La crónica francesa, un juego de paisajes que emociona

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La crónica francesa, un juego de paisajes que emociona

Irreverente, vertiginosa, intrincada, impulsiva y cómica, esta cinta se convierte en una joya para quienes estudian cine.

La crónica francesa
Escena de La crónica francesaCortesía

Arthur Howitzer Jr. (Bill Murray), editor de la revista French Dispatch, muere repentinamente. De acuerdo a lo expresado en el testamento, la publicación se suspenderá luego de un último número, en el que se reproducirán tres artículos

El primero de ellos, La obra maestra del hormigón, escrita por J. K. L. Berensen (Tilda Swinton), se refiere a Moses Rosenthal (Benicio del Toro), reo asesino convertido en pintor; la venta de su cuadro lo hará famoso, gracias a Julián Cadazio (Adrien Brody), mercader de arte privado de su libertad por evasión fiscal.

Siguen con Revisión de un manifiesto, de Lucinda Krementz (Frances McDormand), periodista que perfila a estudiantes revolucionarios y con los cuales apoya a Zeffirelli (Timothée Chalamet).

El último es El comedor privado del comisionado de policía, por Roebuck Wright (Jeffrey Wright), en el que se analiza el secuestro de Gigi (Winsen Ait Hellal) y algunos envenenamientos.

Irreverente, vertiginosa. Intrincada, impulsiva cómica, inteligente y efervescente, así es La crónica francesa, filme que dirige Wes Anderson (El Grand Hotel Budapest) y que bien podría ser considerada la mejor que haya realizado. Su trama se convierte en homenaje al periodismo, a sus escritores y, más aún, hacia la palabra impresa, a esos reportajes del siglo XX en los que se debía tener una gramática y ética lindando con la perfección.

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Anderson es amigo del detalle y cada escena es un muestrario de su calidad visual. Observen con atención el despertar del villorrio Ennui-sur-Blasé (pueblo francés de ficción): amanece, una mujer sale a la ventana para limpiar su alfombra, luego aparece un individuo con su perro en pos de un árbol, el vendedor, etcétera, y así el espectador analiza la esencia del director, lo que muestra con tanta precisión. 

También es una lección de cine pues utiliza todos los ‘estilos’ de la cinematografía: secuencias en blanco y negro, a colores (siempre en tonos pasteles), teatro filmado, ‘live action’, dibujos animados, pantalla dividida y flashbacks. Con los últimos, logra nuevo éxito: el pasado en blanco y negro, la actualidad en colores …ambos al instante.

La narrativa ‘en off’ (con la voz de Anjelica Houston) suple a momentos el diálogo y tiene la habilidad suficiente para mezclar a perfección la imagen y el sonido. La música, siempre en cuerdas, afianza el sentimiento de los personajes y estos, a la vez, ostentan suprema elegancia.

Todo está llevándola al triunfo, pero… quedará en manos de una élite conceptual. El público amante de la diversión que presenta el cine actual podría encontrarla demasiado detallista, alucinante, desordenada, violenta, llena de comicidad, pero sin concesiones, de narrativa compleja y, repito, de gran composición visual. Pero esta es la película que debe ver todo estudiante de cine, todo periodista o ser humano que tengan curiosidad por el cine de Wes Anderson.

El reparto es impresionante pues está lleno de ganadores del Óscar y figuras del séptimo arte, a quienes reconocer es como jugar a las adivinanzas.

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Ejemplo: Saoirse Ronan da vida a una prostituta en secuencia de poca duración, en blanco y negro. En ese instante mira por un orificio para ver al secuestrado y la escena adquiere color, entonces vemos sus profundos ojos azules y la descubrimos.

  • Nota al margen

La película es un homenaje a la revista The New Yorker, a los periodistas y caricaturista (James Thurber) que la formaron y forman. Fundada en 1925 se especializa en publicar ensayos, crítica de arte, reportajes sobre investigaciones y ficción. El magazine hace gala de la calidad de sus periodistas.

  • CALIFICACIÓN. * * * * ½