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Realidad nacional

En el punto más álgido de la crisis, la aprobación de Lenín descendió a 24 % y la de Otto subió a 50 %.

El ecuatoriano no juzga al Gobierno, sino a personas. En el punto más álgido de la crisis, la aprobación de Lenín descendió a 24 % y la de Otto subió a 50 %. Esta relación se explica por dos razones: 

(i) las víctimas mortales como deficiencia del Gobierno. Otto no había formado parte del pasado, ni era responsable por la administración de la salud pública. Para el imaginario colectivo, él llegó a dar la cara. 

(ii) La ausencia inicial de Lenín. Pregunta: ¿cómo califica la gestión de su presidente? Respuesta: ¿qué presidente? Otto vino a suplir el vacío. Pese a sus limitaciones físicas, la opinión pública demandó la presencia del mandatario. Aquí resulta imperativa una pausa. La capacidad de reacción y rectificación de Lenín es asombrosa. Le dicen “dé la cara”, y se vuelve protagonista en las cadenas nacionales. Salen a la luz escándalos de corrupción en hospitales, y listo: decreto 1033, compra unificada de todas las medicinas. “¡No vamos a permitir actos de corrupción!”. 

Su ‘modus operandi’: reacción tras reacción. Esto nos indica su capacidad de escuchar y cambiar de dirección cuando resulta imperativo, una habilidad importante para sobrevivir en este país donde los enemigos planean su muerte cruzada y sus críticos proponen su sucesión; y para navegar en los mares de lo ingobernable. Quienes pidieron que el vicepresidente asuma el cargo, o hablaron desde cálculos políticos (quemar la figura de Otto para el 2021) o desde la inmadurez e ingenuidad política. Inmadurez, porque cambiar de presidente es validar la nociva cultura de “nos lo bajamos”. 

A ver si con esta lección pensamos más el voto. E ingenuidad, porque pensar que otra persona equivale a la solución, es solo eso. ¿O nos olvidamos que vivimos en el país de bloqueos partidistas en la Asamblea y de amenazas de huelgas y paro en tiempos de pandemia? No veo a nuestro vicepresidente listo para ese escenario tan maquiavélico. 

¿Entonces? Contamos con un presidente que actúa con el objetivo de estabilizar al país entre la tensión del contexto político y las demandas ciudadanas. Si lo logra habrá terminado su mandato. ¿Qué país entregará? ¿Y a quién? Lo discutiremos la próxima semana.