Espíritus oscuros, más que una cinta de terror

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Espíritus oscuros, más que una cinta de terror

La película dirigida por Scott Cooper se basa en un cuento de Nick Antosca. En ella se analiza la negligencia paternal.

Espiritus oscuros
Espíritus oscurosCortesía

Julia Meadows (Keri Russell) es profesora en un pequeño pueblo del estado de Oregón (Estados Unidos), donde su hermano Paul (Jesse Plemons) es el alguacil. Ella se encuentra muy interesada en uno de sus estudiantes que, en comparación con sus compañeros, le trasmite una sensación de extrañeza. El niño, de 12 años, llama Lucas Weaver (Jeremy T. Thomas) y parece no tener familia.

El chicuelo, abstraído por naturaleza, dibuja con tintas negras y rojas monstruos extraños. Mientras tanto, Paul ha comenzado a investigar una serie de muertes que podrían haber sido causadas por un Wendigo, figura que aparece en la mitología de leyendas indígenas estadounidenses, así lo afirma Warren Stokes (Graham Greene), oficial de policía ya retirado.

Inquietante y satisfactoria es Espíritus oscuros, filme que dirige Scott Cooper y escribe C. Henry Chaisson basándose en el cuento Muchacho quieto, de Nick Antosca. Pero ellos no han creado tan solo una película de terror y suspenso sino que han hecho un análisis de la negligencia paternal, pero rezagándola para quedarse en el mundo del terror.

Pero eso es una gota de agua en este inmenso tanque de creaturas sangrientas, efectivas, grotescas; de una tensión que poco a poco van construyendo hasta fijar las cámaras en el oscuro secreto de Lucas. El libreto añade, sutilmente, las tendencias alcohólicas de Julia y el maltrato sufrido en su niñez. Muestra además un villorrio desbastado por las drogas, el licor, las familias que lo habitan y el intento preservacionista de sus habitantes.

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Debo mencionar el artístico efecto de los colores, de su fotografía (Florian Hoffmeister): ambiente brumoso, rojos ardientes para las bestias y los faros azules (y también rojos) de los carros patrulla realzan las imágenes. La música de Xavier Navarrete, el montaje y muchas de las secuencias enfriarán el cuero cabelludo de los asistentes.

Los dibujos realistas y macabros que se muestran sirven para imaginar a los monstruos y generan pavor, muestran la agonía que invade al chiquillo.

El suspenso es constante… mantiene las expectativas que del terror espera el cinéfilo y cual prologo muestran las atrocidades que los seres humanos han infligido en la tierra para más tarde, como quien no dice nada, mostrar animales, cadáveres humanos dejados a medio comer; esto va incrementando la trama y más aún cuando una voz señala: “Ellos tienen hambre, siempre tienen hambre” o “Se alimentan, no de la carne, sino del dolor”.

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En el campo de las actuaciones, la revelación es el pequeño Jeremy T. Thomas. Su imagen llena de suspicacia y tristeza, con el misterio rodeando su imagen, con sus ojeras y mirada temblorosa hace comprensible su angustioso vivir y a la vez muestra su respeto de hijo a padre, aunque eso le sea preocupante. Muy bien Keri Russell, sobre todo por el tono de voz: agradable al oído pero llena de autoridad, lo que debe tener una profesora.

El final parece indicar que habría una secuela.

Nota al margen. El monstruo creado por Guy Davis ingresa a la galería de figuras como Alien: el octavo pasajero, tal su arte y creatividad. No es de extrañar… uno de los productores de este largometraje es Benicio del Toro, A él se deben El laberinto del Fauno y La forma del agua… dos clásicos del cine actual.

  • CALIFICACIÓN: * * * * ½