Setas Psilocybe: los hongos medicinales vencen el tabú y reciben la atención de la ciencia
Tras décadas de ser relegadas, se vuelven una luz como parte detratamientos para la ansiedad y depresión. Eso sí, con supervisión profesional

Después de su prohibición en la década de los 70 del siglo pasado, la ciencia ha vuelto a abrazar el estudio de hongos Psilocybe en el campo de la medicina.
- Los hongos Psilocybe están siendo cada vez más integrados a tratamientos para la depresión y la ansiedad. Y hay investigaciones en su uso contra el alcoholismo y tabaquismo, con muy buenos resultados.
- Se lo considera un recurso complementario de un tratamiento integral. Su uso requiere acompañamiento profesional.
- Están contraindicados para personas con psicosis, bipolaridad, descompensación psiquiátrica y consumo de determinadas medicinas.
La ciencia médica occidental suele mirar con recelo todo aquello que no encaje en sus paradigmas. Esta especie de ‘prejuicio’ por lo desconocido ha provocado que determinados recursos de la naturaleza con poderes terapéuticos y medicinales hayan sido satanizados durante décadas, como por ejemplo la ayahuasca, el peyote, las setas Psilocybe o el cannabis.
Por fortuna, en los últimos años los científicos han abierto su campo de acción, aplicando la rigurosidad del método científico a conocimientos que han acompañado a la humanidad durante miles de años.
Como parte de esta especie de nuevo Renacimiento de la medicina ancestral, los hongos Psilocybe han recibido atención por parte de la comunidad científica para el tratamiento de la depresión (incluso crónica) y la ansiedad, dos de los mayores azotes actuales de la salud mental.
Además, hay líneas de investigación que apuntan a su uso en tratamientos contra el alcoholismo y el tabaquismo, que hasta ahora han tenido resultados prometedores.
Parte de un tratamiento integral
En Ecuador, una de las pioneras en la investigación en este campo es la científica y naturópata Susana Llivisaca, máster en Biociencias y Biodescubrimiento, entre otras maestrías, quien ha incluido setas Psilocybe en sus tratamientos.
Una de las primeras advertencias que hace la experta es evitar caer en la idea de que estas setas por sí solas tienen la solución contra la depresión y la ansiedad, pues son tan solo uno de los elementos que forman parte de sus tratamientos. “El ser humano es muy complejo. Hay que abordarlo de una manera integral. Los síntomas son una expresión de algo que nos afecta, pero hay que buscar la raíz”, explica la experta.
“Y hasta encontrar esa raíz, hay que ir limpiando el organismo, desintoxicando, mejorando la microbiota, mejorando su nutrición, desintoxicando de metales pesados, atendiendo problemas de drenaje linfático. Según cómo esté tu cuerpo, así se van a expresar tu mente y tus emociones, porque las emociones son química también”.
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Conectarse con el mundo
Muchas veces la depresión y la ansiedad son síntomas de un malestar físico. Por eso, en sus tratamientos ni siquiera es necesario llegar a administrar las setas Psilocybe.
Una persona con depresión suele ser renuente a seguir un tratamiento. “Muchas veces ni siquiera desea levantarse de su cama. Entonces, a mí como profesional se me va a complicar que un paciente siga el proceso. Las setas ayudan a conectarte con el mundo, con las ganas de vivir, te devuelve la curiosidad que tenías cuando eras un niño”.
De esta manera, con dosis o microdosis, según cada caso, es posible mejorar el estado de ánimo del paciente, para que por sí mismo decida seguir el proceso. “Porque para lograr una buena calidad de vida es necesario seguir procesos”, explica.
Al venir del mundo de la ciencia, ella entiende perfectamente lo difícil que resulta vencer el prejuicio que existe en torno al uso medicinal de ciertos productos naturales, pero ella conoce en primera persona de los beneficios de las setas, al haberlos probado para mejorar su propia salud, tras ser diagnosticada en 2013 con depresión y ansiedad. “En esa época existía un tabú terrible. En Estados Unidos recién se estaban reabriendo las investigaciones”, recuerda.
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Para quiénes está contraindicado
Los estudios científicos han determinado hasta ahora que las terapias con setas Psilocybe pueden ser riesgosas en personas con psicosis, bipolaridad, descompensación psiquiátrica, ciertos fármacos o antecedentes familiares importantes.
En el caso del tratamiento de la máster Llivisaca, si ella considera que un paciente necesita setas Psilocybe, debe pasar antes por la evaluación de una psicóloga clínica, para determinar si está apto.
El manejo con hongos Psilocybe se complementa con el acompañamiento de una psicoterapeuta, que se encarga de la etapa de integración o cierre, para entender todas las sensaciones, imágenes e ideas surgidas tras la ingesta de las setas.
Eso recalca la idea de que los hongos son apenas un elemento de una terapia que debe ser integral. Esto mientras se continúa con el tratamiento naturopático.

Las terapias con setas Psilocybe pueden ser riesgosas en personas con psicosis, bipolaridad, descompensación psiquiátrica, ciertos fármacos o antecedentes familiares.
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Efectos
Las setas Psilocybe actúan sobre receptores de serotonina relacionados con la percepción, la emoción, la cognición y la flexibilidad mental.
Pueden disminuir la rigidez de las redes cerebrales asociadas a la rumiación mental, es decir el estado de pensar de forma obsesiva sobre las mismas preocupaciones o emociones negativas, sin llegar a una solución.
Por eso se las estudia como un catalizador de neuroplasticidad. Sin embargo, hay que tener claro que no es una cura mágica. Necesita preparación, acompañamiento e integración.
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Revalorización de la medicina ancestral
La Declaración de Astaná de 2018, una resolución impulsada por la OMS, Unicef y los Estados miembros de la ONU, reconoció la necesidad de incorporar conocimientos ancestrales en la búsqueda de la salud para todas las personas.
En un contexto en el que la medicina convencional se está quedando sin respuestas ante nuevas enfermedades y cepas de bacterias multirresistentes, recuperar las técnicas y recetarios de la medicina tradicional se vuelve imperante.
Incluso el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en abril de este año, firmó una orden ejecutiva para impulsar la investigación de productos psicodélicos para el tratamiento de trastornos de salud mental, objetivo al que aportó 50 millones de dólares de los fondos federales.
Y le hizo el pedido puntual a la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) para acelerar la revisión de fármacos como las setas Psilocybe o la planta africana Tabernanthe iboga, que contiene ibogaína, un estimulante del sistema nervioso central.
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Un conocimiento milenario
A pesar de que recién en los últimos años está aumentando el número de investigaciones científicas sobre las virtudes de las setas Psilocybe, el ser humano lleva usándolas desde hace milenios.
América es especialmente prolífica en culturas que se han beneficiado de las bondades de los hongos. Los olmecas, mayas y aztecas consideraban a las setas como puertas al mundo espiritual. Por su parte, los aztecas las llamaban teonanácatl, término que en náhuatl significa “carne de los dioses”.
Asimismo, en el continente africano, en Argelia, las pinturas rupestres de Tassili n’Ajjer, con una antigüedad de entre 12.000 y 2.000 años, muestran figuras humanas con setas, lo que sugiere su uso en sus rituales. Y existen registros de que en la antigua Mesopotamia, en Asia, hace más de 4.500 años, ciertos hongos ya eran usadas con fines terapéuticos.
Cabe destacar que el proceso de colonización europea, que implicó la desaparición de gran parte de la población nativa de América, Asia y África, provocó la destrucción de un enorme cúmulo de conocimientos.
Recuperando el tiempo perdido
En las décadas de los 30 y 40 del sigo pasado, el químico suizo Albert Hofmann sintetizó la dietilamida de ácido lisérgico y probó su uso como psicodélico, despertando el interés de la comunidad científica por esta sustancia en la psiquiatría.
Entre 1950 y 1960 hubo muchas investigaciones. Pero en 1970 el presidente estadounidense Richard Nixon firmó la Ley de Sustancias Controladas, que calificó a los psicodélicos como “sustancias dañinas sin potencial terapéutico alguno”, lo que hizo que estas investigaciones quedaran prohibidas.
Hasta que en 1989, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) volvió a autorizarlas, para superar décadas de oscurantismo científico.