Yankiguayo, el gringo que el indómito Chaco de Paraguay sedujo
El documentalista Nathan Seastrand está dejando testimonio del exótico Chaco paraguayo y la cultura de este país que recorre y ama como propio

Nathan, actualmente de 30 años, llegó a Paraguay por primera vez cuando tenía 18. Actualmente vive en el país sudamericano. Su esposa es paraguaya y tienen ya un pequeño.
A diferencia de la Amazonía, exuberante y súper húmeda, el Gran Chaco, en el centro-sur de Sudamérica, es un bosque semiárido, cuya superficie de más de un millón de kilómetros cuadrados se extiende por Bolivia, Argentina, Paraguay y Brasil. Allí toda la vida pareciera estar diseñada para picar, morder, herir, atrapar y hacer daño.
El explorador y etnógrafo sueco Erland Nordenskiold lo describió como “un infierno verde”. Mientras que el paraguayo Luis Verón escribió que “muchos de los que intentaron conocer los secretos del Chaco boreal terminaron sus días vencidos por la sed, el hambre, las enfermedades o devorados por las fieras”.
Hay una violencia implícita en este contrato llamado vida que es ineludible, y que en el Chaco paraguayo se evidencia con crudeza inusitada. El último lugar del mundo al que quisiera ir un citadino acostumbrado a las aparentes comodidades urbanas. Mucho menos alguien que viene del llamado primer mundo.
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Sin embargo, fue el entorno que enamoró al documentalista estadounidense Nathan Seastrand, conocido como Yankiguayo en redes, donde sube contenido acerca de su vida en Paraguay y los entornos naturales de un país que es “una incógnita, un enigma, hasta el punto de que parece un lugar mágico inventado por los novelistas”, según palabras que se le atribuyen al periodista asunceño Augusto Roa Bastos, y que Nathan siempre tiene presentes.
Nathan conoció Paraguay en 2014 cuando era misionero mormón y quedó cautivado. Después de ese primer contacto regresó a Estados Unidos, pero empezó a visitar el país latinoamericano con frecuencia, hasta que finalmente decidió radicarse allí y volverse un paraguayo más, como lo certifica su cédula de identidad civil, que obtuvo en marzo último.
SEMANA conversó con él sobre su experiencia recorriendo el Chaco paraguayo y otros lugares exóticos del país, donde ha recopilado material para sus documentales, ‘En busca de miel’ (2024) y ‘Paradise Lost’ (2025), y un nuevo filme en el que esta trabajando.
Lo que más me gusta de su trabajo sobre Paraguay es el respeto que tiene por el territorio y por sus habitantes.
En eso tiene mucho que ver cómo yo conocí el país. Mis primeros encuentros con lo que es Paraguay fueron de las formas más sencillas, conociendo a la gente en la calle, practicando mi español y guaraní, intentando entender la cultura.
A veces los documentalistas que vienen de Estados Unidos o Europa tienen una mirada de superioridad, lastima o burla hacia América Latina.
Ya no pertenezco a la Iglesia mormona, pero aprendí buenos valores con ellos. Yo creo que de ahí parte mi perspectiva de estar en el mismo nivel con todos. Estoy en Paraguay compartiendo lo que me parece interesante con la misma gente de acá. Mi señora (esposa) es paraguaya, mi hijo es paraguayo. El futuro de Paraguay es algo muy importante para mí, obviamente. La cultura de Paraguay tiene para mí tanto valor.
¿En algún momento de sus viajes sintió que su vida estuvo realmente en peligro?
El Chaco es una de las tierras más hostiles en todo el mundo. Yo conozco la Amazonía y muchos otros lugares, pero el Chaco es muy difícil, muy seco y espinoso. Mucha gente se ha perdido y muerto allí.
El Chaco no perdona a nadie y hay que estar preparado para todo.
Siempre hay que tener mucha preparación. Llevar a un indígena ayoreo, esa es la clave. Ellos tienen un GPS interno, que nosotros no tenemos porque no crecimos en ese lugar. Nos hemos cruzado cara a cara con yaguaretés en la noche. Hemos tenido problemas donde nos trancamos en el medio de la nada sin saber cómo íbamos a salir del lugar. Pero somos personas inteligentes. Vamos con mucha preparación. Con el Chaco no se jode.
Las tribus ancestrales, como los ayoreos, suelen ser vistas como culturas atrasadas, pero tienen un gran conocimiento que usted está ayudando a difundir.
El padre Zanardini me decía que la cultura no es estática, no es justo esperar que un pueblo siga de la misma forma siempre. Es una batalla entre la nostalgia por la historia y también los derechos para promover el futuro. La cultura va a ser diferente en el futuro y claro que era diferente en el pasado, pero podemos tener un recuerdo de lo que es ahora mismo. Y me siento un privilegiado de poder hacerlo con nuestros documentales.
Muchas tribus que se mantienen en aislamiento lo hacen por decisión propia, como una forma de protección contra toda la violencia y voracidad del ‘mundo civilizado’.
No sabría todavía cómo responder esto. El mundo no es blanco y negro. No puedo decir que un lado es mejor que el otro. Estamos en el medio. Veo el valor del pasado y veo la necesidad del mundo moderno. El Chaco es un lugar perfecto para ver los dos lados. Así es Paraguay, en realidad. Asunción es muy moderno, pero si vas unas 10 horas al norte en el Chaco, te cruzas con yaguaretés, con montes enormes que nunca nadie exploró. Y posiblemente con indígenas que nunca han tenido contacto con la civilización moderna.
Sus compañeros de aventura
En sus travesías y filmaciones, Nathan siempre cuenta con el respaldo de su hermano Zacharias, quien vive en Nicaragua y es el camarógrafo, guionista y director de sus documentales.
Específicamente para ‘Paradise Lost’, los acompañaron los húngaros Tom Kalmar y Bence Zakonyi, con quienes atravesaron las aguas del río Paraguay a bordo del barco Danubio.

Nathan con el húngaro Bence Zakonyi, quien lo ha acompañado en sus travesías.
“Tom y Bence vivían desde hace mucho tiempo en Paraguay. Bence trabajaba para National Geographic, tiene experiencia en el mundo de documentales y de producción de cine. Justamente estaba buscando alguien con quien trabajar para realizar esta clase de películas y nos contactamos por redes”.
Por su parte, “Tom es un marinero que puede manejar cualquier clase de embarcación. Como muchos de nuestros proyectos tienen que ver con agua y barcos, ahí entra Tom”, gracias a quien pudieron sortear las pirañas devoradoras de personas, caimanes y dunas de arena en perpetuo movimiento del siempre impredecible río Paraguay.
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El legado del padre Zanardini
Cuando Nathan empezó a interesarse por las comunidades indígenas y las culturas nativas de Paraguay, conoció la obra del sacerdote italiano José Zanardini, fallecido en enero de este año, cuyos libros fueron una gran fuente de inspiración e información.
Él lo describe como “el Indiana Jones de Paraguay, vivía con los ayoreos”. Nathan tuvo la oportunidad de entrevistarlo, testimonios que aparecen en su documental ‘En busca de miel’.
Además, Zanardini fue una guía importante en la elaboración de su otro documental ‘Paradise Lost’, pues una parte clave de esa historia viene de sus conocimientos de las misiones católicas en el Chaco.

El sacerdote italiano José Zanardini (+), quien fue un gran conocedor de la cultura e historia de Paraguay, junto a Nathan.