Guayaquil

La historia de una joven bailarina que conquistó Washington desde su habitación de Guayaquil

Personaje de la semana. María Paula Vélez,de 16 años, convirtió su cuarto en una sala de ballet. Ahí practicó durante toda la cuarentena. ¿Su recompensa? Una beca que le abrirá puertas internacionales

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María Paula ensaya de 5 a 8 horas al día, en su habitación.Juan Faustos/EXPRESO

María Paula Vélez disfruta colocándose cada uno de los accesorios que la transforman, en pocos minutos, en una flamante bailarina de ballet. Su técnica es bastante refinada. Sus movimientos la hacen lucir como una paloma libre cuyo vuelo no quiere ni pretende parar. Ama el baile con frenesí y ese sentimiento lo exterioriza de manera sublime. 

Su pista es su habitación. Allí ya no hay cama. En su lugar, Paula, ha tendido un tapete de danza en el piso para no dañar sus pies, ha instalado una barra en la pared que la ayuda a ejercitarse; conserva su espejo, su clóset con los distintos trajes de baile y sus herramientas diarias: alfombra de yoga, rollers, tobilleras, pesas y una pelota para pilates.

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“Mi cama la pasé al cuarto de mi hermana, mi papá me compró la barra y con mi mamá fuimos al centro de la ciudad a buscar el piso, nos costó 20 dólares”, cuenta. Su nuevo salón de baile también lo comparte con su escritorio, donde sigue con sus clases y tareas del colegio. Ya cursa el segundo año de bachillerato.

La presentación que realiza para EXPRESO es solo una muestra de sus ensayos diarios, con los que logró cumplir su sueño en tiempos de cuarentena.

A sus 16 años, Paula logró convertir la frustración de ya no poder asistir de forma presencial a sus ensayos, en la oportunidad ideal para obtener una beca en uno de los mejores conservatorios de ballet de Estados Unidos.

En enero de 2021, Paula viajará a Washington D.C, para ser parte del CityDance School and Conservatory, que prepara a jóvenes bailarines de 3 a 19 años de edad y les ofrece una formación técnica de primer nivel. La beca, que oscila por los 16 mil dólares, es para recibir clases profesionales de enero a julio.

Obtener esta oportunidad no fue cuestión de suerte, sino el resultado de su dedicación y disciplina que han sido progresivos y que cultiva desde los cinco años de edad, cuando inició en este apasionante mundo de la danza.

Y es que desde el primer momento que Paula pisó una escuela de ballet quedó encantada, recuerda su mamá, Katherine González, quien ha sido, para la joven, su principal apoyo en este artístico camino.

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A los 7 años, por el nivel que había adquirido, en clases de jazz, tap, lyrical y danza contemporánea, la ubicaron en cursos con estudiantes de 10 y 12 años. A sus 14 años de edad, gracias a una audición, un maestro extranjero de danza se fijó en sus movimientos y la recomendó para una compañía que recién estaba por crearse. Fue así que participó en sus primeras obras y musicales como Don Quijote, Corsario, Cenicienta, Shrek, Que cante la vida, El Libro de la Selva, entre otras que se presentaron en teatros como el Sánchez Aguilar y el Centro Cívico de Guayaquil.

“La apoyo siempre. Nunca ha dejado de ser buena estudiante en el colegio. A sus 13 años, cuando entró a esa compañía, sus horarios de baile empezaron a chocar con los del colegio. Hablé con ella y me dijo que quería continuar con el ballet y yo hablé con mi esposo, quien se oponía a que ella deje el colegio. Busqué una opción para que se mantenga en ambos lados y desde entonces recibe clases por videollamadas y tutorías”, explica Katherine.

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María Paula tiene sus herramientas de ensayos y ejercicios en su habitación.Juan Faustos/EXPRESO

¿Cómo consiguió la beca?

Todo empezó cuando sus planes de audiciones y de aprender nuevas técnicas se frustraron por la llegada de la pandemia. “Mi hermana había visto un taller de ballet con un maestro ruso en el Centro de Arte y me dijo que si quería fuera, que ella me lo pagaba. Yo me entusiasmé y terminé amando la técnica rusa, porque estaba aprendiendo mucho y en el momento en que más feliz estaba, las clases tuvieron que detenerse. Entonces empezaron mis días de desmotivación. No era lo mismo entrenar en la sala de mi casa, el piso no da para hacer saltos de larga distancia y no tenía mi privacidad”, recuerda.

Fue así que Paula analizó su situación y supo que tenía dos caminos: hundirse en el decaimiento o reinventar su escenario para no perder su ritmo. Y lo hizo.  

¿Cómo consiguió la beca? Además de adecuar su cuarto decidió invertir 5 a 8 horas al día ensayando. Y no solo eso. En sus horas libres aplicó a becas virtuales y ganó varias, entre estas en el Bristol Russian Ballet y en el Penballet Conservatory Pensilvania

De pronto se animó a audicionar para la academia CityDance, School and Conservatory, en donde la directora quiso verla bailar en vivo. Lo hizo y la becó para todos sus programas de summers (veranos), que eran virtuales. Cuando se terminaron estos talleres, a mediados de agosto último, la misma directora volvió a hablar por Zoom con Paula y su mamá y, les dijo que veía en la guayaquileña mucho potencial por explotar. Entonces le propuso la beca; un intercambio cultural, donde recibiría clases en el conservatorio de manera presencial y participaría en todos sus festivales de enero a julio de 2021. La beca cubre estadía, alimentación, pasajes al conservatorio y su mensualidad.

Y así, Paula siente que ha cumplido un gran sueño. Aunque ya estuvo en el Joffrey Ballet de New York por dos meses y fue embajadora de la marca Capezio, nada la había hecho tan feliz como tener la oportunidad de preparase en Washington.

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“La pandemia trajo frustraciones, pero también oportunidades. Y esas oportunidades hay que aprovecharlas. Nosotros buscamos la oportunidad, insistimos, buscamos por Internet academias que ofrecían becas y cursos, le enviábamos correos, videos y aplicábamos hasta que se abrió la puerta”, dice Katherine con una mirada de satisfacción.

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Después de aprovechar al máximo esta oportunidad y mostrar su talento e interés de convertirse en una bailarina profesional, al conservatorio, Paula apunta a ingresar a una compañía extranjera para jóvenes como American Ballet Theatre, San Francisco Ballet, Royal Ballet o Boston Ballet.

“En el exterior uno compite y tiene la oportunidad de que las academias te vean y te den becas, en Ecuador, generalmente, uno compite solo por una medalla. Aquí la danza es muy competitiva, Guayaquil se concentra mucho en las competencias, nos entrenan para ganar un concurso y la formación en sí queda atrás, algo que sí se da fuera del país y era con lo que yo soñaba. Ahora lo voy a cumplir”, destaca y sus ojos brillan.

La semana pasada Paula inició la previa en su nuevo conservatorio, con clases virtuales, antes de alzar su vuelo, como una paloma libre, en enero próximo.

Si sabes de un personaje de tu barrio, familia o trabajo que todo el mundo debería conocer, escribe a lopezk@granasa.com.ec