El legado olvidado de Santo Domingo: el desarrollo rural que transformó Ecuador
Los homenajes deben hacerse en vida y no cuando han pasado décadas y el olvido ha sido la respuesta; además, las generaciones presentes deben conocer su pasado

El esfuerzo conjunto de técnicos, obreros y la comunidad local que transformó la selva en el motor de desarrollo que hoy conocemos.
No hace mucho tiempo en Santo Domingo de los Tsáchilas se inauguró el centro comercial llamado Bombolí, nombre propio de la zona colorada; sin embargo, es importante retroceder para reconocer a ecuatorianos, agencias de desarrollo y al Estado.
¿De qué trata esto? A mediados de los años sesenta se ejecutó uno de los programas de desarrollo rural más ambiciosos del país por parte del Ierac, abarcando más de 150 mil hectáreas entre El Carmen (Manabí), Quevedo (Los Ríos) y Quinindé (Esmeraldas). Se construyeron carreteras, puentes, escuelas, centros de salud y centros de acopio y comercialización; además, se fomentó el cooperativismo y la cría de ganado bovino, porcino, entre otros.
El Banco Interamericano de Desarrollo otorgó al Ecuador su primer préstamo no reembolsable para el desarrollo de esta zona: seis millones de dólares (hoy equivalentes a unos 60 millones). Al concluir el proyecto se habían superado las metas en un 120 %. Cabe destacar también la colaboración del Cuerpo de Ingenieros Alemanes (hoy GIZ) y la Alianza para el Progreso, luego Usaid.
Resultados
Como resultado, este territorio dejó de depender del cantón Quito, pasó a convertirse en el cantón Santo Domingo y desde 2008 es la última provincia creada. Sin embargo, la fragilidad de la memoria de habitantes y autoridades no ha rendido justo homenaje al grupo de profesionales y técnicos que, junto a sus familias se trasladaron cuando era montaña y selva: ingenieros, topógrafos, cadeneros, operadores de maquinaria pesada, choferes, macheteros, maestros, médicos y enfermeras; muchos de ellos se radicaron allí para siempre.
Gracias a su esfuerzo, esta zona es hoy una región clave del Ecuador y no puede quedar en el olvido aquel trabajo conjunto, pues el éxito del proyecto facilitó la migración desde Manabí, Loja, Pichincha y otras provincias.
Los homenajes deben hacerse en vida y no cuando han pasado décadas y el olvido ha sido la respuesta; además, las generaciones presentes deben conocer su pasado y a los artífices de este cambio, base del desarrollo, riqueza y prosperidad que hoy goza Santo Domingo.
Wagner M. Mantilla C.