Futuro ‘posibilista’ para Guayaquil
El debate sobre la fecha fundacional de Guayaquil abre una reflexión sobre la necesidad de superar disputas políticas y apostar por acuerdos y planificación

Guayaquil conmemora 205 años de Independencia con eventos que incluyen pregones, ferias, conciertos, entre otros.
Entre el 25 de julio, fecha patronal de Santiago Apóstol, oficializada en 1929 por el Concejo Cantonal, o el 15 de agosto como fecha real propuesta por una pléyade de historiadores como Miguel Aspiazu, Julio Estrada, Dora León y José Antonio Gómez, la ciudad puerto de Guayaquil, según el debate histórico fundacional, cumplió 491 años de creación castellana.
Para la conmemoración de los cinco siglos se requiere, como gran exigencia, que los actores sociales, económicos, políticos y culturales de la aglomeración y del país depongan sus encarnizados enfrentamientos politiqueros y de superegos, como sucede hoy. Y para que no ocurran situaciones a lamentar históricamente, como el plan de obras que se propuso por parte de la Comisión Técnica y la Junta de Notables para celebrar el primer centenario de independencia de Guayaquil, que tomó casi un siglo su cumplimiento.
El posibilismo como vía para alcanzar acuerdos
Para ello proponemos el ‘posibilismo’, que se destaca como un enfoque político-institucional entre los nuevos optimismos de cambio del siglo XXI. Y que consiste en una propuesta cognitiva y operativa que busca lograr objetivos concretos mediante negociación y uso de los recursos reales disponibles, en lugar de ofertas maximalistas o imposibles.
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Políticamente, prefiere el acuerdo colectivo y la reforma práctica antes que ideas extremas o difíciles de cristalizar. Describe a alguien -o grupo- que analice los hechos con frialdad, sin caer en elucubraciones clientelares o falsos optimismos populistas, centrándose en el progreso real que se puede alcanzar para las colectividades.
En las 24 provincias y 223 cantones los grandes planificadores son las autoridades en el poder, ellos hacen los presupuestos y distribuyen las obras de acuerdo a sus intereses clientelares, lo que provoca descontento social e impide conformar una ciudadanía política territorial. Incluso urbes metropolitanas como Guayaquil no escapan a las dinámicas urbanas reseñadas.
Las necesidades reales declaradas de una población no son compartimentos aislados, sino que se articulan entre sí; por ejemplo, la inseguridad no se puede reducir al predominio de la represión, debe de acompañarse de política social y bienestar del asentamiento intervenido.