Espaldarazo de Reimberg a Hurtado
El expresidente habló del uso político de la Fiscalía; el ministro, con sus declaraciones, terminó reforzando esa percepción

El ministro del Interior, John Reimberg, fue cuestionado por la opinión pública por atribuir que la activista, Monika Silva, perdió la vida por un supuesto suicidio.
Si los asambleístas del Gobierno salieron a atacar a Osvaldo Hurtado amplificando sus denuncias sobre el autoritarismo, el ministro del Interior, John Reimberg, apareció para confirmar todo.
El ministro no salió a decir, literalmente, que Hurtado tiene razón, pero se la dio de una forma contundente: con hechos. Si Hurtado planteó la tesis de que el Gobierno ha colonizado a los poderes del Estado mediante amenazas, Reimberg terminó por confirmarla.
¿Cómo? El ministro declaró que, si los jueces de la Corte Nacional de Justicia no se enderezan, irán presos. Lo hizo cuando la Fiscalía había allanado, casi al mismo tiempo, el domicilio de al menos un juez de la Corte Nacional para investigar un presunto delito de cohecho sobre el que, según la propia Fiscalía, existen evidencias.
Es cierto que nadie puede poner las manos al fuego por ningún juez del más alto organismo de justicia del país. Pero lo dicho por el ministro termina reforzando lo que Hurtado sostiene: que la Fiscalía se ha convertido en una herramienta de presión política en manos de Carondelet.
El efecto político de las palabras de Reimberg
La intervención de Reimberg alimenta esa percepción. Cuando un ministro del Ejecutivo afirma públicamente que los jueces “o se enderezan y se corrigen o van presos”, proyecta la imagen de que existe una relación entre la conducta que espera el Gobierno de los magistrados y la actuación de la Fiscalía. Reimberg es ministro del Interior y forma parte del Poder Ejecutivo. Por lo tanto, no puede, o no debería, hablar en nombre de la Fiscalía. Pero lo hace. Que existan indicios de que un juez cometió un delito corresponde exclusivamente a la Fiscalía y debería tramitarse con absoluta independencia del Ejecutivo. Más aún: el ministro ni siquiera debería emitir opiniones que puedan interpretarse como presión sobre jueces que podrían terminar conociendo causas relacionadas con el Gobierno.
Es precisamente ahí donde Hurtado recibe el espaldarazo de Reimberg. El expresidente habló del uso político de la Fiscalía; el ministro, con sus declaraciones, terminó reforzando esa percepción.
Los asambleístas del Gobierno deberían estar indignados con su ministro. Salieron a atacar a Hurtado y, aunque lo hicieron de manera torpe, al menos intentaron desmontar la tesis del expresidente. Y entonces aparece Reimberg para hacer exactamente lo contrario: darle la razón.