Ocio

Carla Sala: Con nuevo look enfrenta la vida

La presentadora y bailarina y su pareja, José Ernesto Amador se reencontrarán en Navidad. Ambos se enfermaron de COVID-19. 

Carla Sala
Carla luce una cabellera corta y dorada.Gerardo Menoscal // EXPRESO

La presentadora y bailarina Carla Sala (52) inició el 2020 renunciando a su trabajo en 'De casa en casa', de TC. Tenía planes de viajar con su pareja, el cubano José Ernesto Amador, a Argentina. En marzo ambos se enfermaron de coronavirus. Él estuvo al borde de la muerte. A días de terminar el año, ella cambió su imagen: cortó su melena y cambió el tono.

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Decidió terminar un año tan adverso con un cambio de look...

Nunca me había cortado el cabello, es una experiencia totalmente nueva. Siempre me gustó variar, en ocasiones utilizaba pelucas. Quería algo más fresco y cómodo. Busqué opciones de cortes, no sabía si me iba a quedar bien. 

Cuando salí de 'La Feria de la Alegría' (RTS) e ingresé a TC, me lo cortaron, pero no me acostumbré. Tenía menos edad y empecé a usar los moños postizos. Durante la pandemia no acudí a la peluquería de José Vargas, cuando lo hice me animé a cortármelo, di el paso. El color es dorado.

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Lo importante con los cambios es que las personas se sientan a gusto…

Fue un proceso, pero me siento feliz con los resultados. Si quiero me pongo extensiones y luzco de otra manera. Siempre habrá opiniones variadas. A unos les gusta, otros dicen que ha sido el cambio muy drástico y que me aumenta años. A José Ernesto le encanta y mi hija Carlita me dice que me parezco a Pink (risas). Mi mami (Colombia) opina que me veo bien, pero que prefiere mi cabello largo.

En enero usted renunció a TC porque tenía planes de irse con su pareja a Argentina. ¿Se arrepiente de haber tomado esa decisión?

Nadie imaginaba lo que se venía, una pandemia. En ese momento era la decisión correcta. Iba a acompañar a José Ernesto porque recibió una buena oferta: trabajar como parte del personal médico en el Racing Club de Avellaneda en Buenos Aires. Fui y regresé tres veces. En esos viajes nos contagiamos. El 13 de marzo volvimos para la incorporación de Carlita. Casi no llego, porque días atrás me sentí mal, me cansaba, vomitaba. José Ernesto también estaba mal. Teníamos COVID-19, no lo sabíamos.

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Su pareja fue el más afectado por la enfermedad…

A él le afectó primero el estómago, porque sufre de úlcera sangrante. Por ello lo ingresamos en la clínica. Los doctores le hicieron radiografías y sus pulmones estaban cubiertos totalmente de COVID-19. Entonces lo pasaron a terapia intensiva. Fue durísimo, se sentía muy mal. Me tocó ser fuerte. 

Mi hija también tuvo la enfermedad. Gracias a Dios mi mamá no, pero se cayó dos veces y su proceso de recuperación ha sido largo. Lo peor fue cuando a José Ernesto no le daban esperanzas de vida. Siempre tuve mucha fe y se hicieron muchas cadenas de oración. A José Ernesto le pusieron oxígeno, pero no llegaron a intubarlo. Quería salir de la clínica, pero si se iba se moría. Se despidió y me dijo que me iba a amar toda la vida. Nosotros llevamos juntos diez años. No sé si lo recuerda, pero me comentó que ojalá haya alguien que me ame tanto o más que él. Gracias a Dios se recuperó.

¿Han tenido secuelas?

Al principio sentía que me ahogaba, el corazón se me salía. Pero ya pasó. Hace dos meses, José Ernesto viajó a Buenos Aires, se fue por la Copa América y lo hizo a través de Estados Unidos, tiene visa por su trabajo. Se cuida mucho. Yo tenía previsto viajar, pero no pude, lo iba a hacer el 4 de diciembre. 

He cambiado la fecha varias veces, han surgido muchos inconvenientes por el cierre del aeropuerto. Él vendrá el 24 para pasar las fiestas. Después de esta pandemia no se puede planificar mucho, hay que adaptarse a las circunstancias.

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Sus engreídos

Carla ama a los animales. Tiene una perrita llamada Alma, que recientemente se perdió, pero una pareja rescatista la encontró y la cuidó.

“Son mis hijos, y una gran responsabilidad. A Alma la adopté, es terrible, se le escapó al chofer. Además tengo a Richard de 13 años, Cher, una dálmata que me la regaló José Ernesto por nuestro décimo aniversario y Nino, una tortuga. Gatos no tengo porque mis perros son muy celosos y se arma el relajo”, cuenta entre risas.

¿Su hija tenía planes de estudiar en Argentina?

Mi hija está estudiando Periodismo en la Universidad Casa Grande, vía online. Nosotros teníamos todo listo allá. Alquilamos una casa, con empleada. Nunca la habitamos. Ahora José Ernesto está en un departamento en Puerto Madero. La idea era que Carlita estudie en Argentina. Hay buenas oportunidades en Periodismo.

No solamente su salud se afectó con esta crisis.

Gracias a Dios sigo con mis clases vía Zoom. Después de 10 años, debí entregar el local de mi academia de danza. José Ernesto me dijo que no iba a poder dar clases porque era un peligro. Si lo hacía, necesitaba un espacio más grande para mantener el distanciamiento. Hice una encuesta con los padres de mis alumnas para saber si las iban a enviar a clases presenciales, la respuesta no fue positiva. 

No iba a invertir por gusto en un local más grande. Ahora lo manejo todo vía online hasta que volvamos a la normalidad. Tomará su tiempo. Doy gracias a Dios que no nos ha faltado para la comida, salud y los estudios de mi hija.

A pesar de este año atípico, ¿cómo desea disfrutar las fiestas?

Nada especial, solamente con una cena familiar. Con mi mami, mi hija, mis hermanos y mis suegros, José y Soledad. Ellos viven en Ecuador. José Ernesto es un excelente hijo. No siempre nos podemos ver todos.

Su balance del año…

Ha sido un año duro, de aprendizaje. No es tiempo de ser rencorosa, las enfermedades son producto de esas emociones negativas. Trato de llevarme bien con las personas, a pesar de que a veces no hay empatía y existen diferencias. No podemos dejar que nuestro corazón se dañe por nada ni por nadie. Somos seres humanos con defectos y virtudes. Nosotros somos los afectados y la vida es muy hermosa y simple. Es lindo tener nuestras cosas, pero la felicidad no radica en eso. 

En esta pandemia se demostró que gente con mucho dinero falleció, nada la salvó. Le hemos hecho mucho daño a la naturaleza, al planeta, se maltrata a los animales, ellos tienen una función en el ecosistema. Es un llamado de Dios para que reaccionemos, nosotros no lo escuchamos. 

Las enfermedades, las calamidades, son responsabilidad del ser humano. Antes era vegetariana y lo dejé cuando empecé a salir con José Ernesto, además se me complicaba conseguir los alimentos. En algún momento lo retomaré. Ser vegetariana me convirtió en una persona más sensible. Lo fui durante 14 años.

Carla Sala
Tiene 52 años. Debió entregar el local donde funcionaba su academia.Gerardo Menoscal // EXPRESO