Quito

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Norte. El parque de la Pedro Cornelio y Julián Arbaiza tiene cerramiento y no todos los vecinos están conformes con ello.Karina Defas / Expreso

Parques cercados en Quito, ¿seguridad o abuso del espacio público?

Vecinos han cercado ciertos parques, pero no todos apoyan la idea. Buscan frenar la inseguridad y mejorar la convivencia.

Llegar a un parque y encontrarlo cercado y cerrado con llaves es una escena que despierta distintas sensaciones en la gente, todo depende de la perspectiva. Por un lado, están quienes defienden el derecho de usar un espacio público sin restricciones y por otro quienes buscan sitios al aire libre en donde puedan sentirse seguros y en paz.

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En una época en la que la percepción de inseguridad crece debido al incremento de la violencia en el país, la comunidad se enfrenta a dos conceptos distintos de seguridad en el espacio público: apropiarse de él, ocupándolo y evitando el mal uso o cercándolo para elegir quiénes pueden visitarlo y quiénes no.

Las razones

Para el urbanista Hernán Orbea, hay que recordar que los parques son el escenario de la cohesión social. Las personas los visitan “por el mero deseo de estar con los demás, compartir pequeños núcleos con los núcleos mayores del vecindario, del barrio, de la ciudad”. 

En ese sentido, el profesor principal de la PUCE señala que no se debe pensar si cerramos o abrimos los parques, sino en cubrir los tiempos en los que estos quedan a merced de patologías sociales para salvaguardar a la gente y asumir que, como comunidad, tenemos derechos, pero también responsabilidades.

La comunidad que tiene servicio que el Estado está obligado a brindar, puede coadyuvar en preservarlo. “Se puede contratar vigilancia a cargo de los vecinos y el Municipio, por ejemplo, es una forma de empoderamiento. No es no reconocer derechos sino dar responsabilidades para una actitud más constructiva”.

Los espacios públicos

EXPRESO visitó cinco parques cerrados y dos abiertos. Un caso, en la Brasil y El Cóndor, no solo tenía puerta y candado sino que tenía una clave que solo los miembros de un chat conocían, porque pagan una cuota. Un vecino llevó a pasear a sus perros allí. Él es usuario desde hace dos meses y relata que, mientras usa el parque, nadie más puede entrar con perros, para poder dejarlos libres sin que haya conflictos con otros. 

Antes, cuando tenía solo un perro, lo llevaba hasta otro parque abierto, en la calle Zamora, pero una vez, cuando volvía a su casa, lo asaltaron. “Uno actúa en función de sus necesidades, ahora me conviene esto, para cuidar mejor a mis perros. Sería chévere que el parque estuviese abierto y sin restricción de tiempo, pero ahorita me sirven las reglas de buena convivencia que tenemos aquí”. 

Sin embargo, sobre este sitio hubo recientemente una polémica en redes sociales, porque no toda la gente coincide en que un parque cerrado sea la mejor opción porque las personas dejan de usarlos, como en un parque en la calle Mozart y Beethoven, que tenía dos puertas con candado. Al final de unas gradas, había una lata de cemento de contacto tirada en el piso y huellas de una fogata apagada recientemente, junto a un refugio con ropa adentro. Adentro, había un parque bien cuidado, con césped cortado pero nadie usándolo. 

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Abandono. En la Beethoven y Mozart hay un parque cerrado y desolado.Karina Defas / Expreso

En la calle Pedro Cornelio y Julián Arbaiza, otro parque tenía mallas y una puerta con cadena y candado. Se conecta directamente con 13 casas con una edificación donde funcionaba una institución educativa. La tarde del miércoles, apenas cuatro niños jugaban mientras una mujer paseaba a sus dos perros y un hombre caminaba con el suyo. No había nadie más en plena tarde de verano. Algo similar ocurría en otro parque en la Arbaiza, junto a la cancha de la Liga Barrial Integración Amistad.

David Guzmán era uno de los usuarios y afirma que para él ha sido una gran diferencia visitar este parque cerrado frente a los de San José de Morán, en donde prefería no pasear, pues había muchos libadores y delincuencia. Ahora sale tranquilo y permite que su niña se divierta en los juegos. 

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Unas cuadras al sur, en la Pedro Cornelio, entre Agustín Segarra y José María Bidaurre, se veía un parque abierto sin restricciones que tenía mucha más gente: adultos mayores conversando en las bancas, gente caminando o cicleando por los senderos, un grupo jugando en las canchas y unos niños usando los juegos infantiles. 

Ana Chérrez, quien tiene décadas viviendo en el sector, cuenta que el parque de la Cornelio y Arbaiza era abierto en sus primeros años. Ella recuerda que cuando se instaló la institución educativa lo cerraron y nunca se abrió. La mujer no conoce quién tiene la llave y en algunas ocasiones ha intentado entrar y no ha podido. Si bien valora que el parque se mantiene en buen estado, según su criterio, un punto intermedio sería tener información abierta para acceder al parque y así sentir que le pertenece a todo el barrio. 

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Bonanza. Ese parque, en el norte de Quito, es abierto y también es más concurrido. Está a pocas cuadras de otros dos que son cercados y a los que menos gente visita.Karina Defas / Expreso

Este Diario solicitó a la Agencia Metropolitana de Control (AMC) información sobre cuántos parques se encuentran cerrados en Quito y si existe algún procedimiento para solicitar un permiso para cercar un espacio público. Sin embargo, hasta el cierre de esta nota, no recibió una respuesta.

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