Arturo Moscoso | Las mujeres de Irán
No sabemos qué vendrá. Puede abrirse una transición real, un reacomodo de poder o que comience la barbarie
El 8 de marzo está lleno de discursos y análisis sobre brechas salariales, violencia y techos de cristal. Todo eso importa. Pero este año, mientras se conmemoran avances y se analizan pendientes, se debe pensar también en lugares donde la discusión no es solo sobre igualdad de oportunidades, sino sobre libertades básicas.
Irán no siempre fue lo que es hoy. Antes de 1979 las mujeres habían conquistado reformas legales importantes, con presencia en universidades, profesiones y espacios públicos. Luego la revolución islámica convirtió la moral en ley y en instrumento de control. El velo dejó de ser opción. El Estado pasó a vigilar no solo conductas, sino cabellos y cuerpos.
Algo de ese tránsito quedó retratado con lucidez en Persépolis, la novela gráfica de Marjane Satrapi, donde una niña narra cómo su país pasa de una sociedad contradictoria pero abierta a otra donde la vida cotidiana queda sometida a una vigilancia moral permanente.
Hoy, tras los bombardeos y la muerte de Jameneí, Irán enfrenta una incertidumbre inédita. No sabemos qué vendrá. Puede abrirse una transición real, un reacomodo de poder o que comience la barbarie. Pero lo que sí sabemos es que ha sido un régimen que reprimió a las mujeres por el ‘delito’ de serlo.
Por eso desconcierta que frente a lo que ha sido el régimen iraní aparezca casi de inmediato una respuesta automática de ciertos sectores. Si Estados Unidos interviene, entonces el régimen debe ser defendido en nombre de la soberanía. Como si la geopolítica funcionara con la lógica infantil de que el enemigo de mi enemigo es bueno por defecto. Una cosa es desconfiar de la política exterior estadounidense y otra muy distinta es convertir esa desconfianza en indulgencia frente a un sistema que durante décadas vigiló, castigó y disciplinó a millones de mujeres.
Así, este 8 de marzo también debería hacernos pensar en esas mujeres que han pagado un precio real por exigir algo elemental. Porque mientras algunos discuten narrativas y equilibrios de poder, detrás de la geopolítica, de las consignas y de los discursos siguen estando las mujeres de Irán.