La indiferencia paternal a los trastornos de ansiedad

  Guayaquil

La indiferencia paternal a los trastornos de ansiedad

Jóvenes relatan que hay quienes no toman en serio además su hiperactividad y depresión.  Expertos dan luces de cuándo la alerta no es solo “una moda”

Frustración
Esta imagen proyecta cómo se sienten los jóvenes al no ser apoyados del todo por sus padres.Carlos Klínger / EXPRESO

Tener un trastorno de ansiedad o de déficit de atención se ha vuelto algo común entre las nuevas generaciones. “Soy hiperactivo, tengo ansiedad, tengo depresión”, se habla de ello como si fuera la ‘nueva moda’ de los chicos; y la normalización de estas condiciones o comportamientos han tomado mayor peso desde inicios del nuevo siglo.

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Pero la desacreditación de la importancia de la salud mental también ha estado presente en la sociedad, en especial por las generaciones mayores, alertan los especialistas consultados. Estos son problemas reales que dificultan la calidad de vida de quienes lo padecen. “Debido a las brechas en tipos de crianza por época, a los padres actuales no se les enseñó a expresar cómo se sienten, dando cabida a la indiferencia o desprestigio de los trastornos que padecen sus hijos. Que no lo hacen de malo, eso hay que dejarlo claro, es sobre todo por desconocimiento”, dice la psicóloga general Lidia Gómez.

De acuerdo a cifras proporcionadas por el Instituto de Neurociencias de la Junta de Beneficencia de Guayaquil, desde 2018 hasta lo que va de este año se ha diagnosticado a 53.983 personas con trastornos de depresión, ansiedad y trastornos de hiperactividad. De esta cifra, 36.757 padecen de ansiedad.

Lía Peláez fue diagnosticada desde que tenía 18 años con ansiedad, a raíz de un ataque de pánico que sufrió durante su época universitaria. “Comencé a asistir a sesiones con psicólogos apenas supe lo que me pasaba, sabía que necesitaba ayuda y no perdí el tiempo. La pandemia fue un gran paso atrás para mi salud mental. Pero pude volver hace un año, sigo en proceso, pero busco cada vez sentirme mejor y he tenido mucho apoyo de mis amigos para sobrellevar la situación”, comenta.

Frustación
Los padres deben ofrecer a sus hijos un hogar donde haya mucha comprensiónCarlos Klínger / EXPRESO

Sin embargo, pese a la ayuda exterior que ha recibido, siente que en su núcleo familiar aún es necesario crear cambios de la perspectiva que tienen de su situación. “Esto no quiere decir que sean malos padres, pero sus costumbres y como fueron criados les impide aceptar esto como normal”, dice.

Los padres fueron criados con varios métodos que no solo reprimen, castigan por expresar lo que sienten”.

Lidia Gómez, psicóloga general

Peláez comenta que si bien su madre intenta comprenderla y cuidarla, y cada vez es más fácil, cuando deben hablar del tema, escucha frases que no la alivian. “A veces es incómodo decir algo o ella reacciona con un ‘es más fácil hablarme de cómo te sientes’, sería bueno que ese sea el caso, pero no lo es...”. Frente a ello, siente en varias ocasiones que es juzgada por su propia madre en su intento de ser escuchada.

Los padres piensan que con voluntad saldrán de su problema, pero hay más factores, solo recriminan.

Rodolfo Rojas, psicólogo

“Mi padre en cambio ni lo entiende y lo ve como una locura de mi generación”, agrega.

Asimismo, Geovanna Salazar, de 21 años, sufre de depresión y otros trastornos desde su niñez, como déficit de atención e hiperactividad.

Esto debido a problemas de bullying que atravesó durante su época escolar.

“De pequeña fui diagnosticada con hiperactividad y dificultad para concentrarme, esto me complicó ciertas cosas mientras crecía, pero fue el acoso lo que de verdad me trajo un mar de obstáculos para hacer amigos o llevarme mejor con mis padres”, dice.

La cifraUn total de 36.757 personas han sido diagnosticadas de ansiedad desde 2018 en la Junta de Beneficencia de Guayaquil.

Explica que pasó por varios incidentes de hostigamiento escolar hasta los 13 años, cuando tuvo su primer ataque de ansiedad. Fue similar a un paro cardíaco, describe. Se quedó sin aire, se desplomó y sintió un dolor en el brazo izquierdo. “En ese momento mis padres me llevaron al médico, su preocupación fue infinita, hasta que el doctor les dijo que sufrí un ataque provocado por la ansiedad. Su cara pasó del miedo a la confusión, no soltaron ninguna palabra y decían ‘¿eso es todo?’”, relata.

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Sus padres buscaron ayuda psicológica, pero Salazar comenta que todo progreso que sentía en el consultorio se esfumaba por la poca o nula comprensión paterna. Su madre, cuenta, intenta comprenderla, pero en varias ocasiones haciendo de menos como se siente; mientras que su padre “le echa la culpa a la generación de cristal”.

Bruno Valverde, en cambio, sufre de depresión desde los 14 años. Cuando se la diagnosticaron ya tenía una idea de lo que estaba sintiendo, pero no fue hasta que alguien más le dio nombre a lo que sentía. “Me he manejado con terapia, mis padres las pagaban, pero lo pensaban dos veces. En muchas ocasiones han dicho que lo que experimento es superficial”, precisa; al hacer hincapié en que hubo momentos en los que pensó ya no seguir viviendo.

“Se lo conté a mi madre, pero hizo de menos lo que sentía. Ahora sigo en mis terapias, pero no veo a mis padres como apoyo emocional”, sentencia; al pedir, como el resto, a ser escuchados, a fin de que el escenario, como ya ha pasado, pueda ser peor. De dolor.

¿Tendencia?

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La palabra “amsiedad” se ha vuelto un meme o chiste, en referencia a las personas que dicen padecer de ansiedad, por cualquier dificultad que se presente en su camino. Pero hay personas que no padecen de esto, pero insisten que sí es su caso.

La psicóloga Lidia Gómez explica que las personas que fingen sufrir de cualquier trastorno lo hacen como un método de manipulación porque quieren llamar la atención de sus padres. Pero si pese a decir que la tienen no hay cambios en su comportamiento, rendimiento, no sufren de soledad o bajan sus calificaciones, lo más probable, advierte, es que no se trate de un problema grave, pero sí de que requieren de la compañía de los padres.  

Alerta

Cuando el cuadro es grave

A decir del especialista Rodolfo Rojas, los jóvenes que padecen algunos de estos comportamientos, durante su crecimiento, no desarrollan habilidades eficientes de resolución a los problemas, debido a que la indiferencia mostrada por parte de sus padres los hace además sentirse inseguros.

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““Los padres creen que actúan de determinado modo por falta de voluntad y eso impide, en algunos casos, que no estén dispuestos a ayudar a resolver el problema”, alerta. Para el también psicólogo Juan Carpio, ante los signos de alarma, hay que atender cada caso de forma individual. “A la depresión hay que tomarla en serio, es la que impide que una persona sea capaz de ver un futuro mejor y sano”.