
Crítica de Cine. Los huérfanos, ¿acción francesa con alma y venganza?
La acción francesa llega a Netflix con Los huérfanos, un thriller de venganza con mucha alma y emoción
Intensa, dinámica, de mucha acción e imaginada con astucia, Los huérfanos (Francia) gana estrellas por su encomiable guion y un montaje tan bien logrado que me es obligatorio decir lo fastidioso: los 20 minutos previos al final del largometraje (1:65) lo dejarán al filo de su asiento.
El argumento
Gabriel Stenne (Alban Lenoir) y Driss (Dali Benessalah), dos amigos de la infancia que se distanciaron tras dejar el orfelinato, llevan existencias diferentes. El primero es policía; y el otro, intermediario de sicarios.
Cuando Sofia Lakti (Naidra Ayadi), su primer amor, fenece en un sospechoso accidente, la hija, Leila Lakti (Sonia Faid), de 17 años, toma el arma de Gabriel y se lanza tras la pista del poderoso ejecutivo de una gran empresa, gente dispuesta a hacer cualquier cosa para encubrir el asunto.
Obligados, forman un equipo y los huérfanos tendrán que detener a Leila para evitar que cometa un acto irreparable. Pero no les resultará fácil, pues Christina Rovelli (Suzane Clément), madre de Mathias Rovelli (Guillaume Soubeyran), es todo peligro.
Los huérfanos: la crítica de Jorge Suárez
Lo más sorprendente de Los huérfanos es que el cine francés, creador del cine y de la Nueva Ola, haya decidido que filmar películas de acción, a lo Hollywood, no es problema. Y, además, le impone algo inesperado: le ha inyectado una dosis espiritual, le ha dado alma a través de sus personajes.
Ese conflicto emocional le permite distinguirse de las demás cintas del género que hoy presento. Si bien es cierto que el comienzo es desconcertante, al desenvolverse la trama se aceptan los inicios del filme, que es también un drama de carácter personal, de investigación y venganza.
Su director, Olivier Schneider (acróbata en sus inicios), le da rapidez contemporánea, se aleja del terror o del drama social y prefiere cargar la pantalla con gran apasionamiento y los buenos giros del astuto guion. A esto se le unen la redención, la protección y esa íntima obligación que tenemos los humanos de enfrentar el pasado.
Las actuaciones llegan sólidas, con perfiles del cine japonés y sus samuráis. Sobre todo, en la caracterización de Alban Lenoir, y a esto añado que en la vida real fue campeón de artes marciales.
Dail Benessalah, más sobrio, da el balance que debe existir entre los personajes. Suzane Clément (que no por gusto posee el galardón llamado ‘Una cierta mirada’, que el Festival de Cannes otorga a figuras promisorias) es fría, determinante en la lucha a favor de su hijo, actitud que jamás concede pausas.
Sonia Faid es una revelación; primero es la lucha que simboliza el comportamiento de la juventud actual, pero de ello se desprende para convertirse en feroz venganza.
La presentación del orfelinato es muy breve, casi inexistente, pero sirve para conocer el pasado de los protagonistas y revelar sus temperamentos.
Y ya que hablo del alma, cierro con la dedicatoria que el director hace a través de su filme: “A mis padres, que se fueron muy pronto. A mi hijo, mi vida, mi orgullo”.
Y algo más. El filme está en la programación de Netflix, capítulo Ecuador, donde ocupa el primer puesto en sintonía.
- Calificación: * * * 1/2
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