Diego ‘Mapache’ Fuentes: "Mi primer espectador es la gente de Chile y Latinoamérica"
Su primera cinta, Matapanki, sobre un punkero con superpoderes, ha recorrido grandes festivales. Y ya trabaja en su segundo filme, Corazón de polilla

Matapanki se presentará en julio en el Neuchâtel International Fantastic Film Festival (Suiza) y el Bridge Film Festival (Italia).
La película Matapanki nació como el trabajo de graduación de la promoción 2023 de la carrera de Cine de la Universidad del Desarrollo, en Santiago de Chile.
Sin demasiadas pretensiones, pero con mucha pasión, crearon una historia sobre un antihéroe punk que adquiere poderes cuando bebe una pócima alcohólica, quien en su intento de hacer el bien provoca un conflicto a nivel planetario cuando mata al mismísimo presidente chileno.
Después de casi tres años de trabajo, en 2025 tuvo su estreno en el Festival Internacional de Cine de Valdivia.
Y de ahí de forma espontánea, gracias al boca al boca y las redes, Matapanki ha recorrido varias citas importantes como Buenos Aires Rojo Sangre, en Argentina; Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, en Cuba; o el Festival Internacional de Cine de Berlín, Alemania, donde recibió la Mención Especial del Jurado Internacional en la sección Generation 14+, vitrina del cine juvenil.
Además ha logrado mantenerse durante quince semanas en salas de cines de su país, una verdadera hazaña.
Su director, Diego ‘Mapache’ Fuentes, atendió las preguntas de EXPRESIONES sobre todo la gran acogida que ha tenido su ópera prima y su nueva en cambino, Corazón de polilla.
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Matapanki es un filme con el que el espectador se puede morir de risa, pero también llama al debate sobre temas sociales y políticos.
Sí, desde un inicio, decíamos que nuestra misión con la película era que la gente la pasara bien y que una vez ellos salieran del cine, tal vez en algún momento, se pararan a pensar qué está pasando con el gobierno, con el presidente, y tal vez despertar las conciencias de esa forma. Nunca quisimos llegar a un extremo de que la película fuera solamente chiste y cosas divertidas, pero tampoco queríamos hacer un panfleto político. Sentíamos que era necesario estar al medio.
No es sencillo lograr ese balance.
Sentíamos que era necesario hacer algo que le interesara no solamente a los festivales o a la gente que hace cine. No queríamos una película para nosotros mismos, sino que fuera una película que pudieran ver mis amigos, mis vecinos, mi mamá. Que la pasaran bien, pero que también tuviera esa calidad de una película de festival de cine.

Diego Fuentes ya está pensando en lo que será su segundo largomertaje, 'Corazón de polilla'.
¿Cómo fue esa gestión para que la película empiece a tener ese recorrido a traves de grandes festivales de cine?
Eso para mí fue súper bonito y súper surreal. Nosotros hicimos la película sin pretensiones de llegar a salas de cine y festivales. Para nosotros, lo máximo era estrenar en el Festival de Cine de Valdivia, porque era como nuestro referente local más importante.
Entonces a la película le empezó a ir bien, nos dimos cuenta de que tenía buenas críticas, que no solamente los estudiantes y la gente que le gusta el cine acá hablaba, sino que también estaba saliendo en medios más tradicionales. Ahí nos dimos cuenta de que teníamos la posibilidad de llegar a otros festivales y empezamos a postular. Pero también nos ocurría que veces los festivales nos pedían la película.
El Festival de Valdivia fue también una gran vitrina.
Valdivia es un festival al que van muchísimos programadores de otros países, entonces yo creo que fue una mezcla como de estar en el lugar correcto, y de que también las personas que estábamos detrás de la película hicimos nuestro trabajo. Es decir, también nos dábamos tiempo de conocer a las personas de la industria, ese trabajo de lobby, que es súper necesario también. Es como tomarte en serio lo que estáis haciendo, como el futuro de tu trabajo cinematográfico.
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La escena subterránea santiaguina
En octubre del 2022, como parte de las actividades de recaudación para la película, organizaron un concierto.
Sí, hicimos una fiesta tocata, esa era la gracia. Una tocata que después se transformara en una fiesta ahí para quien quisiera llegar.
Era un cartel con bandas de estilos variados.
Claro, mezclamos un montón de géneros, eso yo creo que fue lo entretenido. Porque no solamente había bandas que tocaban punk o hardcore, sino que teníamos invitados que venían de otros lados, de otros géneros. Me acuerdo que había gente que fue a rapear, había unas bandas que eran indie, había hasta cueca chilena. Entonces fue bien interesante como ese cruce. Y claro, después terminaba con una fiesta y ahí fue como que todos se conocían entre todos. Entonces fue bien bonito ese acompañamiento.

El filme chileno 'Matapanki' se ha mantenido en cartelera en los cines de su país por 15 semanas, un hito para una producción nacional.
Qué buena manera de empezar el proyecto, con esa vibra de la escena chilena, que es tan grande y diversa.
Sí, yo creo que nosotros desde un inicio, siempre sentimos el apoyo como de la escena. De hecho, las bandas que salen en la película, que son Mano de Obra, Altoids, Los Mirlos incluso y Dolor de Muelas, cuando nosotros nos acercábamos les explicábamos que no teníamos mucho presupuesto, pero que nos encantaría que sean parte. Y siempre existió ese compañerismo. Una vez que nosotros les contábamos de qué se trataba, se motivaron un montón.
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Las redes como catapulta de difusión
¿Qué tanto valoras la importancia de las redes sociales en la difusión de la película?
Mira, a nosotros nos sirvió un montón. En un inicio, el Instagram de la película lo administrábamos tres personas: Joaquín (Fernández), que es el cocreador y cámara de la película; Tom (Tomás Santelices), que es el productor, y yo a veces me metía a revisar cosas. En un inicio era poco profesional. Respondíamos a la gente como si fuera el personaje principal de la película. Peleábamos con la gente.
Eso ayudó a dar a conocer el proyecto.
Llegó mucha gente universitaria de otras escuelas de cine, y les llamaba la atención. Como que empezó no solamente por redes sociales, sino que empezó por el boca en boca. Entonces cuando nosotros llegamos a estrenar en (el Festival de Cine de) Valdivia, ya teníamos más o menos un público armado.
Y después eso facilitó un montón cuando llegó la distribución en salas de cine, porque ahí nosotros tuvimos la suerte de ganarnos un fondo de distribución, entonces ya se profesionalizó un poco, le pudimos pagar a un community manager, y ahí ya explotó.
Consiguieron alguien que conozca el tema y esté dedicado exclusivamente a eso.
Nosotros entregamos la cuenta con unos dos mil seguidores; hoy en día la cuenta tiene como diez mil. Lo lindo fue que él también entendía el humor de la película. Nunca se transformó en una cuestión corporativa, sino que siempre tratando de conectar con la gente, mantenerla informada de lo que estábamos haciendo.
Hicieron las convocatorias al casting por Instagram.
Hicimos las convocatorias, el casting abierto para la película, cualquier persona que quisiera podía salir, si a nosotros nos servían algún personaje. Había gente que viajaba dos horas solamente por ir a grabar. Desde un inicio se sintió como el cariño o el interés de la gente en participar en la película, no solamente ir a verla, sino también ser parte. Creo que se formó una comunidad muy buena en eso.
'Corazón de polilla', su siguiente largometraje
En medio de todo esto tan bonito que está viviendo con Matapanki, usted ya está pensando en su segundo filme, Corazón de polilla. ¿En qué etapa están ahora?
Estoy súper feliz porque reescribí el guion hace un par de semanas. Esa película tiene una técnica que es la pixilación, que es una técnica de animación como stop motion pero con personas. Acá hay un chico llamado Simón Bucher, que hace unos cortos con pixilación increíbles. Lo conocí en la premier de Matapanki, porque lo invitamos y le dije que me encantaría trabajar él. Se dio el tiempo de leer el guion y le gustó mucho. Entonces, estoy feliz porque siento que va avanzando.
¿Nos puede adelantar algo?
Creo que es una película que tiene ciertas temáticas que es necesario tocar, como son la discriminación y el tema con la comunidad LGBT, entonces yo estoy feliz y contento de tener la oportunidad de desarrollarla y espero poder llevarla pronto a cabo
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Siente talvez que la gran acogida que ha tenido Matapanki le genera una presión para su segundo filme.
He tenido varios pensamientos sobre eso. Pensaba: “Ya estrené en Berlín, ¿ahora qué tengo que hacer? ¿Repetirlo? ¿Llegar a otro festival?". En un momento me decía: “Si ahora ya toqué este techo, la siguiente tiene que ser aun mejor, o que a la gente le guste más”. Pero he tratado de mantener los pies en la tierra.
Cada película es su propio mundo.
Cada película tiene su propio público, su propia audiencia, sus propias necesidades. Yo lo que espero, más que los festivales, más que los premios, espero que a la gente le siga gustando lo que hago. Siempre he sido muy de pensar que nuestro primer espectador es la gente de Chile, la gente de Latinoamérica, la gente que habla el mismo lenguaje.
Siempre he dicho que en mis trabajos hay ciertas temáticas sociales y políticas, como el antifascismo, el antirracismo, decirle no a la discriminación, que a mí me interesa seguir plasmando, tal vez de forma directa o no, pero que estén ahí.
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Un filme hablado en ‘chileno’
Uno de los aspectos más interesantes de Matapanki es que le huye al español plano sin inflexiones regionales, que defienden ciertas productoras con el argumento de captar mayores audiencias.
“Creo que quitarle la manera en que hablamos los chilenos es no solamente autocensurarte, sino también quitarles una herramienta más a tus actores. Dentro de Chile tenemos formas de hablar diferentes según las regiones. Entonces, siento que se trata de una representación social que es necesario tener”, nos explica Diego al respecto.
“Yo no veo una película mexicana, ecuatoriana o boliviana esperando que su lenguaje suene neutro. Quiero escuchar los tonos, saber de qué manera hablan, sus modismos”, añade.