Fausto Ortiz | Época de dividendos, impuestos y valor empresarial
La semana pasada se introdujo una nueva variación que incrementa dichas retenciones
Las empresas empiezan a convocar a sus accionistas para informar qué tal ha sido su último año y si hay recursos para ellos originados en utilidades que deban repartirse en forma de dividendos. Tan atentos como los accionistas se encuentra el SRI y el Ministerio de Finanzas, pues esas utilidades, que a lo largo del año se fueron transformando en impuestos mediante retenciones, en los siguientes meses les brindará flujos extra.
En 2024, Finanzas recibió USD 5.340 millones por impuesto a la renta; en 2025, la cifra apenas varió, alcanzando USD 5.590 millones. La recaudación de 2025 refleja todavía los efectos de la recesión de 2024, mientras que por la recuperación económica (o el buen rebote) se proyectan mayores ingresos para el Presupuesto General del Estado en 2026.
Durante años se pensó que la recaudación de marzo y abril ‘sostenía’ las finanzas públicas como consecuencia del pago anual de impuesto a la renta. Seguramente en el pasado fue así, pero la creciente aplicación de retenciones ha nivelado la recaudación fiscal.
Entre 2023 y 2025, los promedios mensuales de impuesto a la renta fueron de USD 368, 445 y 465 millones, respectivamente. Abril sigue siendo el mes de mayor recaudación: en esos años superó el promedio mensual en 158 %, 103 % y 75 %. 2025 fue el reflejo del año previo en recesión.
La semana pasada se introdujo una nueva variación que incrementa dichas retenciones, ya instrumentada en la mayoría de empresas, y que homogeneiza aún más la recaudación. Para 2026, abril marcará con seguridad un récord, superando los USD 1.000 millones y llevando la recaudación anual a cerca de USD 19.000 millones, frente a los USD 17.500 millones de 2025.
¿Por qué deben interesarnos tanto las utilidades? Porque determinan el valor de nuestras empresas. La capacidad de generar flujo para los accionistas, lo cual, junto con el crecimiento y la percepción de riesgo, define cuánto ha mejorado su valor y abre la oportunidad de atraer nuevos socios o financiamiento para proyectos que antes se descartaban por elevados costos financieros. Con un bajo riesgo país, conviene dar más peso al flujo de caja futuro y valorar con múltiplos más generosos.
Por supuesto que no hay que perder de vista el entorno global y cómo nos afecta en lo macro y a nivel empresarial. El conflicto en Medio Oriente, que puede derivar en crisis energética global tendrá sus impactos, pero no a todos nos pegará por igual.
Nuestra pequeña economía sufrirá por los precios que imponga la crisis, en especial al comercio exterior petrolero. El impacto, en principio no debería ser elevado al tener una economía, que, si bien la suma de exportaciones e importaciones en 2025 llegó al 50 %, cuenta con una adecuada diversificación de exportaciones. Las crisis de 2008 y 2020 pudieron enfrentarse adecuadamente desde lo no petrolero, que logró sostener la oferta exportable.
En principio, el mayor impacto local de una subida prolongada del precio del petróleo recaería en aspectos políticos porque el Gobierno deberá lidiar con la presión a la subida del diésel y su impacto en el transporte público y por ende en la población vulnerable.