Esquivando los obstáculos en dos ruedas

  Guayaquil

Esquivando los obstáculos en dos ruedas

Las ciclovías en Guayaquil y Quito tienen más trabas que kilómetros. Las rutas no están listas, no tienen planificación ni se conectan

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Guayaquil. El irrespeto es evidente al pie del Municipio. Autos se parquean todos los días sobre la ciclovía.Juan Faustos / EXPRESO

En el nuevo concepto de ciudad, la implementación de ciclovías y el uso de la bicicleta como una nueva forma de movilidad sostenible están presentes. Pero si bien para unos esta alternativa de transporte es capaz de aligerar el tráfico que enfrentan Guayaquil y Quito en sus calles; para otros, por lo mal planificadas que están sus rutas, representan un riesgo y son el detonante de más atascos.

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Los obstáculos superan los kilómetros en la ciclovía

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Solo en el Puerto Principal, EXPRESO se ha venido haciendo eco de los reclamos de la ciudadanía frente a la construcción de ciclovías que ni siquiera a plena luz del día facilitan la movilidad, puesto que no están bien trazadas, ni se conectan, ni cumplen con los requisitos técnicos para garantizar que un ciclista pueda hacer de su recorrido un viaje seguro y placentero.

Hace dos años, de hecho, la alcaldesa de Guayaquil, Cynthia Viteri, aseguró que con el objetivo de convertir a la ciudad en un espacio amigable, para diciembre de 2020 se construirían 100 kilómetros de ciclovía, pero a la fecha esa cifra ni se acerca a lo prometido. Apenas hoy, alertan los colectivos de ciclistas, 22 kilómetros de ese total tienen forma y sigue siendo una incógnita cuándo estará cumplido el objetivo inicial.

Ni la Municipalidad ni la Agencia de Tránsito y Movilidad responden a ello, pese a las consultas hechas por este Diario, que incluyen conocer las razones del atraso.

Mientras tanto, los contratiempos se multiplican.

Un claro ejemplo de ello es lo que pasa en la avenida Rodríguez Bonín, que se conecta con las avenidas Barcelona y del Bombero; donde hay ciclovía, pero en la misma ruta están también los peatones, los vendedores informales con sus mesas, canastas y sillas, y los paraderos de buses.

“Si hay mucha gente esperando el bus, soy yo quien se lanza al concreto. Si somos más nosotros, es la gente la que lo hace, incluso si son niños. Es lamentable, es horrible y una burla por parte de la Alcaldía que nos hayan dibujado una triste línea sobre la acera para dizque decir que ahora hay ciclovía, y que como resultado de esa idiotez ahora todos estemos en riesgo”, se quejó el ciclista Diego Landázuri, quien habita en la ciudadela Bellavista.

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Trazado. La falta de señalética dificulta el paso en las rutas de Guayaquil. Los ciclistas tienen que adoptar el rol de vigilantes para intentar tener algo de seguridad.Juan Faustos / EXPRESO

Landázuri trabaja en Ceibos y en bicicleta llega en no más de 10 minutos, aun con todos los obstáculos que debe sortear en el camino. “Si lo hiciera en auto, por el congestionamiento, demoraría 30 al menos. La bici es lo mejor que hay, lo que falla son las rutas construidas con desgano. Sin estudios siquiera”, lamentó.

De los 100 kilómetros prometidos de ciclovía en Guayaquil, no llegamos ni a 30. ¿Por qué? No lo sabemos. Pero queremos que cumplan, que planifiquen y corrijan errores.

Daniel García, líder de Team Coronabike

La semana pasada se conmemoró el Día Mundial de la Bicicleta y este Diario, durante un recorrido nocturno por la urbe, fue testigo de la serie de vicisitudes que tienen que experimentar los ciudadanos. Ante la falta de señalética se ven obligados a rogarles a los conductores que paren la marcha y les cedan el paso. Y ante la oscuridad reinante, asimismo, las linternas de los celulares hacen de luminarias.

El circuito que tenemos en Guayaquil sigue siendo escaso y está repleto de trabas. No es continuo, falla la señalética, no hay respeto hacia nosotros. Falta cultura vial y respeto ciudadano. 

Pedro Quevedo, ciclista
Ciclovía

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En la Garzota, en la avenida Democracia y en el tramo que va de la avenida 9 de Octubre al Malecón, la ayuda externa debió estar presente porque, de lo contrario, los insultos retumbaban. “En estos puntos nos toca convertirnos en vigilantes, por eso siempre es mejor salir en masa. Sobre lo que nos gritan, pues nos dicen de todo, prefiero no describir lo que escuchamos. ¿Pero qué más se puede esperar, si ni las autoridades nos respetan?”, expresó el ciclista Danilo Méndez, quien al pie del Municipio debió abrirse y compartir el asfalto hasta con los buses, debido a que la ciclorruta estaba repleta de autos.

Me preocupa la falta de respeto que existe en las ciclovías. Además de la falta de señalética, la nula iluminación nos pone en riesgo en todas las rutas por igual. El sitio no importa.

Fátima Zea, ciclista guayaquileña

En el lugar, al igual que en los exteriores de la Gobernación y la Prefectura, no hubo un solo metro libre para los biciusuarios. Ni uno solo. La escena se repitió a lo largo de la conflictiva y transitada calle 10 de Agosto, donde además hay tramos que se achican porque en plena ruta se han sembrado árboles.

En el centro hay varios problemas, empezando con que la línea trazada de la ruta está borrada, apenas se ve. Y hay letreros, pero los conductores no los toman en cuenta.

Juan Pablo Pérez, ciclista guayaquileño

Ciclistas como Daniel García y Pedro Quevedo además cuestionan que no se piense en el sur. Lamentan que el trayecto no sea continuo en la calle García Moreno. “Uno llega a la intersección con Capitán Nájera y el camino termina. ¿Qué pasa en el sur? ¿No hay ciclistas? ¿Qué pasa con los 100 kilómetros prometidos? ¿Qué pasa con la idea de conectar hospitales, mercados, centros comerciales y demás sitios en los cuatro puntos cardinales del Puerto Principal?”, se preguntan; al hacer hincapié, una y otra vez, en que se planifique, se corrijan errores, se hable con los ciclistas y se tome en cuenta la opinión de los urbanistas y la academia, que incluso tienen proyectos para mejorar la movilidad (ver subnota).

Y en la capital del país el escenario no es distinto.

EXPRESO realizó un recorrido por los 127,23 kilómetros de ciclovía trazados en el norte, centro, sur y valles de Quito, y evidenció que en algunas rutas la carga de ciclistas es mayor, mientras que en otras es casi nula. Es el caso de la avenida Amazonas, una de las principales arterias de este proyecto que nació hace más de una década y que se conecta con el centro para dar salida al sur. Hugo Erazo es uno de los casi 40 usuarios que circularon en solo 10 minutos por esta ciclorruta. Usa su bici tres veces a la semana. Lo hace desde hace un año. Por necesidad, porque llegó la pandemia y también por salud, añade.

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Quito. La inseguridad vial obliga a los ciclistas a rodar incluso sobre la acera.Henry Lapo / EXPRESO

Vende seguros en diferentes empresas y cubre gran parte de la zona financiera del norte. Casi recorre los 67,60 kilómetros de ciclovía trazados en este espacio. “Al inicio me costó adaptarme por el físico que se requiere para pedalear en calles empinadas y lidiar con la falta de respeto de los conductores”, reconoció.

La ciclovía es útil en ciertos aspectos, pero hace falta más control porque las motos invaden estas vías, al igual que los peatones. Por eso no las uso y circulo en la vereda, es más seguro.

Samir Gavilánez, usuario de la ruta norte, quiteño

Samir Gavilánez es otro usuario. Recorre casi cuatro kilómetros sobre su scooter, desde la avenida Patria hasta el parque La Carolina, pero lo hace sobre las veredas y evita utilizar las rutas señaladas en la calle. Tal como pasa en Guayaquil, el miedo lo supera. No puede compartir carril con buses y automóviles, porque “no hay separadores de vía altos y eso hace que los vehículos invadan” su espacio. “He visto muchos accidentes. Las autoridades deberían mejorar, pero ya, algunos cruces que se cortan para dar paso a los carros”, advierte.

Las ciclovías están deterioradas en varios sectores del norte. Subutilizadas. Hay escasos ciclistas por la inseguridad que se vive a nivel general y el peligro ante los carros.

Luis Guerrero, peatón quiteño

Este Diario se comunicó con la Secretaría de Movilidad para conocer sobre los estudios técnicos realizados para la aplicación de este proyecto, los posibles ajustes que se realizarán, nivel de uso, beneficios y demás incógnitas, pero a través de un escrito solamente se indicó que “aún se debe mejorar la calidad de infraestructura, cobertura y conectividad de la red”.

Fueron hechas de forma desordenada. No tienen parámetros técnicos. No las usan los ciclistas sino los motorizados. Las ciclovías tienen fallas, a tal punto que generan hasta atascos.

Emerson Heredia, usuario quiteño

Alba Núñez, arquitecta urbanista e investigadora sobre movilidad alternativa durante casi ocho años, confirma que hicieron falta más estudios técnicos para la correcta implementación de las ciclovías en la capital. Principalmente para su localización, trazado de rutas, conexiones adecuadas, seguridad en las vías y espacios o alternativas de conexión con otros medios de transporte.

  • Defectos

Al menos 20 grupos urbanos y otros 20 grupos montañeros hay en la urbe, además de quienes no pertenecen a ningún colectivo y usan la bici como transporte. Esto significa como mínimo 10.000 personas. Una cifra, a decir de los urbanistas, más que necesaria para crear circuitos que conecten toda la urbe.

  • La Isidro Ayora

En repetidas ocasiones, Jimmy Martillo, líder del club Ciclistas de la Calle, ha pedido que la ciclovía de la av. Isidro Ayora, al norte, tenga más iluminación y señalética. La ruta es usada para las recreovías que hace la ATM uno que otro domingo, pero advierte que solo entonces, cuando los carriles están cerrados, se siente la tan anhelada seguridad vial.

“Las ciclovías no tienen nada que ver con el tráfico. Este obedece a una falencia del Municipio, al no ofrecer un transporte público de calidad. Se puede mejorar el diseño de estas para que sean útiles y funcionales. No hay que eliminarlas. Con varias modificaciones sobre lo que ya está hecho, es posible conseguir avances”.

En ambas ciudades, otras falencias son la falta de diseño de rutas con orígenes y destinos claros, la ausencia de parqueaderos públicos seguros para bicis y la falta de puntos de descanso para cambio de medio de transporte para largas distancias.

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La falta de planificación hace de las ciclovías zonas peligrosas.Juan Faustos / EXPRESO

Según Núñez, en Quito resulta urgente buscar alternativas de conexión continua, para evitar el abandono de estos espacios, como sucede en la zona universitaria ubicada sobre la avenida 12 de Octubre, Madrid, Valladolid y un tramo de la Veintimilla. Así como en el sector de La Floresta, donde al parecer, por las calles empinadas y lo desolado que luce un tramo de la zona, los ciclistas están ausentes.

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“No puede haber tramos con segmentos cortados. Estas conexiones son deficientes. Y el espacio ganado para los ciclistas es subutilizado, convirtiéndose en parqueadero para carros. Hay que entender a la ciudad desde el ciclista. Las dificultades que tiene para movilizarse, las distancias, puntos de origen, destino”.

Así lo corrobora Danny Arteaga, miembro del colectivo Quito Pedal, quien desde hace 15 años utiliza su bicicleta como medio de transporte. Aprendió a desplazarse por las rutas “construidas a medias”, entre carros pesados, parques y otras vías que hasta hace poco “eran imaginarias, porque ni una línea divisoria marcaba el espacio en la calle”. Pese a sus años de experiencia, afirma que sigue siendo un reto y un peligro a la vez desplazarse en dos ruedas por la capital. La presencia de redondeles, los cortes inesperados y la insuficiencia de semáforos son problemas con los que lidia a diario.

EL DETALLEExpertos consideran que la ciclovía es la solución a viajes cortos, máximo de 7 kilómetros. La ruta va desde la avenida de Los Eucaliptos a la Cóndor Ñan.

Pero la realidad es otra en el sur de la ciudad. Los 20,27 kilómetros construidos en abril de 2020, cuando la pandemia inmovilizó todo, hoy han perdido auge. Los ciclistas brillan por su ausencia. Y algunos tramos de la ciclovía que va desde la avenida 5 de Junio hasta la Cóndor Ñan han sido mal utilizados, pues la gente la aprovecha ahora como arterias alternas por motorizados y como zonas de parqueo.

Aspecto. Se removió el concreto y se cavó una especie de agujero.

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Emerson Heredia lo corrobora. Diariamente es testigo de ello. Su inconformidad no es con los “amantes del pedal”, asevera, sino con las autoridades municipales que “realizaron la obra en vano, solo por la presión social que existía en ese momento, por quedar bien con la gente sin pensar en el malestar que generarían”.

En el sur no se utilizan las ciclovías. Las distancias son muy largas, superan los 7 kilómetros para llegar a una parte céntrica a hacer trámites. Las calles son irregulares, más angostas. En lugar de dar una ayuda, se caotiza más en horas pico”, detalla.

Núñez concuerda con que en este sector, la bici debe ser empleada solo para tramos cortos; así como en que el panorama urbano es opuesto al que se presenta en el norte. “Acá las distancias superan los 10 kilómetros. Los niveles de inseguridad son mayores. No se consideraron puntos de origen y destino inmediatos. Y este sector es más monofuncional, es decir destinado solo para viviendas y comercio. Por eso las ciclovías lucen desoladas”.

Según Núñez, la solución para que no desaparezcan estas rutas ni sean subutilizadas es construir nodos intermodales, es decir puntos seguros donde los ciclistas dejen su bici a buen recaudo, mientras ellos acceden a otro tipo de transporte, como bus, trolebús, metro (en un futuro) o taxi, hacia destinos más largos.

La academia plantea mejoras

Teniendo en cuenta la realidad que enfrentan los ciclistas, desde la facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Guayaquil, los arquitectos Joselyne Bastidas y Ronny Quimí, bajo la tutoría del docente Brick Reyes, plantean construir una ciclovía que mejore el circuito existente en el norte.

Ellos proponen enlazar Miraflores, Urdesa y la Kennedy a través de una ruta que sea trazada únicamente en las calles secundarias más anchas (de al menos 9 metros de ancho), a fin de que aun construyendo una ciclovía de lado y lado, haya el suficiente espacio para que circulen los carros y se regeneren las aceras. Hoy estas están agrietadas y con obstáculos. Lo que sugiere el equipo es que se planten árboles cada 15 metros, así como colocar maceteros y fijar sitios de descanso.

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Pero para que cierre el circuito, advierten, sería interesante que el Municipio considere construir el tramo faltante que va desde Guayarte, en la Carlos Julio Arosemena, hasta Miraflores, donde comience la ruta. “El nexo estaría completo. Sería útil, colorido. Una ruta que invite a todos a utilizarla”.