
Gabriela Hansen Vik, de peinar en su cuarto a liderar marcas con identidad
Hoy sostiene dos negocios que conectan desde la confianza y la calidad: una peluquería que lleva su nombre y Keka Galleta
Gabriela Hansen Vik no concibe la vida sin crear. Emprender no fue una decisión tardía ni una moda de adultez: fue un impulso que la acompaña desde siempre. “El ser yo”, dice, es el hilo conductor de todo lo que ha construido.
Hoy lidera dos marcas consolidadas en Samborondón: su peluquería, que lleva su propio nombre, y Keka Galleta que es en sociedad con María José Franco, después de haber transitado incluso por una tercera aventura empresarial en el mundo de la moda. Cada proyecto, distinto en forma, pero con el mismo fondo: identidad, carácter y una conexión real con su comunidad.
Su historia emprendedora comenzó temprano. A los 13 años, en su propio cuarto y después de hacer los deberes, recibía a amigas para peinarlas. “Al principio no cobraba”, recuerda entre risas, hasta que esos pequeños ingresos se convirtieron en ahorros que años más tarde serían clave. Al terminar el colegio, ese dinero le permitió comprar tres sillas para abrir su primera peluquería. Desde entonces, la constancia ha sido su mejor aliada. Se especializó en New York, Houston, Miami y consolidó su nombre en el mundo del hairstyling. Su trabajo ha resaltado en portadas de revistas de GRANASA, editora de diarios Expreso y Extra.
Keka Galleta, en cambio, nació desde un lugar más profundo. No fue solo un antojo de cocina ni una oportunidad de mercado en plena pandemia, sino una salvación emocional. “Fue terapéutico”, confiesa. En un momento en el que sentía que “todo se venía abajo”, la cocina se convirtió en refugio y punto de partida. Volver a creer en ella misma fue el primer ingrediente. “De ahí se levantó todo”, dice. Y así, entre clases para ser chef, hornos encendidos, sabores intensos y una energía inquebrantable, Gabriela volvió a ponerse de pie, demostrando que a veces los proyectos más dulces nacen de las caídas más duras.
El oficio que lo inició todo
¿Desde cuándo emprende?
Desde los 13 años. Peinaba a mis compañeras del colegio en mi cuarto; se miraban en el espejo del clóset. Al inicio no cobraba, luego sí. Empecé con trenzas, moños… aprendiendo sobre la marcha. Con el tiempo ya no solo venían chicas, también señoras.
¿Cuándo abre su primera peluquería?
A los 19 años, con mis ahorros. Tenía tres sillas y un dispensador de papel higiénico. Así empezó todo. Con las ganancias comencé a profesionalizarme: viajé a Nueva York, Houston y Miami para especializarme en peinados, color y tratamientos. Todo lo que es cabello.

Algo interesante es que ha construido una comunidad desde hace más de diez años, primero desde el cabello y ahora también desde las galletas…
Totalmente. Esa comunidad ya sabe quién soy y reconoce mi estilo y mi personalidad en todo lo que hago. Es una ventaja enorme haber emprendido desde tan joven. Primero me confiaron su cabello y luego confiaron en todo lo que emprendí. El éxito fue ser yo misma: la gente conecta cuando eres auténtica.
¿Keka Galleta nace en un momento personal complejo?
Sí. Nace de una caída emocional fuerte. Este emprendimiento me levantó, me ayudó a volver a creer en mí.
¿La cocina fue una especie de refugio?
Total. Fue mi cable a tierra. Me ayudó a salir de un shock emocional, de sentir que todo se venía abajo. De ahí se levantó todo: la peluquería, mi creatividad.

Hoy mira atrás y…
Entiendo que de las crisis también nacen cosas hermosas. Si esto puede ayudar a otra mujer a no sentirse sola, ya valió la pena.
¿Cuál es la clave para sostener varios negocios en el tiempo?
Estar mentalmente fuerte. Innovar e invertir en publicidad sí o sí. Eso es clave para mantenerse, porque el mercado es muy cambiante y yo no quiero que mis marcas sean pasajeras, emprendí para quedarme.
Galleta con identidad propia
Desde el inicio, Gabriela apostó por una galleta con identidad, de esas que se reconocen apenas se parten con la mano: crujiente por fuera, suave por dentro y con sabores que se sienten de verdad. Hoy tienen 15 sabores y ediciones limitadas que cambian mes a mes. “La innovación lo es todo”, asegura.
Detrás de cada una hay ingredientes que van desde chocolates hasta toppings importados que no se consiguen localmente y una apuesta clara por no bajar la calidad. “Las cosas buenas cuestan”, dice sin rodeos. Hoy suma dos islas en dos centros comerciales de Samborondón confirmando que la marca no busca ser pasajera.
Créditos: Fotos: Miguel Canales. Producción : Gianella Muñoz. Maquillaje: Lyz Murillo (Ig@lyzmurillo.ec)
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