Llegó con la promesa de acortar distancias que, durante años, parecían inevitables. Desde ahora, el trayecto entre Cuenca y las Islas Galápagos deja de ser una travesía fragmentada para convertirse en una experiencia directa, casi simbólica: unir en un mismo vuelo a dos territorios que comparten un reconocimiento mundial, el de Patrimonio de la Humanidad.

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La reactivación de esta ruta aérea no solo implica despegar y aterrizar. Es, en el fondo, una forma de reconectar al país consigo mismo. La operación, a cargo de LATAM Airlines, tendrá dos frecuencias semanales, martes y sábados, y utilizará un Airbus A319, una aeronave pensada para equilibrar eficiencia y capacidad en rutas que buscan consolidarse sin perder calidad de servicio. La capacidad es de 138 asientos premium, adaptable hasta 144 pasajeros. Esta conexión fortalece el acceso entre la Sierra sur y Galápagos, facilita la llegada de visitantes nacionales e internacionales y garantiza un servicio moderno, seguro y eficiente.

Pero más allá de los detalles técnicos, lo que se mueve aquí es otra cosa: el pulso del turismo. Porque viajar desde la Sierra sur hasta el archipiélago ya no será un rompecabezas logístico. Será una línea continua que facilita la llegada de visitantes, dinamiza economías locales y abre oportunidades donde antes había escalas, esperas y costos más altos.

El ecuentro con paisajes, historia y experiencias únicas

En Cuenca, esa noticia encuentra eco en su propia identidad. Hacer turismo en el Azuay no es simplemente recorrer paisajes; es atravesar una especie de umbral invisible. Las montañas no solo se miran, se habitan. Guardan vestigios milenarios, relatos que oscilan entre lo mítico y lo histórico, caminos que parecen suspender el tiempo.

La experiencia comienza, muchas veces, desde lo cotidiano: un sorbo de agua de pitimás en Warmi Kuna, donde las hierbas medicinales y los pétalos de flores construyen una bebida que mezcla tradición y misterio. Luego, la ciudad se deja descubrir en sus sabores, el horneado, el mote con cáscara y en sus rituales festivos, como el curiquingue que danza entre pólvora y música.

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Más adelante, el viaje se vuelve memoria. En la Cueva Negra de Chobshi, el tiempo retrocede miles de años hasta los primeros habitantes. Y en la fortaleza de Duma, la historia se entrelaza con leyendas de tesoros ocultos. Todo esto forma parte del Qhapaq Ñan, esa red vial ancestral que aún respira en los Andes.

Las rutas continúan: desde navegar en el embalse de Mazar hasta recorrer fincas donde el queso de cabra y el kéfir cuentan historias de campo. Cada parada parece pensada para que el visitante no solo observe, sino que sienta.

Y entonces aparece el contraste inevitable. Porque mientras el Azuay invita a sumergirse en una geografía cargada de memoria, las Islas Galápagos ofrecen otro tipo de asombro: el de la vida en estado puro, donde cada especie parece narrar su propia versión del origen.

Esa es, en esencia, la dimensión real de esta ruta. No es únicamente un vuelo. Es un puente entre dos formas de entender el mundo: una anclada en la historia y otra en la evolución viva. Un trayecto que, más que trasladar pasajeros, conecta relatos.

LATAM
Las autoridades inauguran el vuelo Cuenca a Galápagos.Cortesía

Los discursos oficiales en la inauguración

En el evento participaron Byron Franco, viceministro de Servicios de Transporte del Ministerio de Infraestructura y Transporte (MIT), y María José Reshuan, viceministra de Turismo (e) del Ministerio de Producción, Comercio Exterior e Inversiones (MPCEI), junto a autoridades locales y representantes del sector turístico.

Durante su intervención, el viceministro Franco destacó: “Hoy el Gobierno, a través del Ministerio de Infraestructura y Transporte, cumple con Cuenca y con todo el Austro al hacer realidad esta conexión aérea con Galápagos. Este es un paso histórico que no solo mejora la conectividad del país, sino que también reduce costos y optimiza tiempos de viaje para miles de ecuatorianos. Con esta ruta, impulsamos el turismo, dinamizamos la economía local y generamos nuevas oportunidades de desarrollo para nuestra gente, consolidando a Cuenca como un punto estratégico de conexión nacional e internacional”.

Por su parte, la viceministra Reshuan subrayó: “La reapertura de la ruta Cuenca – Galápagos fortalece la conectividad aérea del país y conecta dos patrimonios de la humanidad, integrando nuestra riqueza cultural y natural en una sola experiencia que impulsa el turismo sostenible y el desarrollo de las comunidades locales”.

Y quizá por eso, más allá de discursos oficiales, la sensación es clara: hay viajes que empiezan mucho antes del despegue. Este es uno de ellos.

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