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Diario Expreso Ecuador

Richard y la economía local

La carrera ciclista no solo consagra campeones: también convierte a pequeñas localidades en protagonistas e impulsa su economía

Richard Carapaz, del EF Education-EasyPost, celebra en el podio como el ciclista más combativo del Tour de Francia 2026 con el maillot de la montaña.

Richard Carapaz, del EF Education-EasyPost, celebra en el podio como el ciclista más combativo del Tour de Francia 2026 con el maillot de la montaña.EFE

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En 1963, Goscinny y Uderzo publicaron una parodia del Tour de Francia en la que Astérix y Obélix recorren la Galia recogiendo una especialidad de cada ciudad. El saco amarillo donde cargan las provisiones alude al ‘maillot’ del líder. El chiste funcionaba porque desde el inicio del Tour en 1903, los franceses ya leían su país como una sucesión de etapas.

Este julio, miles de ecuatorianos que jamás habían visto una carrera de ciclismo hicieron el mismo ejercicio sin proponérselo. Siguiendo a Richard Carapaz, que terminó vestido de lunares rojos por segunda vez, supieron lo que es un ‘maillot’ y aprendieron a decir Le Bourg d’Oisans, el pueblo de tres mil almas donde arrancó la etapa que ganó en el Alpe d’Huez.

La estructura de la carrera hace posible que conozcamos decenas de pequeños pueblos. La organización cobra hasta ciento cuarenta mil euros a cada localidad que quiere una salida o una llegada, y aun así recibe cerca de doscientas cincuenta candidaturas al año.

Para un pueblo de tres mil habitantes en medio de los Alpes, la cuenta es sencilla. Hoteles copados, restaurantes que ganan en un día el ingreso de un mes, ferreterías y panaderías que atienden a varios miles de personas, y una fachada mostrada al mundo entero ante una audiencia que nunca habría tenido motivo para buscar ese lugar en el mapa.

Los pueblos que ganan con cada llegada de la carrera

Lo que les queda a esos pueblos luego de uno de los momentos más intensos del año es lo interesante. Turistas en bicicleta que reviven el Tour, visitantes en busca de las plazas y vistas que vieron en la transmisión, y quienes simplemente quieren explorar lugares cuyos nombres ahora conocen.

La premiación en París corona veinte días en que poblaciones diminutas montaron su propia versión de la fiesta con la misma intensidad, en su pequeña escala, y seguramente con mayor impacto del que causa la premiación en medio de los Campos Elíseos y con el Arco del Triunfo de fondo.

La lección es que el evento no inventa el valor de esas poblaciones en la periferia, sino que lo hace visible cuando permite que cada tramo del camino muestre lo que lo hace relevante.

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