Margarita Estrada: "En la cocina árabe descubrí mi lado artístico"

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Margarita Estrada: "En la cocina árabe descubrí mi lado artístico"

Ella prepara los dulces como se hacían antes y aplica los secretos aprendidos de su suegra.

Margarita Estrada, emprendedora. Prepara dulces árabes.
El destino la llevó a otras tierras y también a descubrir habilidades que desconocía.Isabella Gonzenbach (Ig: @fotografía)

Detrás de cada una de las delicias que prepara Margarita Estrada (45) hay toda una historia. Esta guayaquileña se fue adentrando de a poco en la repostería del Medio Oriente y fue descubriendo un mundo lleno de especias, aromas y sabores exóticos.

A las recetas que aprendió de su suegra le pone su propio toque y ahora también cautiva el paladar de otros.

Sobre cómo inició su gusto por la cocina confiesa que eso no estuvo antes entre sus aficiones. Ella se dedicó por años a trabajar en el área comercial de una empresa.

No fue sino hasta el año 2016 cuando, por un tema laboral de su esposo, la familia se mudó a Costa Rica. Hasta ese entonces, nunca había preparado un dulce. “Pero mi suegra es libanesa y se ha dedicado a este negocio de comida árabe por más de cuarenta años”.

Antes de dejar el país, le pidió que le enseñara algunas recetas. “Fue como una forma de sentirnos cerca” recuerda ahora.

Ya en el país centroamericano, entre prueba y error, iban saliendo de a poco los dulces. Su esposo era el principal catador. Los resultados cada vez eran mejores, hasta que llegó un punto en que él mismo la animó a venderlos.

Fue así como empezó esta aventura de la que no se arrepiente. Por el contrario, se siente orgullosa de los resultados.

EMPEZAR DESDE CERO

Para empezar con su negocio, Margarita empezó desde cero. En un país que no es el suyo, puso las manos en la masa y avanzó.

Fue complicado porque era en otro país y mi círculo era muy reducido. Y además de eso, allá la comida libanesa no es muy conocida y tenía el reto de venderles algo que en su vida habían probado”.

Cuenta que no podía creer cómo un hobby se había convertido en un emprendimiento. Lo bautizó como Azahares y, en poco tiempo, vio la oportunidad de participar en ferias donde encontró un espacio para empezar a hacer su camino.

Cuando probaban mis dulces era algo mágico. Mas allá de la satisfacción que tuve, fue el hecho de que en la cocina árabe descubrí mi lado artístico; sobre todo con los postres que he creado”, asegura.

EL PODER DEL INSTAGRAM

Retornó junto a su familia a mediados del 2019 y con ello Margarita empezó a tener la inquietud de qué hacer. No quería continuar con la venta de dulces árabes porque a eso ya estaba dedicada su suegra.

En alguna conversación con ella, me dijo algo muy sabio: hay mercado para todo. Y eso es algo que lo he comprobado en la experiencia que tengo aquí. Siempre, en cualquier cosa que tú hagas, hay un pedazo de ti que se va a ver reflejado en el servicio, la atención, el empaque... Entonces ahí marcas la diferencia”, expresa.

Con la venia de su suegra, retomó su negocio. Para entonces eran los inicios del 2020 y, como a todos, le tomó por sorpresa el confinamiento al que obligó la pandemia. “Así fue cuando realmente conocí el poder de Instagram y las otras redes sociales. El crecimiento fue increíble, a tal punto que hoy la gente me escribe y me tratan como si fuese su amiga, porque hemos hecho una comunidad muy linda”.

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Desde entonces ha venido preparando dulces a un ritmo 24/7, ya sea que le pidan para eventos, obsequios o como postre en las comidas familiares no solo en Guayaquil sino en otras ciudades.

Hay veces que me he amanecido hasta las cuatro de la mañana haciendo pedidos. Y en fechas especiales se suma mi esposo en la cocina para ayudar a empacar”, comenta.

CON SABOR DE 'HECHO EN CASA'

Los frutos secos son básicos en la elaboración de todos sus dulces. El chessecake de baklava, el Azahariye o el baklava de pistacho son algunas de sus preparaciones con las cuales ha conquistado paladares.

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Me gusta que tengan ese sabor de hechos en casa. La idea es que recibas un postre como si yo lo hubiese hecho para mis hijos”, refiere.

Con esos sabores es fácil dejar que la nostalgia por los antepasados o por los viejos recuerdos familiares se haga presente.

Desde que me casé me empapé de la cultura libanesa. Sus reuniones siempre giran alrededor de la comida. El baklava los puedes encontrar en Líbano, Egipto, Grecia, Turquía y Siria y en cada país tiene un sabor distinto. Entonces el reto en la elaboración es grande”, confiesa.

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Entre sus anécdotas recuerda una que vivió en las ferias de Costa Rica. “Una familia se me acercó a preguntar si elaboraba ‘gripes’ y resultó que sí, porque esas galletas son las favoritas de mis hijos. Cuando el hombre probó, casi llora y me dijo: ‘esa galleta yo la comía en casa de mi abuela (libanesa)’. Me dio mucha ternura. Casi lo abrazo y lloramos juntos”, dice emocionada.

En definitiva, sus sabores hacen viajar por el tiempo. Y eso es lo que hace que sus dulces lleguen al corazón antes que al paladar.