Quito

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Figuras. Isaac Leime, de 10 años, y Marjorie Cuesta, de 23, son alumnos de la Escuela Taurina Señor de la Buena Esperanza.Karina Defas

Píntag: tierra de Toreros

Una generación de jóvenes chagras sueñan con ser matadores. Una escuela taurina sobrevive en un entorno de prohibiciones  

A 30 kilómetros de Quito está Píntag: “la tierra del cóndor, el chagra y el toro bravo”. El campo, el viento gélido de los volcanes Antisana y Cotopaxi, los atardeceres de colores, sus montañas y un pan llamado Carlitos son el orgullo de su gente.

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En ese rincón campestre sobrevive la pasión por las corridas de toros, los concursos de lazo, las montas y los toros populares. Al ser una parroquia rural del Distrito Metropolitano de Quito, los espectáculos que incluyan animales domésticos o silvestres están prohibidos.

La restricción, lejos de matar el deporte, dio vida a la Escuela Taurina Señor de la Buena Esperanza. El novillero Fernando Ordóñez la abrió en 2018, cuando las escuelas de la capital cerraban, las ganaderías de toro de lidia se convertían en haciendas de ordeño y la emblemática Plaza de Toros Quito ya había caído en el abandono.

“El camino es cuesta arriba, pero las dificultades me motivan a esforzarme más por mis sueños”, dice Marjorie Cuesta, conocida en el mundo del toro como “la novillera de Píntag. A sus 23 años ya es profesional y corre hacia la meta de dar al Ecuador su primera matadora.

Como todo deporte se requiere de disciplina, sacrificios, valentía y de riesgo. Una vez un novillo le dio una cornada. 17 puntos y una cicatriz en la pierna le recuerdan su lema: “valor, respeto y afición”.

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Ruedo. Isaac torea un novillo de la hacienda de Bladimir Acosta.Karina Defas

En el mismo camino hacia convertirse en torero profesional está Isaac Leime, de 10 años, otro alumno de la escuela. Oriundo de Píntag dice que desde que tiene memoria le apasionan los toros y la vida del campo. “Al principio me gustaba torear a los borregos de mis abuelos, creo que ahí nació la pasión”.

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Una generación de futuros toreros, niños entre 8 y 12 años, recibe clases cada fin de semana. La mayoría de los entrenamientos se realizan sin toros, pues buena parte del tiempo dedican a ejercitar su cuerpo. Corren, hacen ejercicios de gimnasia, pulen sus movimientos con el capote. Aprenden los pases, lances y los términos taurinos.

Solo hay una cosa que no pueden aprender sin pisar un tentadero: conocer al toro. Por la prohibición que rige en Quito muchas veces les toca desplazarse a otros cantones cercanos como Sangolquí o Mejía, donde las corridas no están prohibidas.

Esta generación de chicos tienen cualidades para ser figuras, pero aquí no hay apoyo y por eso les toca ir a otros países

Fernando Ordóñez - director de la Escuela Taurina

Solos, frente a un novillo aprenden a forjar su carácter, a plantar la mirada al animal, calcular sus movimientos, a esperar sus embestidas y a no dudar.

El domingo 29 de enero, la Escuela Taurina Señor de la Buena Esperanza hace una clase práctica. Marjorie se prepara para una serie de corridas en Perú e Isaac debutará el próximo 18 de febrero en traje de luces, en El Chaco (Napo). Vestir ese traje, cuyo costo va desde los 900 dólares, es un gran acontecimiento en su corta carrera.

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Valor. El niño se presta para salir al ruedo.Karina Defas

El ganadero Bladimir Acosta presta uno de sus bravos novillos, de buen encaste. El empresario es un aficionado taurino. La pasión la heredó de su padre ya fallecido, cuyo sueño siempre fue tener una ganadería y dar toros al pueblo.

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“La Constitución dice que si a una persona le gusta el fútbol tiene derecho a disfrutar de ese deporte, puede ir al estadio, ver desde casa o ser un jugador. Asimismo queremos que se nos respete que a nosotros nos gustan los toros”, dice Acosta, quien, pese a los constantes operativos de control está empeñado en fomentar la afición.

Marjorie e Isaac ya están listos para comenzar el ruedo. Visten sus trajes camperos. Primero va Marjorie. El profesor Ordóñez da las instrucciones. La experiencia de la joven es evidente. Fija su mirada con la del novillo. Da volteretas con presión, el toro la embiste y ella logra sacar varios lances con su pesado capote.

Es el turno de Isaac. Lleva la muleta roja. Logra la atención del toro, hace sus pases, pero duda. Un error e Isaac cae al suelo cerca de las patas del toro. Se queda en completa quietud mientras lo espantan. Se levanta y con más coraje vuelve al ruedo. Así se forjan los toreros pinteños. 

Mis papás me apoyan; mi abuelito me dice que no pierda la afición, quiero ser un gran torero matador para orgullo de Píntag

Isaac Leime - becerrista