Ocio

La nieta de Carolina Herrera (Carolina B. Lansing) y el diseñador Wes Gordon en Baile de las Debutantes en París
Carolina B. Lansing, nieta de Carolina Herrera, participó en el evento benéfico. En la foto, junto al diseñador Wes Gordon.IG; @lebal.paris

Le Bal en el Shangri-La: el baile de debutantes que reúne realeza y alta costura

El mítico baile de debutantes de París reúne aristocracia, creadores de moda y filantropía en una edición de glamour absoluto

El lujosísimo hotel Shangri-La, en París, volvió a convertirse este año en el telón de una ceremonia que mezcla nostalgia y control creativo: Le Bal des Débutantes, el icónico baile que cada temporada convoca a jóvenes de linaje, estilo y perfiles cosmopolitas para una noche en la que la coreografía social y la alta costura determinan el pulso de la velada. 

La edición reunió a diecinueve debutantes con edades que oscilan entre los 17 y 22 años, todas procedentes de familias reales, aristocráticas y de alto perfil empresarial y artístico, en una fórmula que Ophélie Renouard ha convertido en marca registrada.

Un ritual reinventado por Ophélie Renouard

Detrás de la impecable puesta está la visión de Ophélie Renouard, quien revivió y reeditó la tradición a comienzos de los años 90. Para Renouard, Le Bal no es sólo una fiesta: es una máquina social que selecciona, ordena y exhibe una élite transnacional por vía de la moda y la filantropía

Durante décadas afinó una coreografía donde cada gesto, paso y mirada está pautado: desde la entrada por la escalera hasta el vals final, todo apunta a preservar una estética de exclusividad. En su misma lógica, las casas de moda participan no para competir, sino para sostener una arquitectura visual que convierte vestidos en código social.

Line-up de debutantes y nombres que marcan la edición

La edición 2025 incorporó nombres que alimentan tanto la fascinación social como la cobertura mediática: Eulalia de Orléans-Borbón, estudiante en St. Andrews y figura de los círculos monárquicos, fue una de las protagonistas; también destacaron Lady Araminta Spencer-Churchill, nieta de la aristocracia británica, y descendientes de casas como la de Carolina Herrera, como Carolina B. Lansing

El casting del evento responde a una ecuación precisa: genealogía, proyección internacional y, en muchos casos, conexiones con el mundo del espectáculo y la moda.

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En Le Bal la alta costura no actúa como pasarela sino como infraestructura: nombres como Dior, Tony Ward, Vera Wang, Stéphane Rolland, Armani Privé y otros se encargan de vestir a las debutantes con piezas que responden a una dramaturgia visual. N

o se trata de exhibir colecciones, sino de inserir cada figura en un orden estético: el vestido, la joya, la caída y la postura se diseñan para que la imagen colectiva funcione como un retrato del poder contemporáneo. 

En muchas cobertura se destacan los estilismos precisos y la alianza implícita entre creadores y la directora del evento.

Filantropía y la cara pública del ritual

Aunque Le Bal exhibe toda la pompa del linaje y la alta costura, su otra cara es la recaudación benéfica: la gala destina fondos a distintas causas que varía entre una edición y otra.

Así, la ceremonia legitima su existencia pública bajo un matiz solidario. La mezcla de gala, prensa y filantropía funciona como el argumento público que sostiene un ritual privado de elite; una fórmula que ha permitido a Renouard mantener a Le Bal en el calendario internacional de eventos.

Coreografía social: el porqué de la fascinación

¿Por qué Le Bal sigue fascinando en la era de Instagram? Porque administra símbolos: linaje, moda, exclusividad y, sobre todo, una 'mise en scène' donde el tiempo parece suspenderse. La directora ha dicho en entrevistas que busca “actitud” más que perfección.

Esa sola frase resume a la perfección una intención: que las debutantes encarnen un estado más que una mera puesta en escena. En la práctica, la selección y la disciplina impuestas por Renouard garantiza que el evento mantenga su aura, aun cuando las críticas por su carácter elitista se asoman cada temporada.

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El elenco de esta edición dibuja un mapa del poder suave: jóvenes con biografías transnacionales, estudios en universidades de élite, lazos reales y empresariales. En los nombres y en los vestidos se lee un equilibrio entre tradición y cosmopolitismo. 

Daría la sensación de que la vieja institución se adapta al mundo globalizado sin perder su gramática de exclusión. El resultado es una ceremonia que funciona tanto como escaparate para casas de moda como laboratorio de imagen para las familias implicadas.

La controversia: ¿patinaje vintage o escena relevante?

No faltan voces críticas que señalan a Le Bal como un anacronismo de clase. Pero también hay quienes defienden el evento argumentan que su relevancia radica en la capacidad para articular moda, filantropía y relaciones públicas en un único formato. 

Para muchos diseñadores y maisons, Le Bal es una oportunidad para crear piezas únicas y asegurar un vínculo privilegiado con clientas de alto perfil. El debate, en todo caso, forma parte del encanto del ritual: la contradicción entre espectáculo y soberanía sigue siendo su mejor argumento mediático.

A pesar de las críticas, Le Bal des Débutantes en el Shangri-La sigue siendo uno de los hitos sociales que conjuga moda, linaje y caridad. La edición 2025 reitera el patrón: una selección rigurosa, vestidos de casas de renombre y una puesta en escena que transforma a las debutantes en piezas visibles de un tablero global. 

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