
El infierno del infierno
ANÁLISIS. Creer que no toca a Ecuador sería un error. América Latina ha sido escenario de intentos de influencia externa
Vamos a sumergirnos en una región que muchos ecuatorianos sienten lejana, pero cuyo temblor puede alterar el equilibrio del siglo XXI y que ya nos afecta, de cierta manera, en nuestra sociedad, en el crimen y hasta en la educación universitaria.
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En 1893, Sir Mortimer Durand trazó una línea sobre un mapa colonial. La historia la conoce como la Línea Durand. Con ese trazo dividió al pueblo pashtún: mayoría étnica de Afganistán y una de las comunidades más numerosas dentro de Pakistán, en una especie de línea imperial que fracturó la nación étnica del Pashtunistán en dos Estados.
Cuando Pakistán nació en 1947, tras la Partición de la India, Afganistán fue el único país que votó contra su ingreso a las Naciones Unidas. Kabul nunca reconoció plenamente esa frontera. Desde entonces, la desconfianza ha campeado a sus anchas por aquella región del mundo.
Pakistán, enfrentado históricamente a India, desarrolló la doctrina de “profundidad estratégica”: necesitaba un Afganistán alineado para no quedar cercado. En los años noventa apoyó el ascenso del Talibán, buscando estabilidad en su frontera occidental. Pero el radicalismo no obedece a quien lo impulsa y termina mordiendo la mano de quien le da de comer.
Recuerdo estar tomando café con un amigo cuando Estados Unidos empezó su rocambolesca retirada de Afganistán. Le dije que solo a un fanático radical se le puede ocurrir celebrar la victoria del Talibán sobre Estados Unidos y pensar que un Afganistán gobernado por los talibanes iba a garantizar “paz regional y justicia” era, en fin, una ilusión peligrosa.
Hoy el Tehrik-i-Taliban Pakistan, auspiciado por el régimen talibán, ataca al propio Estado pakistaní. En enero de 2023, un atentado suicida en una mezquita en la ciudad de Peshawar dejó más de ochenta muertos. En 2022 y 2023, Pakistán respondió con bombardeos en provincias del este de Afganistán como Khost y Kunar, alegando que combatía bases insurgentes.
En 2024 se registraron nuevos ataques aéreos, cierres del paso fronterizo de Torkham —Afganistán depende casi exclusivamente de la frontera pakistaní para su comercio— e intercambios de artillería en la provincia afgana de Nangarhar. Así que la guerra actual ya se venía gestando desde hacía años.
Pakistán, única potencia nuvlear en el mundo islámico
Y aquí está el hecho que transforma la dimensión del conflicto: Pakistán es la única potencia nuclear formal dentro del mundo islámico. Más de ciento cincuenta ojivas estimadas bajo un Estado que enfrenta insurgencia interna, tensión fronteriza y presión económica. Cuando un país con un arsenal estratégico de ese calibre vive una inestabilidad estructural que amenaza su propia existencia, la sola posibilidad de que ese arsenal nuclear caiga en manos yihadistas mantiene al mundo en vilo.
La región entera está en ebullición. Afganistán mantiene fricciones con Irán por disputas hídricas en el río Helmand —recordemos que la capital iraní vive meses de racionamiento de agua por el desabastecimiento crónico en gran parte del país, que prefirió invertir en el ejército y no en acueductos— y por profundas diferencias religiosas entre un talibán sunita y una república islámica chiita.
Irán, a su vez, atraviesa una fase de escalada regional con Israel y Estados Unidos, con ataques, represalias y operaciones indirectas que han elevado la tensión en múltiples frentes —incluidos ataques iraníes a países de su propia región que considera enemigos del chiismo y de su revolución—, lo que hace probable que se derive en una guerra abierta en estos días.
Asia Central y Medio Oriente funcionan hoy como un sistema interconectado de conflictos: fronteras coloniales no resueltas, rivalidades étnicas, insurgencias armadas, tensiones religiosas y potencias nucleares coexistiendo en el mismo tablero.
¿Puede esta tensión afectar a Ecuador y América Latina?
Creer que eso no nos toca sería un error. Porque el extremismo también circula mediante financiamiento, redes ideológicas, estructuras académicas y activismo transnacional. América Latina —incluido Ecuador— ha sido escenario de intentos documentados de influencia externa en organizaciones y espacios universitarios. Las redes financieras, políticas y discursivas del radicalismo son globales y buscan obtener ventajas estratégicas.
Pakistán creyó que podía gestionar el radicalismo, utilizarlo como herramienta y mantenerlo bajo control. Hoy combate incendios dentro de su propio territorio, mientras el riesgo estratégico crece a su alrededor.
Cuando se juega con el fanatismo como instrumento de poder, el incendio nunca se queda dentro de la frontera que uno dibujó en el mapa. Ese es el infierno del infierno.
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