análisis
El Gobierno desentierra a Correa para las elecciones
Es una de las estrategias del oficialismo de cara a las seccionales de noviembre Se intenta desterrar la comparativa con el expresidente

Rafael Correa representa para el Gobierno el fantasma político del pasado que busca mantener presente en el debate electoral.
Lo que debes saber
- El Gobierno busca que las seccionales sean un juicio al correísmo y no una evaluación de la gestión de Daniel Noboa.
- La ofensiva contra Correa también intenta frenar la idea de que Noboa se convirtió en una versión del expresidente.
Entre las estrategias del Gobierno para conseguir buenos resultados en las venideras elecciones seccionales hay una que es particularmente llamativa: la de posicionarse como la única y auténtica fuerza política que combate al correísmo.
Se trata de una estrategia que se visualiza en varios factores y cuya cronología no es muy difícil de identificar. El 28 de agosto, después de que José Serrano fue trasladado a la Cárcel del Encuentro, Noboa no se limitó a anunciar el traslado. Lo presentó como la llegada de un “ministro del Interior de Correa” y añadió, dirigiéndose directamente al expresidente: “Ya mismo te toca a ti”.
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El 11 de septiembre, John Reimberg llevó el mensaje un paso más lejos: dijo que en la Cárcel del Encuentro había una cama para Correa y que era “cuestión de tiempo” para que quienes, según él, habían causado la crisis de seguridad respondieran ante la justicia.
Y el 30 de septiembre, justamente en el aniversario del 30S, José Julio Neira publicó un video de más de seis minutos en el que conectó a José Serrano con el episodio del 30S y con otros hechos del período correísta, para terminar hablando de los prófugos y de que sus “días de lujo y rabietas” estaban por terminar.
El Gobierno desplaza el debate de lo importante
¿Por qué, entonces, este operativo precisamente cuando se acercan las elecciones? Las posibilidades son varias y ninguna es necesariamente excluyente de las otras.
Una de ellas es que, frente a las críticas y frustraciones del electorado, el Gobierno quiere colocar a los votantes ante una disyuntiva que le haga olvidar el presente para que vuelva al pasado. La idea es desplazar la discusión desde cuestiones sobre las cuales el Gobierno puede ser evaluado (economía, empleo, seguridad, servicios públicos, déficit, energía, medicinas) hacia otro terreno más relacionado con el pasado.
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El Gobierno quiere, entonces, desplazar la pregunta ‘¿Cómo está gobernando Noboa?’ a ‘¿Queremos que vuelva el correísmo?’. En otras palabras, mientras la oposición quiere que estas elecciones sean un juicio sobre Noboa, el Gobierno hace lo necesario para que se conviertan en un juicio sobre Rafael Correa.
La strategia busca blindar a Noboa de las comparaciones con Correa
Otra estrategia es aniquilar, en redes sociales y en la opinión pública, cualquier posibilidad de que se equipare a Correa con Noboa, cosa que ha estado ocurriendo, en especial, desde hace un par de semanas. Al Gobierno no le resulta cómodo el tema que se ha instalado en redes sociales, que sin duda son un reflejo de la opinión pública: que Noboa es igual o peor que Correa porque ha demostrado ser autoritario (persigue a los medios y a los potenciales adversarios electorales), con el agravante de que ha fracasado a la hora de solucionar los grandes problemas de la sociedad, como el déficit de medicinas o de energía eléctrica.
¿Cómo desterrar de la conversación esa equivalencia entre Correa y Noboa? Sencillo: atacar a Correa nuevamente y a todo lo que representa. Lo del anuncio (figurado, claro) de que hay una cama lista en la Cárcel del Encuentro para Correa y el video de Neira sobre el 30S y José Serrano son ejemplos de un esfuerzo por conseguir que no se compare a Noboa con Correa, cuando existe el temor de que a los candidatos correístas les pueda ir bien en las elecciones.
No hay que perder de vista que esta equiparación de Noboa con Correa, que ha aparecido recientemente en la conversación nacional, tiene un enorme potencial electoral para la oposición, porque ataca uno de los activos políticos fundamentales con los que Noboa llegó al poder: precisamente la promesa de evitar el retorno del correísmo.
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Noboa, antes de llegar al Gobierno e incluso antes de sus campañas electorales, es decir cuando era asambleísta de Santa Elena o incluso antes, cuando era un ciudadano cualquiera, jamás se mostró como un anticorreísta. Todo lo contrario: mantuvo silencio ante los atropellos del correísmo. Entonces, cuando empieza a circular una idea como ‘nos prometieron que Noboa evitaría el autoritarismo y ahora Noboa se parece a Correa’, se amenaza una parte importante de la justificación política del noboísmo.
Miedo al pasado y promesas de futuro
Noboa necesita que la identidad política siga siendo que él no es igual a Correa. Por eso, la respuesta ‘Noboa no es Correa’ tiene una función política mucho más profunda que una simple discusión histórica. Es un mecanismo de defensa identitaria.
Por eso, cuando comenzó a instalarse en redes y en sectores de opinión la idea de que Noboa podía estar convirtiéndose en una versión de Correa, desde el entorno oficialista, que incluye las cuentas de redes sociales empáticas con el Gobierno, apareció con fuerza la contranarrativa de que Noboa no es Correa.
Aquí se puede incluir el anuncio de Noboa de que aumentará de 150.000 a 700.000 los beneficiarios del programa Jóvenes en Acción. Puede ser que la decisión no tenga ni un solo asidero presupuestario, pero cumple una función complementaria a la de la campaña anticorreísta: es una fórmula políticamente rentable que recuerda a los electores aquello de lo que deben tener miedo del pasado y, al mismo tiempo, les muestra aquello que pueden esperar.
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El pasado funciona como amenaza y el futuro como promesa. En otras palabras, volver al pasado para revivir el fantasma de Correa y abrir, al mismo tiempo, una ventana al futuro: miedo a lo que puede volver y promesa de lo que está por venir.
El Gobierno mira simultáneamente por el retrovisor y por el parabrisas: en el retrovisor, Correa; por el parabrisas, 800 dólares para 700.000 jóvenes.