Guayaquil: “Ni rejas, ni alarma, nada libra de los delitos a Las Orquídeas”
Comercios y parques son el blanco de los robos. Veintiún agentes de cincuenta vigilan a quienes cumplen arresto domiciliario. Hay decepción ciudadana

El canal de aguas lluvias que separa a Las Orquídeas de Los Vergeles permanece a oscuras. Las personas evitan pasar junto a la zanja. Allí se cometen robos a diario, denuncian los residentes.
Cuarenta y nueve segundos fueron suficientes para que tres delincuentes sembraran pánico entre los habitantes de la ciudadela Las Orquídeas que se encontraban comiendo en un restaurante del lugar. Armados, con gorras y mascarillas, les quitaron los celulares y carteras a sus víctimas. Eran nueve, y nadie tuvo la opción de defenderse.
En este vecindario, ubicado en el norte de la ciudad, los comercios, viviendas y espacios públicos se han convertido en el blanco de la delincuencia desde hace siete meses, denuncian los residentes. “Tras el confinamiento, más gente se ha instalado en nuestras calles, los sitios desolados se volvieron más abandonados. Y hoy, ni las rejas, ni las alarmas, ni los gritos de socorro nos salvan. A mí me robaron dos veces, ambas con armas y violencia”, relata Catalina Méndez, habitante de la manzana 1069.
Augusto Calero es el presidente del Consejo Barrial de Las Orquídeas y, ante el incremento de delitos, asegura que los habitantes no pueden ni salir a caminar con el celular en la mano. “Deberíamos tener al menos ese derecho, ¿no? Pero no, aquí no se puede ir tranquilo a hacer las compras a la tienda del barrio, no se puede salir en paz tampoco a hacer deportes, y peor aún se puede ir a disfrutar de una comida sin miedo a un restaurante. Tenemos claro cuáles son las zonas rojas, pero falta patrullaje. Hemos reclamado, pedido ayuda, pero nada pasa”, lamenta.
El coronel Fabricio Silva, jefe del distrito Pascuales, al que pertenece Las Orquídeas, asegura que en comparación con el 2020, este año sí hay “un leve incremento en los delitos, (aunque) las cifras son prácticamente las mismas”.

Parques. Pocas familias se atreven a recorrerlos. En ellos, además de faltar iluminación, se instalan los consumidores de drogas.
Este 2021, por ejemplo, tiene reportados 76 delitos, entre ellos un asesinato y el robo de 20 vehículos. Pero la ciudadanía rechaza esas cifras, pues alega que hay un subregistro de casos. Y no se equivocan, puesto que en el reporte no consta el robo a ningún local comercial, cuando evidentemente sí han ocurrido.
Aun así, argumenta Silva, desde el distrito están trabajando en una serie de estrategias operativas, que incluyen el incremento de rondas, patrullaje a pie, entre las 19:00 y 21:00, en las zonas conflictivas (cerca de las zanjas, en las intersecciones de los callejones que se conectan con la Francisco de Orellana, cerca del redondel en esta misma arteria, entre otros puntos), además del aumento del personal.
Solicitud.
Son 50 policías los que custodian el vecindario. Sin embargo, advierte, haciendo un llamado a las autoridades, estos se reducen porque 21 agentes deben custodiar a siete infractores que están cumpliendo arresto domiciliario.
“Casi el 50 % de nuestros hombres que bien podrían estar en la calle, pasan cuidando a los detenidos. Eso nos está afectando y es por eso que pedimos a los jueces que analicen bien las circunstancias por las que una persona debe cumplir su pena en casa. Me da la impresión de que a veces esas decisiones se toman a la ligera... Ahora es el barrio el principal afectado”, sentencia.

De 18:00 a 21:00, los agentes circulan a pie por los sectores más conflictivos del barrio.
Para los residentes, que exigen también que el personal se “dedique más a cuidar al ciudadano vulnerable y no al que ataca y daña al resto”, como hace énfasis el habitante Alfonso Reyes; las acciones ejecutadas por la policía no son las únicas que permitirán que el barrio vuelva a ser un sitio tranquilo.
Les preocupa “la falta de iluminación en el canal abierto de aguas lluvias con agua empozada y maleza, junto al redondel que conduce a Los Vergeles. Ese es uno de los sitios donde más roban y a diario. Solo este año me han robado en seis ocasiones, a veces desde las motos o tricimotos”, se queja la residente Ana Lucía Olmedo, quien sugiere que tapen la zanja o la iluminen, de tal forma que el sitio pueda ser un espacio turístico.

Vecinos exigen al Cabildo que recorren el vecindario para ver de qué forma se lo puede volver más habitable, seguro y amigable.
El comerciante Carlos Huacho es el propietario de una tienda que colinda con el sitio, en la manzana 68, y también está de acuerdo con que se intervengan espacios de este tipo y las áreas verdes del sector.
“Por la zanja podrían las familias pasear a diario, se podría plantar árboles, colocar bancas, cuerpos de agua y hasta se podría dar forma a una ciclovía. Eso reviviría a Las Orquídeas. Ojalá algún día pase y no sea muy tarde. Y es que este barrio ha sido olvidado por los funcionarios. Los delincuentes lo saben y es por eso que directamente nos están atacando”, concuerda el también comerciante Óliver López, quien cada noche, al cerrar su negocio, apenas se limita a ejercitarse en el parque de la avenida Las Orquídeas, ubicado sobre el parterre central y en medio de negocios.

En un entorno oscuro y desolado, los jóvenes hacen deporten en las calles de la ciudadela.
“Aquí al menos hay más vida y más gente dispuesta a irse contra los delincuentes, si nos atacan. Es lo que nos hemos propuesto: perderles el miedo a los criminales. No queremos que se sigan tomando el vecindario”, piensa.