Guayaquil

Testimonios del COVID-19: "Tengo dos muertos y no sé cuál es el mío"

Entre caos y cadáveres desaparecidos aparece el testimonio de Elsa Maldonado, cuya madre fue oficialmente cremada y también enterrada en un cementerio

Elsa Maldonado sostiene un retrato de su madre y los papeles de defunción.
Elsa Maldonado sostiene un retrato de su madre y los papeles de defunción.(Blanca Moncada / Expreso)

Suena el teléfono. La voz del otro lado de la línea se asegura de que sea Elsa Maldonado la persona que contesta. Saluda cordial y lanza el balazo. “Estimada, llamamos para comunicarle la ubicación del cementerio donde su mamá está enterrada, anote”.

Elsa Maldonado escucha la voz y el corazón se le convierte en un maní partido. Camina al dormitorio de su madre y ve el cofre en el altar que improvisó. “Eso no puede ser, señorita. Las cenizas de mi madre están en mi casa hace diez días”.

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Emma Marina Aguirre, la madre de Elsa, murió a los 86 años el 26 de marzo pasado, a la medianoche, luego de que su cuadro de presunto COVID-19 se convierta en crónico el día 24 de ese mes.

Elsa Maldonado
Emma junto a Elsa, en un viaje pasado.Cortesía

Su caso de doble muerte se suma al caos del tratamiento de cadáveres los días más crudos de la emergencia sanitaria, que deja un saldo de 124 cuerpos aún sin nombre, dos resucitados y más de una decena de plantones de familias que reclaman los cuerpos de sus muertos.

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Cuando su madre enfermó, Elsa recorrió todas las clínicas de Guayaquil aquella noche. Se arrodilló afuera de una para rogar atención. Ofreció dinero sin importar la suma... Nada sirvió. Simplemente no había cama, por eso fue al hospital IESS de Ceibos a hacer atender a su madre, aunque sabía perfectamente que allá el panorama no sería alentador.

Cuatro horas esperó por atención en esa casa de salud. Consiguió oxígeno, silla de ruedas y esperó. A los costados, pacientes COVID-19 agonizaban y morían, unos detrás de otros, como si de una muerte mecánica, puntual y exacta se tratase.

El trámite

Un día entero de agonía sufrió Emma. Su nieto, el hijo de Elsa, arregló los papeles de la cremación en la Junta de Beneficencia. Solo por el trámite pagó 575 dólares y la promesa de recibir las cenizas casi inmediatamente. Así fue.

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Pero a la par que la Junta retiró el cuerpo identificado con el nombre de Emma del hospital, alguien, en algún punto del caos, envío otro cuerpo, también con su nombre, al cementerio Parque de la Paz de La Aurora y continuó el trámite de inhumación hasta registrarlo en la ubicación ‘PP-158-01-F0538’.

El camposanto cobró al IESS los costos de inhumación. La Junta de Beneficencia intentó que Elsa pague el rubro que le correspondía al Seguro por cremación. Ella se negó. Claro, reclama, “ellos se equivocan y yo debo pagar sus errores…”.

Elsa Maldonado
Frente al bloque donde supuestamente está enterrada su madre.Blanca Moncada / EXPRESO

Elsa Maldonado ha retirado las cenizas que recibió del altar improvisado en el dormitorio de su madre y las ha ubicado en un rincón de su garaje. “Tengo dos muertos y no sé cuál es el mío ahora”, dice frustrada.

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La tumba del otro cuerpo identificado como el de su madre es parte de un bloque de ‘muertos por COVID-19’. Está ubicada en la parte de atrás del bloque de Emelec. Allí, la emergencia sanitaria aún se percibe en el aire. Los cuerpos sin autopsia ni formol pasan factura al olfato, que recuerda cómo huele la muerte tras una pandemia.

“Emma Marina Aguirre”, se lee en la losa que encierra el cuerpo. “Ni viendo la tumba puedo estar segura de que es mi madre”, dice al frente del bloque de fallecidos Elsa Maldonado. Ahora tramita una prueba de ADN.

Me siento desmoronada, me falta el aire, necesito un consuelo. Necesito un psicólogo. Estoy mal.

Elsa Maldonado, afectada.