Las pequeñas economías van entre tumbos sin levantar vuelo desde 2019

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Las pequeñas economías van entre tumbos sin levantar vuelo desde 2019

La recuperación económica de los pequeños negocios va a tropezones. Necesitan paz. Los 18 días de paro nacional solo fueron “una raya más al tigre”, porque consideran que desde la llegada de la pandemia todo ha ido en picada

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La escaza circulación de autos complica el trabajo de las vulcanizadorasChristian Vinueza

¿Se puede recuperar sin estabilidad? Esa es la incógnita que muchos trabajadores de negocios pequeños se hacen luego de los 18 días de paro nacional convocado por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie). Medida que se sumó a los otros dos golpes mortales para la economía de sus pequeños negocios: la paralización de octubre de 2019 y la pandemia del coronavirus.

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Los tres eventos fueron traumáticos, según cuenta Jorge Lirio, que ha trabajado en su vulcanizadora, ubicada en Sauces 9, por más de 30 años. “Se puso bajo el negocio porque no hubo circulación (de vehículos)”, señala e indica que tanto en las movilizaciones de 2019 como en las de 2022 perdió hasta el 80 % de sus ingresos.

Sin embargo, mientras espera acostado junto a un par de llantas a que llegue algún cliente, Jorge dice que “en la pandemia fue peor” porque, además de la falta de autos en la calle por el confinamiento obligatorio, se infectó de COVID-19 y no pudo reemplazar su actividad para momentáneamente generar ingresos.

Mientras, Alejandro Rosales se disponía a reparar una de las tantas máquinas que le dejan en su negocio que lleva más de tres años cerca del mercado de Sauces 9.

“Desde octubre de 2019 hasta la fecha ha mermado bastante el trabajo”, señala Alejandro y explica que previo a las paralizaciones y la pandemia su negocio facturaba hasta $ 5.000 mensuales, pero que ahora apenas llega a $ 1.600.

“Desde el 2019 hasta la fecha ha mermado bastante el negocio. Al inicio de la pandemia tuvimos un pico alto de ventas, pero fue momentáneo. La recuperación es posible siempre y cuando ya no haya paros”.

José Rosales
​dueño de centro de reparación de laptops

Aunque reconoce que durante la pandemia sí tuvo un período de bonanza, donde llegó a facturar hasta $ 10.000 mensuales, también indica que “fue un pico de unos dos o tres meses y ya bajó”.

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Esto debido a que el confinamiento obligatorio y el paso a la de teleeducación y el teletrabajo obligaron a que muchas familias adquieran o reparen dispositivos electrónicos.

Además, señala que el mercado esté habilitado para la atención al público es un factor importante para su negocio, ya que ayuda a que más personas concurran por el sector y, por ende, sean sus potenciales clientes. “Había poca gente”, dice Alejandro cuando recuerda el cierre de los mercados por la falta de productos.

Una crisis que también sintió el restaurante donde trabaja José Loza, ubicado en la avenida Portete de Tarqui. “Las paralizaciones y la pandemia nos afectaron laboral y económicamente”, cuenta José y recuerda que en el paro de junio pasado tuvieron que cerrar antes como lo hicieron en 2019 por temor a los saqueos en la ciudad.

“Antes se vendía bastante aquí, por lo transitada que es la avenida. Pero ahora siquiera hemos bajado la mitad de las ventas”, añade José e indica que la especulación de precios durante las paralizaciones y el encarecimiento de otros productos de cocina han hecho que muchos de sus clientes ya no prefieran ir a su local. En ese sentido, señala que necesitan estabilidad para mejorar.

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La poca afluencia en el mercado de Sauces 9 bajó las ventasChristian Vinueza

Problema que también vivió Antonela Gavilema y su esposo en su tienda de abastos, ubicada en la misma avenida Portete de Tarqui por más de ocho años. “En cada paralización las cosas se ponen caras, así cómo nos vamos a recuperar”, hace hincapié Antonela y señala que desde el 2019 no ha sentido que ha podido suplir las pérdidas de su negocio.

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“Medio nos estábamos recuperando de la pandemia y nos volvemos a paralizar. Por más que el reclamo sea justo, que nos dejen trabajar”, continuó Antonela e indicó que una vez finalizados los 18 días de paro nacional, “otra vez estamos intentando recuperarnos”.

Los cuatro coinciden en que no han podido tener una verdadera recuperación económica desde las paralizaciones de 2019. Es más, señalan que por ratos empeora por el constante “reinicio” de la recuperación.

“Salimos de una y entramos en otra”, indica Alejandro y hace hincapié en que la única manera en que recuperen lo perdido es con estabilidad y paz en las calles del país.

“Las paralizaciones y la pandemia nos afectaron laboral y económicamente. Por lo general cerramos a la medianoche, pero en esas situaciones tocaba cerrar a las 10 de la noche para evitar cualquier saqueo”.

José Loaiza 
​trabajador de un restaurante

“Se puede pensar en recuperación económica siempre y cuando deje de haber estas paralizaciones. La pandemia no era algo controlable, pero lo otro se podía evitar”, continuó Alejandro.

Desde su vulcanizadora, Jorge coincide con Alejandro e indica que, además de la tranquilidad en las calles, es necesario que haya una recuperación económica generalizada para los ecuatorianos, ya que “mi negocio también se baja porque la gente no tiene cómo reparar una llanta o alguna otra cosa en sus autos”.

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Asimismo, tanto Antonela como José señalan que los conflictos que provocan paralizaciones solo terminan afectando al consumidor final y que eso “no es conveniente para nadie y afecta la economía de nuestros negocios”.

En ese sentido, todos señalan que no puede haber recuperación económica sin estabilidad y, peor aún, si esta debe volver a empezar cada año y con el temor que se produzca una nueva crisis que los golpee en sus bolsillos.

Ya no hay ahorros ni bolsillo que aguante. La economía de a pie sigue tropezándose y no logra recuperarse por completo. Y es que, según las familias con las que conversó este Diario, los 18 días de paro nacional que concluyeron en junio pasado, solo fueron una “raya más al tigre”, pues aseguran que, desde 2019, sus ingresos económicos se han visto afectados por varios factores, como las movilizaciones que protagonizaron en ese año las organizaciones indígenas, la pandemia del coronavirus en 2020 y todo lo que derivó de las restricciones de movilidad y de las leyes que se aprobaron con su llegada.

La inestabilidad y abuso laboral es una de las consecuencias, dice Olga, de 53 años, quien detalla que desde un poco antes de la pandemia, “todo ha ido en picada”. Por ejemplo, recuenta, que a uno de sus dos hijos lo despidieron del trabajo en pandemia porque la empresa donde laboraba se acogió a la ley humanitaria, y al otro le redujeron el sueldo. “A la larga los dos se quedaron sin trabajo por más de un año. Han encontrado otras ofertas laborales, pero son por contratos temporales o medio tiempo, muchas veces ni los beneficios de ley quieren pagar”, cuenta Olga, quien sostiene la economía de su hogar con las pocas ganancias que deja su negocio de organización de eventos. “Es poco lo que deja, ya no alcanza ni para ahorrar, solo para comprar comida y pagar las cuentas”.

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El temor de salir por parte de los vecinos complicaba las ventasChristian Vinueza
Credenciales. Ruales es doctor en Medicina y tiene una maestría en Investigación y Administración de la Salud.

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El mismo viacrucis vive Aracely Alfonso, de 43 años, pero añade que el cuadro empeora cuando se tiene deudas vencidas con la banca o con casas comerciales. “Desde la pandemia todos quedamos endeudados, y por más que uno quiera ponerse al día, no se puede, porque es poco lo que deja el negocio y con eso se come y se paga la educación de los niños. Y si por ahí queda algo, pasa que o nos enfermamos, o tenemos que trabajar menos horas porque en la noche es peligroso por la delincuencia. Y para rematar, cada vez y cuando hay paro, eso es una raya más al tigre, ya no se puede estar tranquilo”, cuenta Aracely, y agrega que ha intentado adquirir un crédito para inyectarle capital a su negocio de vitrinas, pero no logra aprobar los requisitos por estar en central de riesgo.

Hay otras familias que, pese a las circunstancias, agradecen por lo poco que tienen y “esperan en Dios” hasta que la situación mejore. Es el caso de Blanca Reyes, de 56 años, quien contó a este Diario que desde hace varios años la inestabilidad económica se percibe en su hogar. “Hay días en los que no se come, a más de un té y un sánduche que se hace para todos aquí en la casa. Como también hay días en los que se hace alguito en el negocio y se puede almorzar sopa y arroz con algo más. Hay días y días, pero siempre digo: Dios es bueno y Él nos ha bendecido con salud hasta ahora, ya mejorarán las cosas para todos”, augura muy tranquila Aracely, quien vive con sus nietas y sus dos hijos en una vivienda ubicada en el norte de Guayaquil, lugar donde también funciona su negocio de venta de cuadros decorativos que realizan sus hijos.

“Cuando hay paralizaciones aquí no hay circulación de carros. Tampoco había plata para arreglar llantas y otras cosas. Todavía no he recuperado nada desde 2019, deben terminar las paralizaciones para recuperar”.

Jorge Lirio
​dueño de vulcanizadora

Aracely cuenta que muchas veces ha pensado en cerrar porque “no se vende nada”, pero al ser el único sustento que tiene, prefiere esperar “porque algo deja”.

Y es que la economía familiar, esa que se sostiene con el esfuerzo del día a día, es aún más inestable ante la falta de oportunidades. Así lo refiere Nixon Veloz, de 18 años, quien asegura que sus planes se han visto frustrados porque “siempre quise terminar el bachillerato para poder ir a trabajar y ayudar a mis papás, pero no logro encontrar al menos una oportunidad”, cuenta Nixon, quien optó por emprender en un negocio de venta de panes junto a su hermana, para contribuir con los gastos de casa.

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A Nixon no solo le preocupan las cuentas de casa, también la salud de sus padres, quienes se dedican al comercio informal, porque “nosotros no tenemos seguro social y tampoco confiamos mucho en los subcentros de salud porque nunca hay nada, ni paracetamol. Por eso tratamos de ahorrar lo más que se pueda, comprar la comida y pagar los servicios básicos, nada más; lo que queda se guarda para ellos, porque uno nunca sabe cuando puedan enfermar”.

Las deudas que se arrastran desde la pandemia, la inestabilidad laboral y la falta de oportunidades impiden el desarrollo económico de estas familias, pero también la de los pequeños comercios que son el sustento de hogares que, en mucho de los casos, suelen vivir con 5 dólares diarios. “Si se desayuna, no se almuerza, y la merienda es agüita de algo con pan, no hay más”, cuenta Mercedes, madre de tres niños, quien se gana la vida aplicando sueros e inyecciones.