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Diario Expreso Ecuador

Análisis

El correísmo se arriesga al ir a las urnas con el 'fantasma' del alcalde ausente

La Revolución Ciudadana apuesta de nuevo por un voto endosado. Sin primarias ni partido propio, la organización arriesga perder la Alcaldía de Guayaquil

Rafael Correa, por fidelidad, dejó que Aquiles Álvarez decida quién va a la Alcaldía por su partido.

Rafael Correa, por fidelidad, dejó que Aquiles Álvarez decida quién va a la Alcaldía por su partido.Ilustración referencial

Carlos Isaac Pino
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“Que sea el candidato que Aquiles diga” fue la orden del líder del correísmo. 

Así sepultó cualquier primaria en una Revolución Ciudadana que ya sorteaba nombres como el de Juan Pablo Molina. Esta lealtad de Rafael Correa hacia Álvarez (quizás por sí haber radicalizado su discurso contra el Gobierno, a diferencia de otros militantes, y haber sufrido por ello, o por simples cuotas políticas) podría anticipar una derrota inevitable para la RC.

La caída del correísmo en Guayas

Principalmente, por lo mermado que está su capital político. En Guayas perdió el poder tras distanciarse de la exprefecta Aguiñaga, que poco abanderó sus obras con su partido. Y luego en el Consejo provincial (alcaldías correístas incluidas), que posicionó de forma unánime a Carlos Encalada, señalado de ser cuota del Gobierno. 

Haber ganado la Prefectura en 2023 de nada sirvió.

La prefecta Marcela Aguiñaga tomó juramento a Carlos Encalada, como viceprefecto de Guayas, tras la renuncia de Carlos Serrano en abril.

La prefecta Marcela Aguiñaga tomó juramento a Carlos Encalada, como viceprefecto de Guayas, tras la renuncia de Carlos Serrano en abril.FRANCISCO FLORES / EXPRESO

Aquiles también quería emanciparse del correísmo

En la Alcaldía de Guayaquil ocurrió algo similar. Álvarez llegó apadrinado por Correa y rompió la hegemonía socialcristiana. Sin embargo, ya sentado en el sillón de Olmedo, buscó despegarse de esa sombra varias veces.

Fernando Alvarado, Raúl Chávez, Rafael Correa y Aquiles Álvarez, durante la campaña electoral del 2023.

Fernando Alvarado, Raúl Chávez, Rafael Correa y Aquiles Álvarez, durante la campaña electoral del 2023.Tomado de redes sociales

Cuando surgió el relato de la tinta mágica en 2025, Aquiles reconoció rápido la derrota y no se sumó al griterío del fraude. Eso le causó fricciones con la militancia correísta, pero se apaciguó por lo político. Los desacuerdos se hicieron públicas luego, cuando Correa se burló públicamente de Ramiro García, abogado de Álvarez en el caso Triple A.

Pero la decisión que peor envejeció fue cambiar de vicealcaldesa a mitad de periodo. Tatiana Coronel asumió tras migrar de la RC a RETO, marcando la emancipación definitiva de Álvarez y sus coidearios (con Raúl Chávez presidiendo ese partido). Reemplazaron a Blanca López, de extrema fidelidad correísta, solo para asegurar el control total del Municipio ante una eventual sucesión forzada, hecho que se concretó con la detención del alcalde en febrero.

De izquierda a derecha, la concejal Nelly Pullas; la vicealcaldesa saliente, Blanca López; el alcalde Aquiles Álvarez, y la nueva vicealcaldesa, Tatiana Coronel. 15 de mayo de 2025.

De izquierda a derecha, la concejal Nelly Pullas; la vicealcaldesa saliente, Blanca López; el alcalde Aquiles Álvarez, y la nueva vicealcaldesa, Tatiana Coronel. 15 de mayo de 2025.API

Tatiana Coronel se volvió tibia

En la cúspide de las tensiones con el Ejecutivo, Coronel dijo en la subrogancia: “Prefiero morirme antes que tranzar con estos nefastos”

Sin embargo, entre rumores de pactos, silenció sus críticas a Daniel Noboa y su defensa férrea a Álvarez. Reaccionó dócil ante el allanamiento a Segura EP y, meses después, se enemistó con Fernando Cornejo, ex mano derecha del alcalde, quien también abandonó el barco ante la presión judicial.

No sostuvo el discurso de resistencia. Hizo cambios claves en el Municipio, alejando al círculo del alcalde electo, y se ausentó de las manifestaciones que exigen la libertad de quien hoy está recluido en la Cárcel del Encuentro.

Álvarez sigue siendo alcalde, pero no está

Irónicamente, terminó siendo el correísmo el que cerró filas para sostenerlo en el poder ante los pedidos de revocatoria. “Ya era suficientemente injusto que estuviera preso como para además quitarle la Alcaldía”, alegó su defensa, y así no perdió el cargo.

El problema es que la voz de Aquiles desapareció del debate público. Aunque muchos sostengan, cual feligreses, que su espíritu permanece en la gestión, lo real es que su única línea de comunicación son sus abogados, con acceso también limitado para hablar con él.

Su presencia se ha reducido a letreros pidiendo su libertad en cada mitin, o pancartas en sesiones de Concejo que poco inciden en la realidad, casi irreversible, de su proceso judicial. Y si se pregunta al ciudadano de a pie por su alcalde, con el agregado de injusticia o no, reconocerá que ya lleva medio año sin estar.

El alcalde de Guayaquil, Aquiles Álvarez, se encuentra recluido en Santa Elena.

El alcalde de Guayaquil, Aquiles Álvarez, se encuentra recluido en Santa Elena.EXPRESO

Y allí radica el error del correísmo: renunciar a un candidato propio, capaz de elevar propuestas nuevas bajo el respaldo de sus bases (incluso sin ignorar lo ya logrado), o por una alianza ideológica, como sí hizo en Quito, para apostar por alguien que funja de emisario de un recluso. A la distancia poco se hace, aunque Correa sea necio en esa idea.

¿Proyecto ciudad, o protesta de libertad?

Porque los nombres que hoy se barajan dentro del ‘aquilismo’ desde ya declaran su intención de poner el clamor por la libertad de Álvarez a la par de un proyecto de ciudad. Equipararlos resta importancia a lo que le interesa al electorado, que (como lo ha expresado incluso en las páginas de este Diario) necesita un liderazgo enfocado, capaz de poner a Guayaquil por encima de cualquier disputa particular.

No debe ignorar el correísmo que ya hila derrotas consecutivas con esta maniobra de endoso (2023 y 2025). Hoy la apuesta es más frágil, al ser una seccional: sin partido propio, dependen de colores prestados de organizaciones que no comparten su historia ni su suerte. La bandera de Álvarez corre el riesgo de Lula con Haddad o Zelaya con Castro.

Por eso, ninguna de las opciones que hoy suenan tiene un camino fácil al sillón de Olmedo, mucho menos si tendrá la cabeza ofuscada en la vulnerabilidad de su propia familia. Eso no es continuidad, es confrontación. Es la mayor advertencia sobre el poder personalista: el vínculo político con la gente no se hereda mediante endosos ni asesorías, se construye candidato por candidato. De lo contrario, que se atengan al fracaso.

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