Seguridad Guayaquil
Precaución. Jóvenes andan acompañados y por zonas transitadas para evitar ser víctimas de la delincuencia.Freddy Rodriguez

La inseguridad extiende sus raíces a los jóvenes guayaquileños

Prefieren estar en casa y cambiar sus actividades antes que salir. Entretenerse por las noches ya no es una opción.  Les apena desconfiar de la sociedad

Ya no es lo mismo. La ciudad, que se convirtió en el epicentro de la inseguridad y la violencia, ya tiene sus repercusiones en los jóvenes. Muchos ya han sido asaltados mientras que otros expresan su intranquilidad.

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A Aarón Herrera, de 21 años, le gusta el BMX. Practica desde los 12 años en los distintos parques de Guayaquil, donde asiste casi todos los días, de 15:00 a 21:00. Sin embargo, desde que le robaron el celular hace dos meses decidió salir menos. Pero su mala experiencia no queda ahí. Un mes después, presenció un asalto con sus amigos, donde “dos tipos le robaron al conductor de un auto y se dieron cuenta de que los vimos”. Desde entonces transita por las calles con bastante gente, camina lo más alejado y calmado posible y evade a las “personas sospechosas”. En su familia ya le han pedido que no regrese tan tarde.

Inversión. El 4 de mayo, el Ministerio de Economía y Finanzas asignó 11,5 millones de dólares a la Policía Nacional para enfrentar la delincuencia en Guayaquil.

Para Abraham Rutre, de 20 años, salir por las noches ya no es una opción. El mes pasado lo asaltaron tras salir del trabajo. Desde entonces, ya nada es lo mismo. “Ni mi trabajo es seguro y tengo que ir cada día”, piensa.

Ahora sí me preocupa la inseguridad porque no sabes quién te podría aparecer ni qué te podría hacer. Incluso por el miedo, uno podría reaccionar mal y perder la vida.

Miguel Salazar
adolescente
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Por pedido de sus padres, ahora sale con su hermano menor por las tardes. Ellos visitan el parque Unamuno, donde asisten dos o tres días a la semana para patinar. Aprovechando la cercanía, visitan a su abuela a un par de cuadras tras su jornada. Es ahí donde piden su taxi de regreso. “Ni los taxis son seguros, pero es nuestra mejor y única opción si queremos seguir saliendo”, revela. Él siempre lleva el celular “cargado y con saldo en caso de emergencia”.

En su hogar salen con menos frecuencia: “antes salíamos a dar una vuelta en familia pero, con las noticias, preferimos quedarnos en casa”. Si bien se siente seguro donde vive porque los vecinos conocen a su mamá y todo es tranquilo”, sabe que fuera del perímetro de la gente que conoce, en sí todo Guayaquil, es peligroso.

A veces la atención de los policías y guardias no es suficiente para salvaguardar a los demás. Ahora toca andar con recelo y cautela, sobre todo con las noticias que se ven.

Iván Molina
adolescente
Seguridad Guayaquil
Los jóvenes aseguran vivir desconfiados y en alerta, y esa situación los apena.Freddy Rodriguez

A Iván Molina, de 17 años, le robaron dinero a las afueras de un centro comercial ubicado en la avenida del Bombero, cerca de Los Ceibos, cuando se le acercaron con un “cuchillo gigante” a pesar de andar acompañado. Él solía trotar por las calles, pero ya no lo hace. Ahora anda sin billetera y solo con el celular. Cuando sale, lo hace desde las 15:00 hasta las 19:30, que es “cuando todos salen de trabajar y hay más gente”. Confiesa que aún se asusta cuando el bus llega un poco después de lo habitual y que a su madre le asustan hasta los indigentes: “ella sufrió un intento de asalto al salir del trabajo y se salvó solo porque había mucha gente viendo. Desde entonces, tiene miedo a todo. Es horrible ver que ahora no hay en quién confiar, hasta la gente vulnerable nos hace pensar que nos va a atacar. Qué feo vivir así”, aseguró. Hace dos semanas, además, su madre presenció un tiroteo.

Es inaceptable que los chicos vayan al parque sin sus padres. No se puede confiar en nadie. Si te ven, te siguen, urge ayuda. Días atrás un niño se rompió el brazo y no hubo quien lo ayude.

Abraham Rutre
adolescente

Mis padres me han enseñado a ponerme siempre primero, así que ando con precaución y listo para defenderme solo. Llevo una punta en mi mochila para defenderme.

Justin Viteri
adolescente

En la otra cara, también hay quienes no se sienten amenazados por la delincuencia, pero admiten que su percepción ha cambiado.

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Este es el caso de Isaías, de 19 años, a quien no le preocupa la inseguridad, pero admite que salir por las calles “no es tan relajado como antes”, y que sus amigos le dicen que vaya sin celular o “a veces no quieren ni salir”. Para él, lo ideal es “caminar seguro, serio”, teniendo tres o cuatro metros de diferencia con los demás.

Esta postura la comparte Justin Viteri, de 17 años, a quien le robaron su bicicleta hace un año. Él estaba descansando en una banca y, cuando se le acercó un chico a conversar, se sintió “drogado e inmóvil”. Fue ahí cuando lo amenazaron con un cuchillo y le quitaron también su celular. Desde entonces ya no le “para bola a nadie”, ni para conversar, y deja el celular en casa al salir.

Mis padres ya no me dejan salir en la noche. Ahora que salgo con mi hermano, solo nos dejan regresar en taxi. Traigo mi celular, pero siempre cargado y con saldo en caso de emergencia.


Aarón Herrera
adolescente

Miguel Salazar, de 20 años, reconoce que aunque “salir es cada vez más inseguro y eso se siente entre los chicos”, no ha cambiado sus hábitos. Se moviliza en bus y, en cada lugar que visita, prefiere llevar sus pertenencias escondidas. “Es una costumbre desde hace tiempo”, revela.

Los más jóvenes, como Krystel Olaya y Adrián Gutiérrez, de 16 y 15 años, respectivamente, ambos guayaquileños, ya toman sus precauciones.

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Krystel sale siempre acompañada de sus amigos, quienes “parecen mayores y eso me hace sentir protegida”. Cuenta que siempre va a parques, restaurantes o centros comerciales cerca de la avenida General Gómez, donde vive. Sale sin objetos de valor y por las tardes porque “el riesgo es menor”. Si bien se siente segura en su barrio porque los vecinos la conocen y siempre la saludan, está apenada porque tiene un vecino al que no lo dejan salir por la inseguridad.

Es preocupante. Hace un par de meses me dormí en un bus de regreso a casa y, al despertar, me enteré que un hombre con un revólver atracó a los demás pasajeros.


Adrián Gutiérrez
adolescente

Me ha tocado retarlas a mis niñas porque quieren usar el celular mientras salimos. A veces es tenso caminar por las calles y por eso toca vigilarlas. No se puede regalar ni un segundo.


Krystel Olaya
adolescente

Para Adrián, quien reside en vía a la costa, “el barrio no te asegura tu protección”. Con su primo visita parques de la ciudad porque les gusta patinar, pero lo hacen sin llevar el celular y sin quedarse hasta la noche: “a partir de las 19:30 se sube gente extraña a los buses”.

Para Patricia Larrea, madre de tres niñas, la inseguridad las ha limitado a salir únicamente los fines de semana. Aunque visitan parques entre semana, siempre lo hace acompañada de su hermana. “Buscamos distraer la mente y que se diviertan un poco, pero hay que hacerlo con seguridad”, cuenta. Para ella, “uno puede estar bien si toma las debidas precauciones, aunque admito que a mí nunca me han robado y las cosas están difíciles”, concluye.

Yo ya no me siento seguro en ningún lado. La inseguridad está en todas partes. Incluso si sales acompañado o sin pertenencias, el peligro siempre está.


Patricia Larrea
madre de familia