Guayaquil

Diana Gardeneira: "Las críticas son patadas de ahogado del machismo"

Previo la marcha del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, EXPRESO dialogó con La Gallina Malcriada durante uno de sus talleres en Guayaquil.

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El taller organizado por La Gallina Malcriada se realizó en la Casa de la Diversidad, en el centro de Guayaquil.Cortesía

Para ellas, el 8 de marzo es un día que celebra la resistencia femenina. Este domingo 8 de marzo, en el Día Internacional de la Mujer, marcharán por las calles de Guayaquil alzando sus voces en contra de la inequidad.

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Son las mujeres de La Gallina Malcriada, un grupo dedicado al arte feminista, quienes como preparación para esta fecha, organizaron cuatro talleres de elaboración de carteles para la marcha. Cada uno sirvió como un espacio de reflexión sobre una problemática en específico. El último se enfocó en el tema de la marcha de este año: la huelga de cuidados.

Basándose en el artículo ‘Mucho Cuidado’, la artista visual y ‘gallina’ Diana Gardeneira enfocó la conversación en el sesgo de género — y de clase social — que hay en el reparto de los cuidados dentro del hogar.

Las mujeres han sido sometidas a un mandato biológico. “Naces mujer, entonces tienes que cuidar, dar proveer... y gratis, por amor”, dijo Gardeneira. Es decir, sin recibir un pago por el arduo trabajo de cuidar de otros, que a veces requiere dejar a un lados sus propias ambiciones.

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“¿Cuándo vamos a decir que ser ama de casa es un trabajo que necesita remuneración, seguro social y vacaciones pagadas?”, dijo María Cruz Sánchez, del sindicato UNTHA (Unión Nacional de Trabajadoras del Hogar y Afines).

“Cuidamos de los niños, los ancianos, los enfermos…¿pero quién cuida de nosotras?”, preguntó Elaine Silva, también de La Gallina Malcriada. Mencionó los mensajes de texto masivos que ha estado enviando el Gobierno tras la llegada del coronavirus a Ecuador, con instrucciones y líneas de asistencia. “¿Por qué no nos llega también un mensaje que diga, “Si sufres violencia, llama a este número”?”, preguntó Silva.

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    Diana Gardeneira y Elaine Silva, de La Gallina Malcriada, lideraron el taller.Diana Illingworth
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    Conversando y compartiendo experiencias, las mujeres del taller encontraron inspiración para sus carteles.Diana Illingworth
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    Luego del diálogo inicial sobre la huelga de cuidados, las mujeres que asistieron al taller se dedicaron a elaborar sus carteles.Diana Illingworth

La Gallina Malcriada surgió en 2018 de la frustración de un grupo de amigas artistas al escuchar en repetidas ocasiones que en Guayaquil no hay suficientes artistas mujeres. Ellas decidieron crear espacios de visibilidad, confianza y sororidad para presentar sus obras y compartir testimonios.

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Ahora están presentes en las manifestaciones feministas en Guayaquil, pese a las críticas que estas suelen recibir en redes sociales, como sucedió tras la recreación del performance ‘Un violador en tu camino’.

“Las críticas son patadas de ahogado del machismo”, dijo Gardeneira. “Son trolls. Pueden parecer mayoría, pero creo que no. Se están dando cuenta de que se les está acabando el tiempo, y por eso reaccionan de esa manera. Quieren instar al odio, cuando nosotras lo que pedimos es respeto, amor”.

El nombre La Gallina Malcriada viene de las pinturas de gallinas que hace una de sus integrantes, Ana María González, quien hizo que Gardeneira notara una particularidad de estos animales: caminan seguras, sacando pecho, con una actitud de, “Si me haces algo, te picoteo”.

“La clave para educar a los niños para que no haya machismo y dejemos estas malas costumbres es ser malcriado. Rebelarte contra el sistema es malcriadez”, explica Gardeneira. “Luchamos por la malcriadez”.

Las niñas también tuvieron su espacio en los talleres de carteles. A ellas se les dijo que el 8 de marzo es un día para recordar sus derechos, que ellas enumeraron: derecho a jugar, a aprender, a tener un hogar, a ser cuidadas, respetadas y felices.

La esperanza de Gardeneira es que pronto se empiecen a desarrollar talleres feministas para hombres, organizados por hombres. “Que empiecen a deconstruirse y hacer sus propios espacios; que no seamos nosotras las que tienen que educarlos y darles clases de feminismo”.