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Diario Expreso Ecuador

Ousman Umar: “Sobreviví para ser la voz de los que no llegaron”

El emprendedor social y escritor ghanés nos cuenta su odisea como migrante, su labor por la educación de su país y cómo su experiencia vital llegó al cine

Durante su travesía desde Ghana a Europa, Ousman sufrió robos y maltrato por parte de las mafias que controlan la migración ilegal. Hoy ayuda a mejorar la educación en su país.

Durante su travesía desde Ghana a Europa, Ousman sufrió robos y maltrato por parte de las mafias que controlan la migración ilegal. Hoy ayuda a mejorar la educación en su país.

Marco Martinez
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Entre todos sus recuerdos de la infancia, Ousman Umar tiene grabado a fuego el día que en su natal Fiaso, en Ghana, observó un avión cruzar el cielo.

Fue una visión casi mágica, una especie de revelación que lo hizo tomar conciencia de que el mundo no acaba en los límites de su pueblo y lo llevó a proponerse conocer qué había más allá. O llegar incluso al ‘país de los blancos’, aquellos seres que vivían en grandes ciudades y eran capaces de construir máquinas que vuelan como la que lo había impresionado.

Comenzó así una odisea por diferentes puntos de su país y luego hacia Libia a través del desierto. Allí, bajo el imperio de terror de Muamar el Gadafi, vivió cuatro años hasta que se lanzó al mar Mediterráneo en una patera rumbo a Europa, en una travesía que terminó en Fuerteventura, España. Tenía solo 18 años y, pese a todo lo vivido, su aventura recién comenzaba.

Lo más impresionante de la odisea de Ousman superando los peligros del desierto, el océano y la maldad humana es que él decidió nunca devolver el odio con odio, sino más bien aprovechar su experiencia para tratar de hacer del mundo un lugar mejor.

Tras las peripecias que sufre todo migrante y la ayuda de varios ángeles en su camino, se radicó en Barcelona, aprendió español y catalán, consiguió trabajo e inició su cruzada: contribuir a la educación en su país para que nunca más otra persona tenga que padecer lo que él vivió.

Con esa intención, en 2012 fundó Nasco Feeding Minds, una ONG que se ha propuesto cambiar el paradigma de la ayuda humanitaria, ejecutando diferentes proyectos en Sawla y comunidades cercanas en su país, Ghana, fomentando la educación en zonas rurales con programas que incluyen enseñanza digital, cuidado de niños, empoderamiento de la mujer, atención comunitaria, médica y medioambiental.

Ousman comparte su historia y aprendizajes con los lectores de SEMANA.

Pese a todas las injusticias y maltratos sufridos, usted no devolvió maldad con maldad.

Lo que nos pasa no depende muchas veces de nosotros, pero la manera de recibirlo o cómo integrarlo es nuestra responsabilidad. Creo que el dolor y el odio son tan pesados, que decidí vivir con amor. El amor es la manera más libre de vivir. Vivir con odio es mucha carga.

Hay que considerar que su vida siempre ha estado marcada por el factor fortuna.

Creo que tuve muchísima suerte en mis travesías. La pregunta es por qué mis compañeros no tuvieron suerte. Llegué a la conclusión de que la suerte existe, porque yo he tenido muchísima, pero reconozco que la suerte se busca. También debemos aceptar que hay cosas que el entendimiento humano no puede explicar. ¿Por qué tú tuviste suerte y el otro no? Para muchos puede ser casualidad. Para otros, hay un Dios del que depende el destino de cada uno. He tenido una suerte que no es normal.

Y desde el mismo instante de su nacimiento. Porque su mamá fallece al darlo a luz, lo cual en su tribu, los walas, lo condenaba a morir.

Si hubiera tenido la mala suerte de que mi padre no fuera chamán, no estuviéramos hablando ahora. Mi padre tenía cierto reconocimiento en la tribu y no dio el permiso para que acaben con mi vida.

Siempre se dice que acciones como la suya, de ayudar a dar una mejor educación a niños y jóvenes de su país, son insignificantes ante el poder de los grandes ejércitos o gobiernos. Pero también pueden ser un gran motor de cambio.

Hay que entender que las grandes batallas no se ganan en un instante, sino haciendo cosas pequeñas. Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas muy pequeñas son literalmente quienes van a cambiar el mundo. Muchas veces nos sentimos incapaces, pero eso significa otorgar el poder a terceras personas. Eso justamente es lo que buscan: hacernos sentir insignificantes y que se necesita el poder exterior.

¿Dónde usted encontró y encuentra la fuerza para resistir?

Cuando un hombre toca tanto el fondo, solo te queda quedarte ahí y odiar a los seres humanos porque has sufrido por ellos, o hacer cualquier cosa para evitar que otros sufran. Cuando has nacido sin nada, valoras cualquier cosa. Para mí, al haber nacido con nada y sufrir tanto, solo poder respirar cinco minutos más ya era una oportunidad.

Muchas veces es inevitable flaquear y sentirse derrotado.

Sí que flaqueo, pero creo que mañana puedo estar mejor y eso me mantiene siempre vivo.

Su vida, hecha libro y película

En 2019 usted publicó su primer libro, ‘Viaje al país de los blancos’. Debe haber sido doloroso revivir los momentos más duros, pero también sanador.

No fue nada fácil. El proceso fue complejo, sobre todo la parte emocional. Tengo que explicar que luego de haber sobrevivido, el sentimiento de culpabilidad es terrible. Me preguntaba por qué había vivido y mis compañeros no.

Pero también entendió que sobrevivió para cumplir un propósito de vida.

Sí: ser la voz de todos los que no llegaron y evitar que otros niños caigan en esa trampa. La historia es mía; las quemadas, las marcas en mi cuerpo por torturas son mías, pero la crueldad del recorrido es de miles de millones de personas.

¿Y cómo luego surge el proyecto de la película?

Eso es el ejemplo de que hay esperanza en la humanidad, pese a la crueldad y el dolor. Tuve mucha suerte, porque soy amigo del director, Dani Sánchez, nos conocimos en 2015. Él justo acababa su tesis del máster de Cine y me dijo: “Tu historia es de película”.

Afiche de la película ‘Viaje al país de los blancos’, del director Dani Sancho, que cuentan la historia de Ousman.

Afiche de la película ‘Viaje al país de los blancos’, del director Dani Sancho, que cuentan la historia de Ousman.

Asumo que lo más importante debe haber sido transmitir la esencia de su odisea, más allá de la fidelidad histórica.

No ha sido un trabajo de un día para otro, sino muy meditado, a fuego lento. Y lo más importante es la confianza. Porque hubiera sido más fácil acabar con un director más reconocido, considerando que el libro fue publicado por una gran editorial, Penguin Random House, que lo visibiliza exponencialmente. Fue un camino de nueve o diez años, hicimos seis o siete versiones del guion.

Usted también participa como actor.

Hice el casting por curiosidad, como juego, y decidieron que era la mejor persona para hacerlo. No fue fácil volver a mirar a los ojos a ese Ousman niño, volver a vivir sus miedos, el frío, la soledad y sobre todo el abandono. Pero no lo habría hecho bien en la película si no hubiera revivido esa etapa.

Mensaje para los ecuatorianos 

En Ecuador, en los últimos años estamos viviendo una violencia exacerbada. Desde tu experiencia, ¿qué nos dirías a los ecuatorianos y latinoamericanos en general?

Tenemos que reconocer que tenemos la capacidad de mejorar nuestro futuro. Lo más importante que nos han regalado es la vida, y lo mínimo que podemos hacer es dejar un mundo un poquito mejor para los que vienen detrás.

También aquí es un tema complicado la migración, por la gran cantidad de ecuatorianos que salen y por los foráneos que recibimos, lo cual siempre genera tensiones.

Creo que el conflicto se debe al miedo al desconocido, porque cuando conoces al otro, da igual el color, entiendes que buscamos todos lo mismo: salud, paz y amor, en cualquier rincón del planeta al que vayamos. Yo llegué a Barcelona en 2005, antes de la crisis inmobiliaria. En ese momento los migrantes eran bienvenidos, porque había una necesidad real de contribuir al crecimiento económico en el sector de la construcción.

En ese momento los migrantes no eran un estorbo.

Pero cuando llegan las crisis aparecen grupos de odio a decir que los migrantes vienen a quitar trabajo (a la población local). Pero si un chaval que llega de 18 años, que no sabe leer y escribir, te quita el trabajo, el problema lo tienes tú. Y tú tienes que asumir tu responsabilidad.

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