La diversión de los jóvenes se limita a la visita a los parques
En Guayaquil son escasos los espacios de distracción. Algunas áreas verdes ni siquiera logran romper la monotonía. La ciudadanía plantea alternativas

Juegos. El fútbol, el índor, los juegos de mesa y el skate constan entre las actividades que se practican al interior de los parques.
La tradición se está perdiendo. Con una pandemia que afectó a decenas de familias y una delincuencia que preocupa cada vez más, se diluye la vieja costumbre de que los jóvenes se recreen afuera del hogar.
Kenneth Moreno, de 18 años, reside en Acuarela del Río, donde “hay tres parques en los que no se puede hacer mucho”. Sus actividades se resumen a caminar o hacer ejercicio. “Es lo único que podía hacer. Como nadie quería salir por la pandemia, ni siquiera mis padres, era mi única opción. Ahora el mismo efecto nos genera la inseguridad”. Sin embargo, en estas vacaciones estuvo en clases de tenis y hace unas semanas visitó el Malecón 2000 para tener “la única actividad interesante tras la pandemia”, donde se subió a la Aerovía, La Perla y disfrutó de las distintas atracciones. En los últimos meses, sus actividades se limitaron además al cine.
Edgar Isaías, de 19 años, tiene la costumbre de ir con sus amigos, por lo menos dos veces por semana, al parque Ramón Unamuno, a donde acuden de 16:00 a 19:00 para andar en bicicleta, “tomar un respiro de las responsabilidades y crear buenos recuerdos”.
Él, que reside en el sur de la ciudad, cuenta que, si bien por su barrio “sí se ve a varios muchachos caminando y divirtiéndose”, hace falta más variedad. “Claro que no todos tenemos los mismos gustos, pero a mí me gustaría ver un rocódromo”. Para él, los lugares públicos deberían tener comediantes, como en el malecón Simón Bolívar, donde “las personas solo van caminando, se distraen y tienen un buen rato”.

Juegos. El fútbol, el índor, los juegos de mesa y el skate constan entre las actividades que se practican al interior de los parques.
En el suburbio, Jean Paul Fariño, de 18 años, visita los espacios públicos tres veces por semana con sus amigos para “conversar y matar el tiempo”. De niño, estuvo en un vacacional deportivo en el que entrenó fútbol, básquet y vóley, pero “ya ni se ven estas actividades”.
Por su parte, a Erick Iturralde, padre de familia, le gustaría llevar a su hijo de seis años a rampas de skateboard pero, como “está pequeño todavía”, el parque Samanes es siempre su elección. Sin embargo, como “es un lugar más para jóvenes y él no puede hacer mucho allí”, considera que faltan más actividades orientadas a los menores. A su hijo le gustaría ver más escuelas de básquet, su deporte favorito.
Otro de los visitantes del parque Samanes es Antonio Duarte, quien reside en Villa Club, pero le “toca forzosamente trasladarse a la ciudad porque en las urbanizaciones privadas no hay espacios para la recreación sana, solo para el deporte”. En el lugar, caminan, toman fotos y hacen deporte en familia. A pesar de priorizar los espacios públicos, sus hijos aprovechan de alternativas como los juegos que están al interior de centros comerciales. A Daniel, su hijo de 14 años, le gustaría encontrar más parques acuáticos y más canchas de béisbol porque a pesar de no practicarlo, sabe que hay mucha gente que lo hace. A su padre simplemente le gustaría que se impulse mejor la asistencia a estos espacios porque “con la situación que se vive en Guayaquil, se ha perdido la tradición de visitar espacios recreativos”.

Rutina. Los jóvenes usan la pista de skate para subir y bajar o hacer ejercicios. Aprovechan cada espacio.
Otros lo asocian con la inseguridad, como María Preciado, madre de una niña de tres años. Como su familia reside en el campo y su hija no tiene con quien distraerse, ellas solían visitar el malecón, donde caminaban y se divertían viendo los animales y jugando en el parque. Sin embargo, “ya no es lo mismo”, pues han sido asaltadas en varias ocasiones y ya no asisten. A ella le gustaría que su hija se distraiga con obras de teatro y circos para niños y que haya actividades de danzas o artes culturales para cuando crezca. Pero reconoce que esas opciones aún son escasas en la ciudad.
Kevin Alvarado, que se dedica al delivery con su bicicleta, comparte esta postura. Él pasaba sus días en el parque Forestal, donde trotaba y andaba en bici, pero con la delincuencia este hábito quedó en el olvido. No obstante, él destaca que los museos son una opción para todos. Durante su juventud asistió a varios museos y, hasta la fecha, mantiene esta costumbre. “Los museos siempre son una opción para impulsar el aprendizaje histórico, pero hay que renovarlos porque todo es ya repetitivo”, explica.
Como ciclista, le gustaría que “así como hay rampas de skate, haya un espacio exclusivo para bicicletas”. “También sería bueno algo fuera de lo ordinario, como competencias caninas o exhibiciones artesanales”, concluye.