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Diario Expreso Ecuador

Tras diez años del terremoto del 2026, Tarqui aún pelea por resurgir

La otrora zona comercial de Manta se apagó y la actividad se dispersó en el resto de la ciudad. El terremoto del 16 de abril del 2016 cambió su dinámica

1. Abandono. Una de las infraestructuras que aún se mantiene en pie tras el sismo.

1. Abandono. Una de las infraestructuras que aún se mantiene en pie tras el sismo.Foto: Alejandro Giler/ EXPRESO

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Lo que debes saber

  • A 10 años del terremoto 2016, la zona cero de Tarqui, en Manta, sigue sin reconstrucción integral.
  • De 35 hoteles en Tarqui antes del sismo, hoy operan 17 por dispersión comercial post terremoto.
  • Autoridades prometieron reactivación, pero 10 años después la zona cero mantiene edificios abandonados y un gran terreno vacío.

En Manta, el tiempo parece haberse detenido en algunos rincones de Tarqui. A una década del terremoto del 16 de abril de 2016, la llamada “zona cero” del sismo no solo carga con estructuras a medio caer, sino con una herida abierta que aún no termina de cicatrizar.

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Donde antes latía el corazón comercial de la ciudad, hoy sobreviven edificios vacíos, otros ocupados de manera informal y calles que ya no tienen el mismo pulso. 

El cambio radical en Tarqui

Tarqui fue, durante años, el eje económico de Manta: hoteles, comercio, empresas pesqueras y una intensa vida urbana que reunía a propios y visitantes. Era, como recuerdan sus habitantes, el punto donde todo confluía.

José Julio Barrezueta, un tarquense y empresario que vio caer su hotel en aquella época, lo resume con claridad: Tarqui movía todo. Aquí estaba la zona hotelera principal, el comercio más dinámico, el flujo constante de una ciudad que giraba en torno a este sector. Pero el terremoto no solo derrumbó estructuras, también fragmentó esa centralidad.

Tras el desastre, la vida comercial se dispersó. Muchos propietarios optaron por trasladarse a sus barrios, donde levantaron pequeños negocios en la planta baja de sus viviendas. Así, lo que antes estaba concentrado en Tarqui se multiplicó en distintos puntos de la ciudad. El resultado fue una reconfiguración urbana que, si bien dinamizó otros sectores, dejó al antiguo corazón en abandono.

Los números reflejan esa caída. De aproximadamente 35 hoteles que operaban en la zona, hoy quedan apenas 17. Los nombres que marcaron época -como Las Rocas, Las Gaviotas o el Panorama- desaparecieron o nunca volvieron a levantarse. En su lugar, sobreviven edificaciones improvisadas que difícilmente conservan el estándar de lo que alguna vez fue la oferta hotelera del sector.

La promesa de la reconstrucción 

La reconstrucción, según los testimonios, nunca llegó de forma integral. Barrezueta sostiene que sí hubo apoyo para remover escombros, pero no para reconstruir lo que se perdió, y que los créditos ofrecidos resultaron insuficientes frente a la magnitud de la tragedia. Reconstruir un edificio con montos limitados y bajo condiciones poco accesibles dejó a muchos fuera del proceso.

En medio de ese escenario, algunos decidieron quedarse, reinvertir, reconstruir por partes, adaptarse. Levantar nuevamente paredes donde antes hubo ruinas. Apostar por seguir, incluso cuando el entorno no acompañaba. No todos podían trasladar su actividad; un hotel, como bien se señala, no se puede mover de lugar.

En ese intento por no desaparecer, el caso de Barrezueta refleja la dimensión del esfuerzo. Tras perder parte de su infraestructura, decidió reconstruir y levantar dos pisos para poder continuar con su actividad hotelera. No fue un proceso inmediato ni sencillo: tomó tiempo, sacrificio, endeudamiento y una apuesta constante por mantenerse en pie en una zona que ya no tenía el mismo movimiento. Cada pared levantada fue también una forma de resistencia frente al abandono.

Pero Tarqui no solo enfrenta el peso del pasado. También convive con nuevas dinámicas que evidencian su deterioro. En algunos edificios, aún con escombros acumulados y profundas rasgaduras en sus paredes, se observan personas extranjeras asomándose desde las ventanas. 

Nostalgia. Uno de los habitantes camina por el sector que antes era punto comercial.

Nostalgia. Uno de los habitantes camina por el sector que antes era punto comercial.Foto: Alejandro Giler/ EXPRESO

El movimiento de Tarqui desapareció

Son espacios que hoy sirven de refugio improvisado: algunos ocupados de manera informal, otros alquilados por sus propietarios, quienes, ante la falta de movimiento y dinamismo en la zona, optan por obtener ingresos mínimos cediendo estos inmuebles. En varios casos, se trata de personas en condición de calle que han encontrado en estas estructuras deterioradas un lugar donde permanecer.

A la par, ciertas esquinas de Tarqui han sido tomadas por trabajadoras sexuales que buscan clientes en medio de un entorno venido a menos. A estos los conducen hacia vetustos hostales que aún se mantienen en pie, resistiendo más por inercia que por actividad económica, en una zona donde el flujo de visitantes ya no es el de antes.

Un terreno baldío donde había proyectos

A Tarqui incluso se le prometió un mercado como parte de su reactivación. Sin embargo, ese proyecto nunca se concretó. Hoy, en medio de la denominada zona cero, permanece un espacio gigantesco sin ocupar: un terreno vacío que se extiende como una cicatriz urbana, convertido en el reflejo más evidente de un hueco profundo del olvido.

Plutarco Bowen, vinculado al sector hotelero y a la historia reciente del lugar, habla desde la nostalgia. Tarqui, dice, se puso de rodillas ante el sismo. Se perdieron vidas, amistades, una forma de vivir la ciudad. Sin embargo, insiste en que la resiliencia recae en quienes permanecen, en los hijos de Manta que se niegan a dejar morir su historia.

Recuerda que Tarqui siempre fue tierra de migrantes. Ese mismo empuje, asegura, es el que hoy intenta sostener lo que queda en pie. Pero también reconoce que faltaron políticas claras y una hoja de ruta que orientara la reconstrucción.

Diez años después, la sensación es clara: Tarqui resiste, pero no ha vuelto a ser lo que fue. Entre la nostalgia, el esfuerzo privado y la ausencia de una intervención estructural, la zona cero de Manta sigue esperando algo más que el paso del tiempo. Sigue esperando una oportunidad real de volver a latir.

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