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Iñaki Urdangarin.
Iñaki Urdangarin, exesposo de la infanta Cristina.Instagram

Iñaki Urdangarin: “Nunca pensé que acabaría en la cárcel”

El excuñado del rey Felipe de España asegura que la condena fue desproporcionada y condicionada por su apellido

Todo lo vivido. Triunfos, derrotas y aprendizajes es el título del libro que Iñaki Urdangarin publicará el próximo 12 de febrero con Editorial Grijalbo. A lo largo de 295 páginas, el exduque de Palma ofrece un relato personal y cronológico de una vida marcada por ascensos fulgurantes y caídas estrepitosas: de joven de clase media y deportista olímpico de balonmano, a miembro de la familia real española, condenado por corrupción, preso y finalmente divorciado de la infanta Cristina.

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Con motivo del lanzamiento, El País Semanal publica una extensa entrevista tras haber leído el libro, centrada especialmente en el episodio más duro de su vida: su paso por prisión, una posibilidad que, según confiesa, nunca terminó de creer que se materializaría. Pero ocurrió. El 18 de junio de 2018, Urdangarin ingresó en la cárcel de mujeres de Brieva (Ávila) para cumplir una condena de 5 años y 10 meses por malversación, prevaricación, fraude, delitos fiscales y tráfico de influencias.

Sentencia desproporcionada

Una sentencia que, aún hoy, considera “desproporcionada” y dictada —según sostiene— “para contentar a la prensa, a los jueces, al fiscal, a la Casa Real y a una parte de la opinión pública”. Palabras que, previsiblemente, no dejarán indiferente a nadie.

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Para sobrevivir mentalmente entre rejas, Urdangarin se aferró a rutinas mínimas. El deporte fue su tabla de salvación, especialmente una bicicleta estática que tardó meses en conseguir. “Necesitaba irme a la cama cansado física y mentalmente para poder dormir y sentir que el día había valido la pena”, relata. El estudio y un curso de bienestar emocional, recomendado por una enfermera de la prisión, completaron su particular plan de resistencia.

Ese aprendizaje ha cristalizado en Bevolutive, su empresa de coaching personal, desde la que trabaja en Vitoria, ciudad elegida deliberadamente: cerca de su madre y lejos del ruido mediático. “Llevo una vida sencilla, casi monástica”, afirma.

"He aprendido a no gustar"

Urdangarin insiste en que ya ha pagado por sus errores y reclama el fin del estigma social: “Me gustaría que no lo hubiera, porque ya he cumplido”. Reconoce fallos, pero mantiene que su apellido pesó más que sus actos. “He aprendido a no gustar”, repite, consciente de que su figura seguirá siendo incómoda.

Uno de los capítulos más comentados es el dedicado a su vida sentimental actual. Por primera vez habla sin rodeos de Ainhoa Armentia, su pareja desde 2022. Reconoce que la relación salió a la luz antes de que pudiera explicarla a sus hijos y asume la responsabilidad: “Mi mala gestión de los tiempos y de la comunicación hizo que fuera demasiado doloroso para todos”.

Cuando habla de ella, el tono se suaviza. “Con Ainhoa, el mundo dejó de darme miedo para volver a parecerme un desafío emocionante”, confiesa, subrayando el papel clave que tuvo en su reconstrucción personal.

Evita el conflicto con Cristina

Sobre la infanta Cristina, de la que se divorció en enero de 2024, evita el conflicto y habla de una relación transformada: “Seguimos preocupándonos el uno por el otro. Deseándonos lo mejor”. Más distante es su vínculo con la familia real: mantiene contacto con Juan Carlos I y con la reina Sofía, pero no con Felipe VI.

El libro también reserva un espacio íntimo para su hija pequeña, Irene, de quien revela que padece dislexia, una dificultad de aprendizaje relacionada con la lectura y la escritura. Un detalle que humaniza aún más unas memorias pensadas, claramente, para ajustar cuentas con el pasado… y con la opinión pública.

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