Jóvenes instalan en los barrios aulas escolares improvisadas

  Guayaquil

Jóvenes instalan en los barrios aulas escolares improvisadas

Ayudan a los niños que no tienen computadoras ni Internet para recibir clases en sus casa.  En Monte Sinaí hay más de cinco ‘escuelas’ comunitarias

Escuelas improvisadas
Apoyo. Debajo de un árbol, Denisse Tola (16) y su hermana Génesis (22) ayudan a 41 niños a realizar las tareas que envían los maestros bajo la modalidad no presenciaChristian Vinueza

Debajo de un árbol, en bodegas vacías, en patios, terrazas o en viviendas prestadas, se han instalado aulas escolares, de manera improvisadas, en sectores populares del noroeste de Guayaquil. Sus creadoras son jóvenes, algunas de ellas bachilleres que no han conseguido cupo para estudiar en la universidad. Y como tampoco tienen empleo ayudan a desarrollar las tareas a los niños que no cuentan con computadoras o servicio de internet para las clases virtuales desde sus casas.

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Una de ellas es Nikool Rosero, de 18 años, quien se graduó de bachiller en marzo de 2019. Cuando se enteró de que, debido a la pandemia del coronavirus las clases serían online y que muchos niños dejarían de estudiar porque no tienen internet o dinero para pagar las pensiones, decidió crear aulas comunitarias en el sector La Cumbre, de la cooperativa Realidad de Dios, en Monte Sinaí.

El reclutamiento de los niños lo hizo en las últimas semanas de mayo, cuando recorrió las calles enclinadas y empedradas del sector y visitó casa por casa para elaborar un listado de aquellos que tuvieran problemas para iniciar las clases no presenciales el 1 de junio.

No tengo computadora ni internet en casa, tampoco entiendo las fichas pedagógicas que el Ministerio le entrega a mis hijos. Estas jóvenes ayudan a desarrollarlas.

Viviana Vélez,
Madre de familia de la cooperativa Realidad de Dios

En una vivienda prestada por una vecina, la joven adecuó la ‘escuela’ donde recibe de lunes a viernes a 40 estudiantes que cursan desde el nivel inicial hasta el tercero de bachillerato. Allí les ayuda, de forma personalizada, según el curso en el que están, a resolver las fichas pedagógicas que entrega el Ministerio de Educación y les da algo de Matemáticas, Lenguaje, Ciencias Naturales y Estudios Sociales.

Escuelas improvisadas
Ayuda. Nikool Rosero (18), Abigaíl Otero (19) y Laidy Mirabel (18) reciben a estudiantes en una vivienda prestada y una bodega vacía.Christian Vinueza
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“No soy maestra, pero comparto con los niños lo que aprendí en el colegio”, dice la joven bachiller mientras observa a los menores que, acompañados de sus padres, llegan con mascarillas a recibir las clases.

“Me gradué el año pasado y todavía no me sale un cupo en la universidad para estudiar Derecho o Educación. En lugar de estar ociosa emprendí esta tarea que ayudará a decenas de niños”, anota la instructora, quien ha tenido que dividir en dos jornadas el trabajo que realiza (de 09:00 a 11:00 y de 14:00 a 16:00), debido a la cantidad de asistentes que tiene y para cumplir con el distanciamiento físico para evitar contagios.

Escuelas improvisadas
Caminata. Los estudiantes deben movilizarse por calles empinadas y con piedras para llegar a las aulas improvisadas instaladas por las jóvenes maestras.Christian Vinueza

Nikool no trabaja sola. Cuenta con la ayuda de sus amigas Abigaíl Otero (19) y Laidy Mirabel (18), quienes a pesar de haber terminado el colegio, tampoco han conseguido un cupo en la universidad para estudiar Enfermería y Arquitectura, respectivamente.

“Estoy contenta con esta tarea porque sé que no es tiempo perdido”, manifiesta Abigaíl; mientras que Lady, por falta de mobiliario, sienta en sus piernas a uno de sus alumnos que está en educación inicial.

Otro ejemplo.La vivienda de Beatriz Menoscal, líder comunitaria de la cooperativa Janeth Toral 2, también se ha convertido en un improvisado plantel.
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En la Zona 8 (Guayaquil, Durán y Samborondón) 799.881 estudiantes empezaron clases no presenciales. Lo hicieron a través de plataformas digitales con las que deberían tener cierta cercanía y orientación de sus maestros.

En Ecuador, un millón de niños y adolescentes, como ha publicado en reportajes anteriores EXPRESO, no tienen conexión a Internet en sus domicilios, ni tabletas, ni dispositivos electrónicos, por lo que el proceso de enseñanza y aprendizaje se torna complicado.

Fue por eso que Denisse Toala Pérez, de 16 años, no dudó en instalar ‘aulas de clases’ debajo de un árbol, junto a una cancha de tierra, en la cooperativa 28 de Agosto, en Monte Sinaí.

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La adolescente, quien cursa el tercero de bachillerato, apoya a 41 niños para que desarrollen sus tareas y repasen sus conocimientos. Con su teléfono móvil ayuda a los padres a revisar las órdenes que imparten los maestros para la educación de sus hijos en casa, una modalidad que ha dejado marginados a miles de estudiantes, sobre todo en las zonas rurales, donde solo el 16% de hogares tiene este servicio.

Escuelas improvisadas
Alumnos. Son 40 alumnos a los que las jóvenes les dan clases de forma personalizada.Christian Vinueza

Debajo del gran árbol Denisse colocó mesas y bancas, una pizarra, carteles didácticos y un letrero que dice: ‘Aprender para Enseñar’, con el que da la bienvenida a los niños que llegan a las 13:00 a ese terreno ubicado en una loma.

Si no fuera por la ayuda de estas jóvenes mis hijos no podrían estudiar. Yo apenas sé leer y escribir y es poco el apoyo que puedo darle a los niños con sus tareas.

Teresa Lagua,
Madre de familia del sector Las Cumbres

Ella tiene la ayuda de su hermana Génesis, quien terminó el colegio hace cinco años y aún no puede acceder a un cupo universitario.

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Los padres apoyan la iniciativa de las jóvenes instructoras, debido a que muchos apenas han terminado la escuela y no saben cómo ayudar a sus hijos con las tareas. Además, colaboran guardando las bancas y mesas para que no se pierda.

Fundación Hogar de Cristo, el Municipio de Guayaquil y la empresa privada también apoyan a las jóvenes, a través de la entrega de libros y material didáctico.

Mientras, el Ministerio de Educación ha destinado 24 docentes, 10 psicólogos y 4 pedagogos del Distrito 8 de Monte Sinaí, quienes tres veces a la semana ofrecen acompañamiento y asesoría pedagógica a más de 100 niños que, a través de líderes comunitarias refuerzan sus actividades escolares.