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Verónica Arévalo.
Verónica Arévalo.Cortesía

Verónica Arévalo: “El éxito no se debe medir a través del dinero”

Es médico veterinaria, pero el camino la llevó a trabajar por 12 años en diferentes áreas de la función pública. hoy emprende en su consultora

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Verónica tiene valentía para hablar, defender a otras mujeres y para ir tras sus sueños. Es médico veterinaria, pero se ilusionó con incursionar en otras áreas, entre esas, el sector público. Siempre está reinventándose y ahora emprende con un proyecto que apunta a las consultorías. Allí vive ese contacto con las personas que tanto le gusta.

Cuando se le pregunta qué llevó a una médico veterinaria a formar una consultora, relata una historia laboral que tiene tres partes: una clínica, la función pública y, después, los emprendimientos. Cada segundo en esos tiempos fue fundamental para crecer y descubrir sus talentos.

Dice que la maternidad y el trabajo llegaron al mismo tiempo. Cuando su hijo tenía 3 meses de nacido, ejercía su profesión en una clínica veterinaria. Pero todo cambió cuando aplicó a una convocatoria en el Ministerio de Agricultura, y fue seleccionada para trabajar en el desarrollo rural.

“Me tocaba tomar un bus en la terminal terrestre, después, al llegar a Daule, agarraba una tricimoto y me metía a los recintos en medio de la montaña. Fue un crecimiento hermoso como persona... De hecho, una vez me tocó ir a trabajar llevando a mi hijo y el cariño con el que lo recibieron las otras señoras fue espectacular. Ahí él aprendió a comer seco de gallina”, recuerda.

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Por un buen tiempo no hubo marcha atrás. Se quedó 12 años en el sector público y fue ascendiendo con base en su trabajo. Empezó como técnica, luego pasó a ser coordinadora en Pro Alimentos y abordó proyectos como la inclusión de frutas frescas en la alimentación escolar. Estuvo en otras áreas hasta que, en 2019, fue nombrada jefa política en la Gobernación del Guayas y luego gobernadora encargada.

“En todos esos años me di cuenta de que yo nací para esto, para estar en contacto con la gente, la ayuda social, la creación de programas. Y lo mejor de todo es que los trabajos fueron equipo. A mí, desde niña, me enseñaron que cuando uno cambia el ‘yo’ por el ‘nosotros’, todo es diferente”.

Pero Verónica también entiende de pausas.Hay que estar donde se quiere estar, y cuando tu corazón te dice ‘hasta aquí’, tienes que soltar”. Es por eso que, a finales de 2020, renunció a la función pública.

En honor a su padre

En estos años aprendió a escucharse para pulir mejor sus proyectos y lograr que estos lleven a un espacio de crecimiento. En su emprendimiento, Franver, ha podido hacerlo a través de las consultorías y asesorías.

“Todo lo hice con significado de mi papá. El logo es un pájaro carpintero, porque cuando él estuvo en terapia intensiva por la COVID-19, una de esas aves tocaba el vidrio de la ventana de mi cuarto. Y cuando él falleció, también lo vi... Entonces tiene un significado sentimental”.

La clave para sacarlo a flote, dice, fue analizar estrictamente lo que necesitaba invertir en ese momento. Ya tiene un año desde que inició su negocio y, al momento, ofrece asesorías a las constructoras, con respecto a los trámites administrativos municipales. “Es un tema que descubrí en el día a día mientras trabajaba en el sector público”.

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En temas que así lo ameriten, contrata los servicios de una arquitecta para interpretar la documentación que debe ingresar.

¿Cómo se siente ser ahora la jefa de sí misma? “Siento que he tomado el control de mi propia vida. Y eso lo logré con trabajo y dedicación... Es importante que cuando uno alcanza ese crecimiento personal y profesional, se lo replique a sus hijos para que, más adelante, ellos se sientan seguros de emprender”.

Espera que en unos años su emprendimiento se convierta en una empresa y pueda contar más arquitectas e ingenieras civiles.

Pero eso no es todo. “La idea es ayudar a más personas. El éxito no se mide a través del dinero, sino del impacto que generas en los demás. Es una cadena en la que todos crecemos... Y, siendo sincera, una de mis mayores visiones es que otras mujeres crezcan a la par que yo”, dice.

He tomado el control de mi propia vida. Y eso lo logré con trabajo y dedicación.

Verónica

Verónica está convencida de que nada de lo que ha ido dejando en el camino le quita valor. Una vez que renuncia a algo, se mentaliza para estar abierta a los cambios que le permitieran seguir creciendo. Es así que se sentó a plantearse que sería lo siguiente. Y volteó la mirada de nuevo a su carrera.

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“En los emprendimientos es importante unir todos tus conocimientos. Entonces armé un proyecto de bienestar animal (atención y brigadas veterinarias) y se lo vendí a los municipios, en ese caso fueron los de Daule y Samborondón”, comenta.

Empezó sola, siendo su propia jefa. Y así estuvo un año. “Atendía en los dos cantones. En la mañana me iba a Daule, luego a Samborondón. Aunque suene muy sacrificado, no me quejaba, lo hacía con una sonrisa... Mi papá crio a una guerrera”.

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Corría el 2021, y el 8 de mayo, una noticia atravesó su corazón. “Mi padre falleció y fue un tema que estoy aprendiendo a manejar”, reconoce. “Caí en un estado de depresión. Un amigo que conocía mi situación me hizo la invitación a trabajar en el Ministerio de Riesgo, para que vuelva a tener contacto con la gente”.

Ese nuevo empleo la llevó a Haití. Allí coordinaba la logística de entrega de ayuda humanitaria. “Con el trabajo y las ganas, volví a sonreír y recuperé el peso que había perdido por el cuadro depresivo... Eso, la sonrisa de mi hijo y mi madre fueron mi fortaleza”.

En el 2022 decidió renunciar y se animó a volver a emprender. “Si antes pude, no le vi inconveniente para volverlo a hacer”. Así formó Franver, una consultora cuyo nombre une la mitad del nombre de su padre, Francisco, y la mitad del de ella.

Verónica Arévalo.
Durante sus consultorías.Cortesía

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