
Crítica de Cine. La celda de los milagros: ¿drama mexicano de alto nivel en Netflix?
Lee la crítica de La celda de los milagros, el drama mexicano en Netflix con la actuación de Omar Chaparro y Natalia Reyes
Esta producción mexicana afianzada en Colombia, es la tercera versión de la cinta surcoreana Milagro en la celda 7. La propuesta llega con un tono cercano a la telenovela, aunque acentúa el drama y apuesta por colocar a un comediante como protagonista.
El argumento
Amanda (Mariana Calderón) tiene 10 años, es huérfana de madre y sueña con convertirse en una gran corredora de atletismo. Su padre, Héctor (Omar Chaparro), enfrenta una discapacidad neurológica y trabaja como vendedor ambulante de frutas y en la Perrera Municipal. Allí recoge un perro viejo que nadie quiere y lo lleva a casa, donde vive con la abuela (Sofía Álvarez).
Héctor descubre que los zapatos deportivos de Amanda ya no sirven y le promete unos nuevos tenis. En paralelo, ayuda a una migrante y a su hijo menor, a quienes esconde para evitar su deportación.
Sin embargo, el destino lo golpea con dureza: es apresado injustamente por militares y termina en prisión bajo la autoridad del capitán Avilés (Jorge A. Jiménez) y del director Navarro (Marco Treviño).
En la cárcel también aparece el anciano Iván (Arturo Ríos). El maltrato es evidente. Solo Ingrid (Natalia Reyes), maestra de Amanda, y el preso apodado Tigre (Gustavo Sánchez Parra) le brindan apoyo emocional y espiritual. La pregunta queda abierta: ¿cómo lograrán liberarlo?
La crítica de Jorge Suárez
En la producción mexicana La celda de los milagros y pese a las dudas iniciales, hay que decir que Omar Chaparro ofrece momentos de actuación convincentes.
La actriz infantil Mariana Calderón acierta a momentos y en otras ocasiones pierde el ritmo y surge con otro tipo de concepción actoral. Gustavo Sánchez-Parra, Treviño y Ríos son lo suficientemente capaces y se convierten en los pilares de la producción. Al contar su verdad, Ríos crea una imagen del ser que reconoce su culpa y Treviño en su justa decisión eleva al personaje por su calidad interpretativa.
La actuación de la colombiana Natalia Reyes es acertada y la señora Álvarez cumple su misión. Pero lo que sorprende es el realismo con que se despliega la maldad, la venganza y peor la traición de la migrante.
Ella deja sembrada, en la mente de los espectadores eso de “a veces, ayudar a la gente, no vale la pena, porque el ser humano es desagradecido y lo demuestra”. En ese momento sube la tensión y la trama se convierte en algo más fuerte, en ese algo del cine que agarra el alma del espectador y la deja en vilo.
Ana Lorena Pérez Ríos, su directora, sabe manejar la situación y amplía los sentimientos que originan el amor filial. Muestra que, en momentos injustos de la vida, puede surgir la bondad en los sitios más oscuros, que la iglesia puede ayudar en medidas extremas y que no todo recluso tiene el alma atrás.
La ambientación es óptima, pues la cinematografía trueca los paisajes y los convierte en imágenes de paz, de esperanza aunque mantenga los colores de la tierra en que se vive, donde pese a la pobreza a nadie se le prohíbe soñar.
Las caracterizaciones de los reclusos están bien logradas y la corrupción de las autoridades queda expuesta tal cual es. Entonces el largometraje se eleva a la altura que debió tener siempre.
Todo esto le ha servido al filme para ascender al primer puesto de sintonía en Netflix Ecuador. Y no es que sea una película sensacional, pero sí es capaz de brindar un drama realizado con honestidad. Eso amerita su exhibición.
- Calificación: * * *
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