Violencia delictiva se expande a gasolineras y zonas universitarias de Quito
Disfraces de repartidores y nuevas tácticas marcan los asaltos en Quito. La reducción de delitos no refleja la percepción de inseguridad de la ciudadanía

La puerta de vidrio de la gasolinera quedó destruida tras el asalto; ahora una lámina plástica cubre el acceso de la cafetería ubicada en la gasolinera.
Lo que debes saber
- Un intento de asalto armado en una gasolinera del norte dejó daños visibles y temor entre trabajadores. Los sospechosos huyeron tras un enfrentamiento con un policía
- Aunque cifras oficiales reportan menos delitos, trabajadores y ciudadanos alertan que la violencia y nuevas modalidades incrementan la sensación de inseguridad
- Expertos advierten una expansión progresiva de la violencia en la capital y aunque no alcanza los niveles de la Costa, las bandas delictivas se adaptan
Los trabajadores de una gasolinera ubicada en el norte de Quito aún evitan hablar. El temor persiste tras el violento intento de asalto registrado la madrugada del domingo 26 de abril de 2026.
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En el lugar, las huellas del hecho siguen intactas: el vidrio de la puerta principal permanece destruido y ha sido reemplazado por una improvisada lámina plástica que apenas cubre el acceso.
El silencio entre los empleados no es casual; responde al miedo que dejó una escena marcada por la tensión y el uso de armas de fuego. Según información policial, cerca de las 00:10, un agente que se encontraba en el sitio intervino al observar que uno de los sospechosos mantenía sometida a una ciudadana mientras anunciaba el asalto.
Durante el procedimiento se produjo un forcejeo en el que uno de los implicados realizó varias detonaciones con una pistola. Ante la amenaza, el uniformado hizo uso de su arma de dotación con el objetivo de neutralizar el riesgo y proteger a las personas presentes.
Pese a la intervención, los sospechosos lograron huir en una motocicleta con rumbo desconocido. La Policía Nacional mantiene operativos en distintos sectores del norte de la ciudad para identificar y localizar a los responsables, aunque hasta el momento no se han reportado detenciones relacionadas con este caso.
Gasolineras, un objetivo recurrente
Este hecho no es aislado. Desde inicios de abril, los reportes de ataques a estaciones de servicio han sido recurrentes. Incluso, cuatro gasolineras del norte fueron asaltadas en un lapso de apenas 25 minutos.
Los delincuentes, que se movilizaban en motocicletas y se hacían pasar por repartidores, utilizaban mochilas de delivery para no levantar sospechas. Las cámaras de seguridad registraron cómo se acercaban a los despachadores, los amenazaban con armas de fuego y sustraían dinero en efectivo, celulares y pertenencias personales.
En uno de esos casos, ocurrido en el sector de La Y, un trabajador se resistió y roció combustible a uno de los atacantes, cuando este lo apuntaba con un arma. El delincuente, sorprendido por la reacción, optó por huir sin concretar el robo. A pesar de ese acto de defensa, el miedo se instaló entre los empleados.

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En esa estación, al menos dos trabajadores renunciaron tras el asalto, evidenciando el impacto psicológico que generan estos episodios.
“Siempre son robos violentos, con armas”, relata Andrés (nombre protegido), quien lleva casi cinco años trabajando en una gasolinera del sector.
Según cuenta, el establecimiento ha sido asaltado al menos cinco veces durante ese tiempo. “Se maneja dinero en efectivo, eso nos vuelve un blanco fácil”, explica. Añade que los empleados más nuevos suelen ser los más afectados emocionalmente y, en varios casos, deciden abandonar el trabajo tras vivir una experiencia de este tipo.
Lógica de “delitos de oportunidad”
La sensación de inseguridad se agrava por la falta de presencia policial sostenida. “Hubo patrullajes unos días después del robo, pero luego desaparecieron”, afirma otro trabajador, quien también admite sentir temor constante. “Trabajamos con miedo; cada moto que se acerca genera tensión. Sabemos que pueden estar armados”, dice.
El problema, coinciden expertos, responde a una lógica de “delitos de oportunidad”. Según Jean Paúl Pinto, analista en seguridad, las gasolineras se han convertido en objetivos frecuentes debido a su operación ininterrumpida y al manejo constante de efectivo. “Los delincuentes identifican espacios donde hay vulnerabilidad, especialmente en horarios nocturnos. No es casualidad que estos ataques ocurran cuando hay menos afluencia de personas”, sostiene.

Casos de escopolamina en la calle Ulloa preocupan a estudiantes, quienes advierten mayor riesgo y se mantienen en constante estado de alerta.
Pinto advierte, además, sobre el uso de nuevas modalidades delictivas, como el disfraz de repartidores o el empleo de sustancias como la escopolamina, que ha comenzado a detectarse en zonas cercanas a universidades.
Casos de escopolaminados
En la calle Ulloa, junto a la Universidad Central, dos jóvenes fueron víctimas de robo bajo esta modalidad, lo que ha encendido las alertas entre estudiantes y autoridades.
Brittany Morales, estudiante, asegura que la inseguridad en la zona ha escalado de forma preocupante. “Antes eran robos de celulares, ahora ya hay casos con escopolamina”, señala. Su compañera Myriam López coincide: “La falta de control y de presencia policial hace que estos lugares se vuelvan atractivos para los delincuentes, especialmente en la tarde y noche”.
Según la plataforma interactiva Seguridad Quito DataHub, la capital registra una disminución del 30% en delitos de alto impacto ciudadano -como robo a personas, autopartes, motocicletas, unidades económicas y domicilios- al comparar los datos del primer bimestre de 2026 con el mismo período de 2025. Sin embargo, esta reducción estadística no se traduce necesariamente en una percepción de mayor seguridad entre los ciudadanos.
Para el general en servicio pasivo, Abraham Correa, la situación refleja una expansión progresiva de la violencia en la capital. “Quito no tiene los niveles de violencia de ciudades de la Costa, pero los delitos están aumentando: asaltos, secuestros, robos a entidades financieras. Las organizaciones delictivas se mueven y se adaptan”, indica.
Pinto enfatiza que, aunque la Policía ha logrado resultados importantes, la falta de coordinación entre instituciones y la reacción tardía frente a nuevas modalidades delictivas permiten que estos grupos operen con relativa facilidad. “Se necesita una estrategia integral, con articulación entre el Estado, el municipio y el sector privado”, concluye.