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Carmen Ojeda Oquendo | El mito del ‘cierre perfecto’ del año

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La compasión también juega un rol fundamental. No se trata de ‘conformarse’, sino de ‘mirarse con humanidad

Cada diciembre aparece la misma presión silenciosa: revisar las metas del año como si fueran una lista que debe estar completamente marcada antes de que llegue el 31. Lo que no se logró se vive como un fallo personal, y lo pendiente se convierte en carga. En consulta es común escuchar frases como: “este año no avancé lo suficiente” o “debería haber logrado más”. Esa autoexigencia, lejos de motivar, afecta la autoestima y obstaculiza la mirada real del propio proceso.

El mito del cierre perfecto sostiene una idea rígida: que un año ‘bien terminado’ es aquel en el que todo salió como se planificó. Pero la vida no funciona así. Hay metas que requieren más tiempo, proyectos que cambian de forma, circunstancias inesperadas y etapas emocionales que no piden permiso. Creer que todo debe resolverse antes de fin de año genera ansiedad, comparación y una sensación injusta de insuficiencia.

Desde la psicología se nos invita a recordar que el balance de un año no se mide por resultados, sino por procesos. Muchas veces, lo que no logramos también habla de nuestra salud: detenerse, priorizar otras áreas, escuchar el cansancio, afrontar pérdidas o simplemente reconocer que no era el momento. A eso le llamamos flexibilidad psicológica, una habilidad que protege de la frustración.

La compasión también juega un rol fundamental. No se trata de ‘conformarse’, sino de ‘mirarse con humanidad’. Preguntarse: ¿qué condiciones enfrenté?, ¿qué cambios atravesé?, ¿qué me enseñó lo que no salió como esperaba? Esa mirada amplia permite entender que no todos los ciclos cierran con el fin de un año y que no todo objetivo necesita cumplirse para tener valor.

Mirar hacia el próximo año desde la exigencia solo repite el mismo patrón. En cambio, planificar desde la honestidad implica establecer metas sostenibles, adaptables y coherentes con el momento emocional que vivimos.

El verdadero cierre llega cuando dejamos de perseguir la perfección y elegimos avanzar con paciencia, flexibilidad y respeto por nuestro propio ritmo. Y es justamente ahí, en esa elección tranquila y consciente, donde empieza el verdadero comienzo.