Una semana, tres actos cuestionados, una misma pena: el fútbol ecuatoriano
Opinión:El Aucas vs Liga de Quito, la eliminación de Barcelona en Copa Ecuador y el misterio de la llamada a Aragón demuestran el deterioro del fútbol

Liga de Portoviejo reclamó ante FEF la inclusión indebida de Erick Mendoza en Barcelona SC.
Aucas y Liga de Quito juegan este domingo 16 de agosto, a las 19:00, en el estadio Gonzalo Pozo. La programación de este partido parece decirle al hincha que se quede en casa, que mire el fútbol por televisión y que no se exponga al frío, a la falta de transporte ni a la inseguridad.
Razones válidas para ubicar un partido que durante 81 años se jugó siempre domingo, al mediodía, sábado en la tarde-noche o en cualquier otra circunstancia más favorable deben existir. Sin embargo, ninguna parece poner ahora como prioridad al aficionado, aquel que convirtió al fútbol en un deporte popular cuando encontró una diversión asequible en los graderíos.
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Al hincha del fútbol ecuatoriano hay que devolverlo al estadio, no convertirlo únicamente en cliente de una plataforma de televisión. Al menos así lo entiende Miguel Ángel Loor, dedicado desde sus redes sociales a promocionar los planes para ver los partidos con un fervor e interés que hacen cuestionarse si es el presidente de la Liga Profesional de Fútbol del Ecuador o un vendedor de esa empresa.
¿Y si Loor pusiera el mismo interés y el mismo ñeque en averiguar por qué la gente abandona los estadios? No digo que haga algo para revertir la indiferencia popular, porque queda claro que no le interesa o que, en el mejor de los casos, terminará derivando el tema a otros. Solo insinúo que se lo plantee como una duda válida.
El chiste del ‘telefonazo’

Augusto Aragón fue el árbitro que dirigió el partido entre Barcelona SC y Macará.
Recientemente, Barcelona, el club más popular del país, vendió poco más de 5.000 boletos para su último partido contra Macará. La cifra deja una muestra evidente de que buena parte de la gente está divorciada del equipo, sin motivaciones suficientes para acudir al estadio Monumental, más aún con el año local e internacional prácticamente perdido.
El 'baile' que le puso Macará fue el detonante para que, incluso entre los pocos hinchas que estaban en el estadio, alguien encendiera el fuego de la violencia. Si bien los incidentes del sábado pasado, por ahora, han sido sancionados con justicia, siempre estará la apelación ante el tribunal de la Cámara de Comercio de Guayaquil para aplicar benevolencia y favorecer a los clubes que nada hacen por garantizar la seguridad en sus estadios.
En medio de la amenaza y con el partido suspendido, el árbitro FIFA Augusto Aragón fue el más confundido de todos e hizo lo absurdo: atender un teléfono en el campo de juego. Las reglas básicas del fútbol dejan claro que el juez no puede hacer eso. ¿Quién era tan importante como para omitir la norma y escuchar lo que decía?
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Según el portal Primicias, fue un funcionario de LigaPro quien interfirió. Pero antes de que este medio revelara el hecho, Loor se dio por aludido y empezó una jornada dominguera de desafortunadas intervenciones desde su trinchera: X, antes Twitter.
Primero, con una ironía de dudoso gusto, dijo ser él quien había llamado. Luego, supuestamente en serio, negó y se pasó por encima de la reglamentación mínima —la de no usar otros artefactos electrónicos en la cancha que no sean los permitidos— y explicó que todo tenía que ver con protocolos de seguridad y demás.
Después, entre falacias ad hominem y lecciones de periodismo que suenan más a advertencia, cerró el día sin decir quién llamó ni para qué.
El primer responsable de esto es Aragón, cuya calificación debería castigar su desconocimiento y falta de personalidad. Pero el poder también tiene que hacerse cargo de cómo normaliza omitir las formas más mínimas.
Lo cierto es que nadie desmintió a Primicias y, después de ese telefonazo, Aragón hizo jugar los dos minutos que faltaban tras más de 20 de suspensión.
Barcelona y un papelón que resume su temporada

Erick Mendoza defendiendo los colores de Delfín SC antes de su llegada a Barcelona SC.
En el partido de Copa Ecuador frente a Liga de Portoviejo, Barcelona hizo actuar a Erick Mendoza sin ser elegible. Mendoza ya había participado en el torneo con la camiseta del Delfín de Manta.
El espíritu de la norma que incumplió el club guayaquileño establece que un futbolista no podrá jugar por dos equipos dentro de una determinada fracción del torneo.
La violación de la normativa fue elocuente y, bajo ese criterio, procedió correctamente la Comisión Disciplinaria de la Federación Ecuatoriana de Fútbol al sancionar a Barcelona con la derrota 0-3 que establece el reglamento y, en consecuencia, la eliminación de la Copa Ecuador.
Barcelona terminó eliminado de la Copa Ecuador por alinear a un jugador impedido de actuar.
Los giros jurídicos y resquicios de toda especie utilizados para tapar el vergonzoso error de Barcelona fueron alucinantes por lo torpes y mal planteados, pero finalmente no sirvieron para evitar un papelón histórico, consecuencia palpable de la deficiente institucionalidad del club y de la incapacidad de quienes lo conducen.
Y es que todo el desastre que ha sido Barcelona en 2026 quedó resumido en acabar eliminado de un torneo por alinear a un jugador impedido de actuar. Una mancha más.
César Farías, Antonio Álvarez y la responsabilidad en Barcelona
A eso se suma que, mientras Barcelona hacía piruetas jurídicas para salir bien librado en la FEF, César Farías se fue y, horas después, el país se enteró de que era un sátrapa, más malo que Diosdado Cabello y Hugo Chávez juntos, agresivo con sus dirigidos, alguno de los cuales hasta sufrió su violencia física.
La misma prensa que celebró la llegada del venezolano, aun con sus antecedentes conflictivos, es la que dio todos estos detalles. Esa misma prensa que blindó a Antonio Álvarez, quien ya no es presidente y de quien bien cabría plantearse si debió haberlo sido.
Pero ¿cuál era su juego? Muy claro: vender el discurso de que Farías era el culpable del desastre que es Barcelona; no Álvarez; no los directivos que se quedaron en el club sostenidos de la última liana del árbol.
Una semana, tres actos y una misma pena: nuestro fútbol.