Petro lo libera, Noboa no actúa: claves del caso Massuh y la extradición fallida
El trámite de extradición del principal implicado del caso Encuentro fue archivado: la consecuencia inevitable de no haber movido un solo dedo durante 9 meses

Gabriel Naim Massuh Villarruel, alias El Turco, es uno de los sospechosos investigados por el caso Encuentro.
Lo que debes saber
- Archivan extradición de Naím Massuh tras asilo en Colombia; CNJ Ecuador cierra trámite.
- Detenido en enero 2025 en Colombia y liberado en octubre tras otorgársele estatus de refugiado.
- El caso se suma a fallas de extradición de Tiguerones, Gjika y Luque; trámites oficiales sin avances.
El archivo del trámite de extradición de Naím Massuh, una de las figuras clave de la mafia ecuatoriana, sella un nuevo caso de impunidad en la reciente historia de la supuesta lucha del Estado ecuatoriano contra el crimen organizado.
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Verdad es que a Marco Rodríguez, el presidente de la Corte Nacional de Justicia, no le quedaba alternativa: una vez que Colombia decidió conceder asilo a Massuh, no cabía esperar extradición alguna.
Lo cierto es que, con éste, suman al menos cuatro los casos de presuntos mafiosos detenidos en el extranjero cuya extradición se ve frustrada o retrasada por razones difíciles de entender, algunos de los cuales son profundamente sospechosos.
Las extradiciones que el Gobierno ha dejado pasar
Para empezar está el Negro Willy, máximo cabecilla de los Tiguerones, a quien la justicia de España, país en el que fue detenido, puso en libertad cuando el gobierno ecuatoriano dejó caducar los plazos para la entrega de requisitos y garantías que exigía su proceso de extradición.
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Ya puede el ministro del Interior, John Reimberg, rabiar todo lo que quiera: lo cierto es que el Negro Willy se le escapó por su propia (y sospechosa) negligencia.
A este caso se suma el del narcotraficante albanés Dritan Gjika, detenido en Emiratos Árabes Unidos en mayo de 2025 y cuyo proceso de extradición se mantiene desde entonces en desesperante inmovilidad.
Por no hablar de Hernán Luque, implicado con Massuh en el caso Encuentro: guarda prisión domiciliaria en Argentina desde febrero de 2024, cuando la justicia de ese país concedió su extradición. Ni siquiera Diana Salazar, la fiscal general que lo procesó y hoy ocupa el cargo de embajadora en Buenos Aires, ha sabido, o podido, o querido acelerar el trámite que ya lleva estancado casi dos años y medio.
La polémica decisión de Petro
A Massuh, que tenía y sigue teniendo difusión roja de Interpol, lo detuvo la Policía colombiana, con fines de extradición, el 23 enero de 2025. Qué tramites efectivos hicieron el gobierno y la justicia del Ecuador durante los siguientes nueve meses para acelerar esa extradición ya concedida, es un misterio.
O quizá no: es harto probable que no hayan hecho absolutamente nada; de otra manera no se explica que el 30 de octubre el fiscal general de Colombia cancelara la orden de captura por habérsele concedido el estatus de refugiado y lo pusiera en libertad.
¿Wong no se enteró del trámite de Massuh?
¿Así de fácil es burlar a la justicia ecuatoriana? ¿No se enteró Arturo Félix Wong, insólito embajador del Ecuador en Colombia, de lo que estaba ocurriendo o sí se enteró y no movió un dedo?
Lo de Colombia es inaudito: una cosa es que el gobierno de Gustavo Petro pretenda asilar a Jorge Glas, que al fin y al cabo es un político de su misma tendencia y fue vicepresidente de la República; que reclame persecución política en su contra y grite ‘lawfare’ a los cuatro vientos.

El exministro y exsecretario Arturo Félix Wong es embajador de Ecuador en Colombia desde enero de 2025.
Las diferencias entre Massuh y el caso de Glas
Eso, aunque sepamos que Glas está preso por corrupto, es perfectamente predecible y hasta se puede entender: tiene su explicación política. Pero… ¿Massuh? ¿En serio Colombia encontró justificaciones para conceder el estatus de refugiado a uno de los nombres clave de la mafia ecuatoriana, un sujeto sin el menor peso político y conocido exclusivamente por sus relaciones con el crimen organizado? ¿Y qué justificaciones son esas?
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La Corte Nacional quiso saberlas y dirigió una consulta a las autoridades colombianas. Según reportó Ecuavisa, la Cancillería colombiana respondió que esa información es confidencial. No cabe imaginar peor respuesta (o mejor, según se mire) cuando de Massuh se trata: lo que está diciendo el gobierno de Colombia es que sus relaciones con este mafioso son secretas.
Una extraordinaria manera de autorretratarse que pone en duda todo lo que el delirante señor Petro ha dicho y hecho a favor de ese otro delincuente al que concedió la nacionalidad colombiana en un desesperado intento por ayudarlo (Jorge Glas) y que lleva a preguntarse de veras qué diantres hizo durante sus dos días de encerrona en Manta (aunque algo ya sabemos gracias al reportaje de Código Vidrio, Vistazo y Primicias, y no habla muy bien del presidente colombiano).
Massuh, la narcopiscina y Norero
Massuh (hay que decirlo antes de que Petro confunda los papeles) no tiene otra fama en Ecuador que aquella que le reportan sus vínculos con el crimen organizado.
Parece que al señor Petro esos vínculos le gustan: no sorprende a nadie. Pieza central del Caso Encuentro, en el que aparece como presunto operador clave o nexo principal de la estructura de corrupción en el sector eléctrico, especialmente en la Corporación Nacional de Electricidad (CNEL), Massuh se hizo famoso por ser el presunto autor (léase: fotógrafo) de la foto más importante de la década (Petro haría bien en enterarse): aquella de los tetones de la narcopiscina.
Más claro: si Massuh no está entre los tetones (que podría estarlo, con sobra de merecimientos anatómicos) es porque estaba tomando la foto. El hecho es que participó de la misma fiesta.
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El angelito al que Gustavo Petro concedió refugio era el intermediario entre empresarios y funcionarios para obtener contratos o beneficios económicos indebidos y supuestamente influir en nombramientos. Lo delatan cientos de horas de grabaciones de audio y video hechas por él mismo en su propia casa.
Además, su nombre aparece una y otra vez en los chats del caso Metástasis, en relación con los también mafiosos Leandro Norero y Xavier Jordán. Un perfil ni remotamente aproximado al que la República de Colombia exige para otorgar el estatus de refugiado, a saber: persecución por motivos de raza, nacionalidad, ideología, religión, etc.; haber abandonado el propio país por encontrarse en peligro de vida (lo cual no equivale a ser prófugo de la justicia); ser víctima de persecución política, etc.
Todo lo cual es una burla al derecho internacional perpetrada por un gobierno, el de Petro, que demasiados intereses parece tener con las mafias que operan en Ecuador.
Sin embargo, han pasado seis meses desde la concesión de asilo a un prisionero cuya extradición estaba autorizada y la cancillería de Daniel Noboa no ha movido un dedo. Como no lo movió tampoco durante los nueve meses previos en los que dejó enfriar el trámite de su devolución al Ecuador. Uno los ve coincidir en asuntos tan sensibles y se preguntan por qué diablos se pelean.